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Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Prevención de Degeneración Macular Asociada a la Edad mediante actividad física aeróbica regular

Es un consuelo pensar que podría reducirse el riesgo de sufrir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), mediante la práctica de ejercicio físico regular, lo que, además, aumentaría la numerosa lista de efectos saludables inherentes a este estilo de vida modificable y accesible para el que quiera elevar su esperanza de vida en buena salud.

Efectivamente, en los últimos años se han publicado una serie de estudios observacionales, transversales y prospectivos, que están revelando que la práctica regular de actividad física aeróbica ejerce una cierta capacidad preventiva de esta importante causa de ceguera, tanto de las formas precoces como de las más avanzadas (atrófica y exudativa o neovascular). Incluso algunos estudios epidemiológicos han mostrado que los que tienen formas precoces de DMAE, asintomáticas, tienden a progresar menos a las formas avanzadas cuando practican ejercicio físico regular.

 

En el artículo del mes previo se conceptuó esta enfermedad y se analizaron los factores de riesgo y medidas preventivas de la misma, como el consumo de los variados alimentos que constituyen nuestra Dieta Mediterránea. Ahora, pues, veremos cómo huir del sedentarismo, moviendo nuestro esqueleto con primor puede contribuir a reducir este incapacitante proceso.

 

El ciclismo como ejemplo de ejercicio aeróbico contribuye a reducir la tasa de muerte total y específica, además de reducir el riesgo de ceguera (DMAE)

 

Estudios científicos que revelan un efecto protector y preventivo de DMAE mediante la practica regular de ejercicio físico

 

En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos de mayor relieve que han mostrado una asociación entre la actividad física regular y una reducción del riesgo de desarrollar las formas precoces y avanzadas de DMAE, así como los que han evidenciado una reducción del riesgo de progresar de las primeras a las segundas.

 

A. Ejemplo de estudios que revelan un efecto protector o preventivo de DMAE avanzada (exudativa)  por parte de la actividad física

 

En diciembre del 2006 se publicó en una prestigiosa revista científica (British Journal of Optthalmology)  un artículo, firmado por miembros del Departamento de Oftalmología de la Universidad de Wisconsin (USA), en el que se apreció que la práctica regular de actividad física podría ejercer un efecto preventivo de DMAE exudativa. (1)

 

Los autores del estudio, MD. Knudtson y colegas, establecieron como objetivo evaluar una posible asociación entre el ejercicio físico aeróbico y la incidencia acumulada de DMAE a lo largo de 15 años de seguimiento. Para ello, estudiaron una notable muestra de personas, 3874 hombres y mujeres, de 43 a 86 años de edad, perteneciente a un conocido estudio observacional de base poblacional (The Beaver Dam Eye Study).

 

El estudio oftalmológico lo efectuaron al principio del estudio y, luego, cada cinco años. De esta forma pudieron diagnosticar fiablemente los diversos estadios de DMAE.

 

La medición de la actividad física aeróbica se basó en las respuestas que dieron los participantes a un cuestionario específico, en el que valoraron tres tipos de ejercicio físico: paseos por la ciudad, bloques de casas recorridos diariamente (ninguno; de uno a cuatro bloques; de cinco a doce; y más de 12 bloques por día); pisos de escaleras ascendidos diariamente (ninguno, tres, de cuatro a seis, y más de seis); y sesiones semanales de ejercicio físico capaces de causar franca sudoración (una o más veces a la semana).

 

De esta forma, consideraron que una persona era físicamente activa cuando practicaba semanalmente tres o más de estos modelos de ejercicio físico (con o sin sudoración). En cambio, se la calificaba como sedentaria cuando efectuaba menos de tres sesiones semanales de las citadas.

 

Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión logística con control de variables de confusión), comprobaron que los que practicaban ejercicio regular se beneficiaban con una reducción significativa del riesgo de desarrollar la forma más grave de DMAE, la exudativa: una disminución del 30% por parte de los que pasearon más (bloques de casas) y de un 70% de los que sudaron  tres o más veces por semana, por esforzarse más intensamente (RR: 0,7, IC 95% de 0,6 a 0,97).

