Inmigrantes para barrer fachas
Ni con el persistente aguacero que se ha instalado entre nosotros dejamos de escuchar sandeces en el panorama político nacional (e internacional). La lluvia torrencial que nos acompaña no es suficientemente aparatosa como para apagar el eco de las tonterías que emanan de las brillantes mentes de la clase política del momento. La eurodiputada, Irene Montero, por ejemplo, quiere "barrer" España de fachas con el voto de los inmigrantes.
La ex ministra de Igualdad ha vociferado una vez más contra todo aquel sospechoso de pertenecer a la cuerda contraria. Nada de hacer prisioneros entre los que piensan de otro modo, hay que acabar con la sociología de un país repleto de hordas de fascistas que pululan libremente por ahí. Con esa mentalidad tan abierta que la caracteriza, confía en la docilidad de rebaño de las personas que, procedentes de otros lugares del planeta, auparán al éxtasis electoral a su ideología pseudoprogre.
Con tanto fascista suelto, Montero está convencida de que con unos cientos de miles de magrebíes, subsaharianos, sudamericanos y otros, ahora en proceso de legalización en este país, se comenzarán a sentar las bases de una España chachi ideal, repleta de agradecidos ciudadanos militantes, acérrimos seguidores sin rechistar de ilustres figuras históricas del pensamiento político de la talla de Marx, Engels, Lenin o Castro. A esta señora le ocurre lo mismo que a Pablo Iglesias, si por ellos fuera, las ideologías liberales, moderadas o conservadoras serían erradicadas por ley. España estaría mejor sin esta gentuza y con multitud de clones del 'politburó' de su partido.
Ahora que se está poniendo de moda boicotear los foros de debate de ideas (David Uclés), mientras el poder se aferra, un día sí y otro también, al comodín de la Guerra Civil, cuando resulta que el entendimiento político y social de la Transición es una completa herejía, nos enteramos de que hay quienes retoman la vieja estrategia de comprar una nacionalización por un voto. Tanto desarrollo social, cultural, económico y tecnológico para esto: El ansia de poder de toda la vida.
No esperaba menos de Irene Montero. Ni más. La intolerancia y el dogmatismo extremos es lo que tienen. Luego hacen cábalas sobre el incremento en la intención de voto de partidos como VOX y se preguntan de dónde salen políticos como Donald Trump. Los comunistas de salón podrían expresar algo más de humildad, digo, dados los resultados prácticos de su teoría política. La libertad individual, un concepto que el comunismo nunca ha entendido ni entenderá, no se echa de menos hasta que se pierde y estos comunistas teóricos de país desarrollado, que no han vivido jamás en un régimen dictatorial, deberían hacérselo mirar cuando hablan 'ex cátedra'.
Por otra parte, mientras la lluvia dispara el caudal de nuestros ríos, la crisis ferroviaria se agrava y el responsable gubernamental del asunto afirma con rotundidad que lo que realmente molesta a quienes le critican es que gestione las cosas "tan bien". Cuando los trenes ni son ya de alta velocidad y, de paso, se suprimen las indemnizaciones a los viajeros por los retrasos, Óscar Puente se adhiere a la silla, incluso a pesar de que los mismísimos sindicatos amigos reclaman su dimisión y anuncian paros. Con lo poco que duerme el pobre ministro últimamente.
Con la que está cayendo, el ex alcalde de Valladolid no se siente en absoluto responsable de nada de lo ocurrido. La culpa de todo es del cambio climático y de Rajoy. "Una red ferroviaria no es una tetera", ha dicho en descargo propio. Otro ejemplo de argumentario político de enorme talla intelectual. Con el prestigio internacional que llegó a alcanzar en su día la alta velocidad española. Y la política nacional del posfranquismo.

