Cómo conseguir que las personas se formen durante toda la vida
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Cómo conseguir que las personas se formen durante toda la vida

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El blog de Raúl García en Tribuna de Valladolid.

La semana pasada escribía sobre la importancia de preparar, durante toda nuestra vida, nuestra reinvención como profesionales. Nuestras reinvenciones, para ser más exacto, porque tal y como están las cosas ahí fuera, lo normal es que nos tengamos que reinventar varias veces. Y precisamente para lograr esa reinvención muchas personas acuden a la formación, pero no a la formación convencional, la reglada, la formal; sino a la formación no reglada, la informal, la que cuando la terminas no te dan un título (que también es formación, por supuesto). Y esto lo hacen muchas personas porque ahora es más necesario que nunca, el aprendizaje durante toda la vida (el llamado por los anglosajones el LLL o el Life Long Learning).

 

Recuerdo que mi padre aprendió francés gracias los antiguos casetes. Escuchaba una frase, la repetía, rebobinaba la casete, volvía a escuchar la frase, la volvía a repetir y así eternamente. La tecnología ha cambiado drásticamente la manera de aprender y ahora cualquier contenido puedes encontrarlo en internet. Incluso puedes comprar un libro digital en cualquier idioma y leerlo inmediatamente en tu dispositivo, cuestión impensable hace una década. Los contenidos están al alcance de cualquiera casi instantáneamente. Entonces ¿por qué hay personas que no se forman ahora que es tan sencillo acceder a los contenidos?

 

Pero antes de hablar de los problemas, quiero detenerme un momento en la causa de todos ellos: el ser humano. Porque el aprendizaje es algo que realiza la persona que aprende. Esta frase, que de obvia parece una enorme chorrada, esconde mucha más enjundia de la que parece en una primera lectura. Es el ser humano con sus defectos y sus virtudes el que debe realizar el aprendizaje, por lo tanto, independientemente del contenido, del diseño, del formador y de la pedagogía, la persona es la que tiene que encontrar el tiempo y hacer el esfuerzo para aprender. Porque sino lo hace el aprendizaje es imposible.

 

Y de esta realidad se derivan dos problemas por los que hay personas que no se forman. El primero: las personas dedicamos muy poco tiempo a aprender. El segundo: las personas no queremos esforzamos en aprender.

 

Vamos con el primero. El ser humano tiene una habilidad realmente asombrosa: estar ocupado todo el tiempo del que dispone. Es cierto que en muchas ocasiones nos ocupamos con tareas que después pensamos: “¡Pero qué pérdida de tiempo!”. Pero al día siguiente volvemos a tropezar con la misma piedra.

 

Y ahora vamos con el segundo. El ser humano se ha acostumbrado a evitar el esfuerzo y cada vez lo evitamos más. Probablemente todo empezó con el mando a distancia (ese aparato diabólico que nos apoltronó en el sofá del salón), o quizá esta tirria por el esfuerzo se debe a que necesitamos revelarnos contra la maldición bíblica de ganar el pan con el sudor de nuestras frentes y tratamos de hacer todo lo posible para sudar cada vez menos... La verdad que es no lo sé. Lo que es cierto es que leer un libro cuesta. Y si es “de trabajo” cuesta el triple. Pero la realidad es que si algo has aprendido sin esfuerzo, es que no has aprendido nada.

 

La solución a estos problemas pasa por atacar la causa raíz. ¿Cómo podemos conseguir que las personas inviertan tiempo en formarse y estén dispuestos a esforzarse para lograrlo? La solución más habitual es: vamos a ponérselo fácil. A partir de esta solución se crean recursos cortos: videos de cinco minutos, textos que anticipan el tiempo que vas a tardar en leerlos, píldoras de aprendizaje condensadas... Y recursos divertidos, dinámicos, sorprendentes, graciosos... Ojo y todo eso está muy bien, porque hay que atrapar la atención del ser humano que es muy esquiva y muy poco constante, pero no nos debemos de quedar solamente ahí.

 

Las empresas, en mi opinión, deben plantearse como un objetivo clave el conseguir que las personas que trabajan en ellas dediquen tiempo y esfuerzo a su formación. Sobre todo porque de esto depende la supervivencia de la organización. Y la verdad es que conseguirlo es sencillo: formarse tiene que ser algo que merezca la pena. Esto las leyes del aprendizaje lo tienen resuelto hace tiempo. Lo que hay que hacer es penalizar a aquellos que no dedican tiempo y esfuerzo a formarse; y beneficiar a los que sí lo hacen. Así de simple. ¿O no?

 

Continuará...

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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