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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Consejos básicos para ser un mal jefe

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Ser un mal jefe no es sencillo. Es más sencillo ser un jefe regularcillo. Porque hay que ser muy bueno para ser malo. Quien aspira a ser verdaderamente un mal jefe tiene que entrenar, debe ser perseverante y tener claros los objetivos todos los días. Hoy te voy a dar tres consejos básicos para ser un mal jefe. Hay gran cantidad de cosas que uno tiene que hacer para ser un mal jefe, pero en mi opinión si uno domina la base, el resto de detalles de maldad saldrán casi sin pensar. Aunque repito, lo fundamental es que practiques y practiques todos los días, hasta automatizar aquellos comportamientos que al inicio te pueden resultar un poco forzados. Y no desesperes, llegará un momento en que tus conductas serán tan naturales que ni siquiera recordarás haberte comportado de otra manera en el pasado. Vamos allá:

 

Primer consejo: Tus subordinados te deben importar un pimiento. Y hacer esto es más sencillo de lo que parece, lo realmente difícil es ser constante. Lo primero: debes evitar preguntarles por lo que piensan o hacen. No confundas a tus subordinados, las preguntas suelen interpretarse como muestras de interés. Si haces una pregunta a alguien, que se note que es para evaluarle, pillarle y abroncarle, no porque te interese lo más mínimo su opinión. Lo segundo: no caigas en el error de escuchar a un subordinado cuando hable contigo, simplemente ignórale. Por ejemplo, si alguien va a tu despacho ponte inmediatamente a hacer algo. Estar sentado delante de la pantalla del ordenador siempre ayuda en esos momentos, mira al monitor, pon cara de estar leyendo algo importante y no levantes la vista (da igual que el ordenador esté apagado). Con un par de minutos bastará para que se vaya. Y no te dejes engañar por esos gurús que dicen que la confianza, la preocupación por los demás y el interés por otras personas son emociones humanas importantes; la ira, el odio y la frustración también son humanas y no se les da tanto bombo.

 

Segundo consejo: Promete continuamente a tus subordinados cosas que no que vas a hacer. Cuantas más prometas, mejor. Pero no se te ocurra después hacer algo de lo que dijiste, ni siquiera algo remotamente parecido. No cometas el error de que crean que pueden confiar en ti y en tu palabra. Si piensas que te va a ser difícil cumplir con este consejo porque a veces (y sin querer) has cumplido con lo que has dicho, haz lo siguiente: cuando prometas algo, al día siguiente promete que vas a hacer justamente lo contrario. De esta manera hagas lo que hagas tus subordinados nunca podrán confiar en lo que dices. Esa sensación de inseguridad y de incertidumbre que te echarán en cara es precisamente la que estamos buscando. Así que si les notas que pierden la paciencia, la tranquilidad de ánimo y están al borde de la desesperación es que lo estás bordando, sigue así.

 

Tercer consejo: Aplaza tus decisiones el máximo tiempo posible y si puedes no tomes ninguna decisión. Es cierto que gran parte de tu trabajo consiste en tomar decisiones, incluso puede ser la parte más importante, por eso es importante que te esfuerces para cumplir con este consejo. Lo más probable es que tu equipo al principio se resienta y se queje porque paralizas gran cantidad de su trabajo. Bien, ese es el objetivo. Pero no piensas que está todo hecho, en absoluto, debes perseverar en tu bloqueo. Antes o después llegarán a la conclusión de que deben tomar ellos mismos las decisiones sin consultarte. En ese momento es cuando les tendrás exactamente donde querías: ahora podrás culparles de todos los errores, ya que fueron ellos los que tomaron esas decisiones sin consultarte. (No te olvides de humillarles cuando les eches la bronca y si es en público, mejor).

 

Si después de leer estos consejos te das cuenta de que pones en práctica sólo algunos y de manera esporádica, tienes que tomar una decisión. Porque uno ha de ser excelente en aquello que hace, así que decide si vas a ser un excelente mal jefe o no. Decídete y ponte manos a la obra. No seas uno de esos jefecillos mediocres que en ocasiones actúa mal y otras bien dependiendo de cómo se levanten de la cama ese día y sin coherencia de ningún tipo. Eso no tiene ningún mérito. Lo que hagas hazlo bien. ¡Que para eso eres un profesional!

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