 

Sin embargo, en este estudio no se observó una disminución del riesgo de desarrollar los otros tipos de esta gran causa de ceguera (evaluaron la DMAE precoz y la atrófica).

  

En mayo del 2015 se publicó un estudio transversal en la correspondiente revista científica (PLoS One) que también reveló una asociación entre las formas severas y avanzadas de DMAE con una escasa actividad física tanto ligera como moderada y vigorosa. (3)

 

Los autores del estudio (Loprinzi y colegas) contaron con la participación de 1656 adultos de 40 a 85 años, pertenecientes a un conocido estudio norteamericano (National Health and Nutrition Examination Survey), a los que se les sometió a un exhaustivo estudio oftalmológico con objeto de identificar y clasificar la DMAE en diversos grados: inexistente, precoz y severa o avanzada. Por otra parte, el grado de actividad física fue evaluado mediante el empleo de un acelerómetro durante siete días.

 

Tras aplicar el adecuado aparato estadístico, comprobaron que los participantes que sufrían formas avanzadas de DMAE efectuaban un 50% menos de ejercicio físico moderado y vigoroso no sólo con respecto a los que no padecían esta enfermedad, sino también cuando se los comparaba con los que padecían formas precoces.

 

B. Ejercicio físico regular capaz de frenar la progresión de formas precoces de DMAE hasta las temibles formas avanzadas

 

En junio del 2003 se publicó en una revista científica de mérito (Arch Ophthalmol) un estudio prospectivo  que mostró que si las personas que tenían formas más leves de DMAE, como las precoces e intermedias, practicaran actividad física aeróbica podrían frenar su progresión hasta las formas avanzadas.

 

En realidad, lo que inicialmente se propusieron los responsables del estudio (Seddon y colegas) fue conocer tanto los factores que incrementan el riesgo de progresión a las formas más severas de DMAE (la geográfica y la exudativa) cuanto los que frenan y evitan tal progresión.

 

Para ello, estudiaron a 261 pacientes diagnosticados de formas iniciales de DMAE (precoz e intermedia), de 60 o más años de edad, durante una media de 4,6 años de seguimiento.

 

De esta manera, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox) observaron que los participantes que practicaban  actividad física vigorosa (tres sesiones semanales) se beneficiaban con una reducción del 25% del riesgo  de progresión a las formas atrófica y neovascular o exudativa.

 

Por otra parte, los factores que más contribuyeron a acelerar la evolución a las formas graves de DMAE fueron el sobrepeso (Índice de Masa Corporal-IMC- entre 25 y 29  kg/m2), la obesidad global (IMC superior a 30 kg/ m2) y la obesidad centrípeta (cuando la cintura abdominal es superior a 102 cm, en los varones, y  a 88 cm, en las mujeres). En todos estos casos el riesgo de progresión era más del doble que el de las personas con un peso y cintura abdominal normales.

 

“Nuestros resultados aportan nueva información con respecto a  factores de riesgo, modificables epidemiológicamente, de progresión desde  formas iniciales de DMAE, precoz e intermedia, hasta las más avanzadas. Así, la obesidad global y la centrípeta incrementan el riesgo de progresión a las formas severas de esta enfermedad, en tanto que la actividad física tiende a reducir el riesgo. Estas medidas preventivas deben privilegiarse y servir de estímulo para potenciar la investigación sobre el tema”, concluyeron los responsables del estudio.

 

Pasear por el margen izquierdo del río Arlanza, con la ermita de San Pelayo como testigo, eleva poderosamente el nivel de salud.

