La natalidad en España toca fondo
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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

La natalidad en España toca fondo

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Pertenezco a la generación del 'Baby Boom'. Eran tiempos en los que las familias eran numerosas. Los hijos únicos suponían una excepción. La mayoría de las viviendas estaban repletas de retoños. Los más pequeños heredaban la ropa, el calzado o los libros del cole de los mayores. Era necesario apretarse el cinturón. Los progenitores se privaban de caprichos para sacar adelante a la prole.

 

Ahora vivimos en otro mundo. Nacen pocos bebés, las familias numerosas son una excepción. Las mujeres traen hijos al mundo con mayor edad y un elevado porcentaje de parejas/personas ni siquiera se lo plantea, a menudo por elección propia, en numerosas ocasiones por las circunstancias laborales y económicas que imponen los tiempos que corren.

 

En 2020 se registraron 339.206 nacimientos en España (un 5,9% menos que el año anterior), frente a 492.930 fallecimientos (un 17,7% más debido a la Covid). El desfase en el crecimiento vegetativo es severo y muy preocupante para el futuro del país. La pirámide poblacional no se sostiene y no se toman medidas que varíen drásticamente esta tendencia. La inmigración controlada puede ser parte fundamental de la solución.

 

El número de hijos por mujer en España se ha situado en 1,18, la cifra más baja de la historia. Desde finales del pasado siglo, cada vez nacen menos niños. En la última década esta sangría crece exponencialmente, salvo en 2014 que registró un leve repunte. Las previsiones de los expertos no son en absoluto halagüeñas.

 

Los jóvenes  que desean tener hijos -salvo los que han accedido a la función pública- deben retrasar cada vez más el momento por la precariedad laboral, por la incertidumbre, por la precaria estabilidad vital. También porque ahora se elije con mayor precisión cuándo y cómo ejercer la maternidad o la paternidad. En términos generales, esta generación está acostumbrada a vivir bien, quizá demasiado. Renunciar al nivel de vida (viajar, ocio, gastronomía, aficiones, vestuario, etc.) no está de moda. No parece políticamente correcto.

 

Los países del centro y, sobre todo, del norte de Europa tomaron medidas hace un montón de años con el objetivo de paliar los bajos índices de natalidad. Conocer las ayudas que ofrece el Estado a las familias por cada hijo en Noruega, Suiza, Holanda, Alemania, incluso Francia, son para llorar. Qué bien lo hacen y qué mal lo hacemos. Siempre llegamos tarde, es posible que por la torpe visión a corto plazo que manejan nuestros dirigentes políticos. Las ayudas que se conceden en España por hijo son paupérrimas.

 

En 2007 Zapatero aprobó el cheque-bebé, que otorgaba 2.500 euros por nacimiento o adopción a todo quisqui, igual al parado que al millonario. Lo retiró cuando llegaron los recortes. Recientemente, Ayuso ha anunciado 14.500 euros por bebé a las madrileñas, menores de 30 años y con un mínimo de 10 de residencia en Madrid (aproximadamente el 25% de los nacimientos). Al menos, se trata de dos intentos de hacer algo para alentar a la cigúeña.

 

Tomar medidas políticas para fomentar la natalidad es responsabilidad del Estado, principalmente del Gobierno, pero también de las comunidades autónomas, los ayuntamientos, las diputaciones. Todos deberían ponerse a la faena de gastar menos en cuestiones no prioritarias y financiar generosamente un asunto realmente fundamental de cara al futuro.

 

La arquitectura del Estado español es excesiva respecto a la riqueza que generamos. Lo dice toda Europa respecto a los países del sur... Por aquí el déficit público es desorbitado. Vivimos al día y no pensamos en las próximas generaciones. Hay que encontrar fórmulas que fomenten la natalidad, pero me temo que nuestros dirigentes están a otras cosas más baladies. ¿Demasiados intereses terrenales?

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