 

 

C. La actividad física aerobica reduce el riesgo de desarrollar formas precoces de DMAE

 

En abril del 2011 se publicó en una revista médica de gran rigor científico (Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (4)

 

Los responsables del trabajo (Mare y colegas, pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y  al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1.313 mujeres, de 55 a 74 años de edad, incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women's Health Initiative Observational Study).

 

Evaluaron el modelo dietético mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado en tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

 

El grado y tipo de actividad física (total y recreativa) realizada por las mujeres de esta muestra se obtuvo valorando las respuestas que dieron a las preguntas de un cuestionario, previamente validado. Así, pues, se recabó información sobre el ejercicio físico efectuado en labores domésticas, en el medio laboral, y en actividades lúdicas como pasear o ejercicio de más enjundia como el efectuado en actividades moderadas, intensas y agotadoras. Luego, se procedió a calcular el gasto energético ( METs) consumido durante tales esfuerzos físicos, estimando la intensidad de la actividad física efectuada, como sigue: durante una hora de actividad física agotadora se consumen 7 METs; una hora de actividad moderada o pasear a un ritmo muy vivo conlleva un gasto de 4 a 4,5 METs; y una hora de intensidad ligera o caminar a paso lento comporta un consumo de 3 METs.

 

De esta forma, comprobaron que las mujeres que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

 

Además, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) se beneficiaban con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

 

La actividad física aeróbica podría reducir el riesgo de la primera causa de ceguera a partir de los 55 años: La Degeneración Macular Asociada a la Edad

 

D. Resultados obtenidos en los Estudios Nacionales en Corredores y en Paseadores (EEUU)

 

Paul T. Williams y Paul D. Thompson, pertenecientes a la División de Ciencias Biológicas del Laboratorio Nacional de Berkeley y del departamento de Cardiología del Hospital de Hartford  están publicando en los últimos años una serie de artículos que revelan el efecto preventivo de diversas enfermedades mediante las actividad física aeróbica. Para ello, se están valiendo de los resultados obtenidos en dos extraordinarias muestras de personas: las 33.060 personas del Segundo Estudio Nacional de Salud en Corredores (The National Runner´s Health Study II) y las 15.945 del Estudio Nacional de Salud en Andadores (National Walker´s Health Study), a las que están evaluando desde hace más de dos décadas. De esta forma, han demostrado los grandes beneficios cardiovasculares, antitumorales y neuroprotectores  que se desprenden de la citada actividad física aeróbica, entre otros efectos saludables, lo que les ha permitido publicar numerosos trabajos científicos en revistas médicas de renombrado prestigio. (5-16)

 

Con respecto a la  DMAE, Williams fue el responsable de un trabajo publicado en enero del 2009 en una revista especializada en el tema (Invest Ophtalmol Vis Sci). Se trata de un estudio prospectivo cuyo objetivo principal fue evaluar si la actividad física vigorosa era realmente capaz de reducir el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera. (17)

 

Para ello, contó con la participación de un gran número de  corredores (runners): 29.532 varones y 12.176 mujeres. Tras  7,7 años de seguimiento, 110 hombres y 42 mujeres refirieron que habían sido diagnosticadas de DMAE, aunque no especificaron el grado de afección, esto es, no mencionaron si padecían formas precoces, intermedias o avanzadas. Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico comprobaron  que una actividad física realmente vigorosa se asociaba con una notable reducción del riesgo de DMAE (controlando las variables de confusión más importantes en este proceso: edad, sexo, tabaquismo y dieta).

 

Concretamente, comprobaron que a medida que los participantes incrementaban el número de kilómetros que corrían diariamente, descendía proporcionalmente el riesgo de DMAE, con respecto a los que corrían menos de dos kilómetros al día: un 19% de reducción del riesgo para los que corrían diariamente de dos a cuatro kilómetros; una disminución del 42% para los que corrían más de cuatro kilómetros diarios; un 54% para los que corrían más de ocho kilómetros al día.

 

Al final del trabajo, Williams puntualiza que los corredores menos activos de esta muestra, los que corrían menos de dos kilómetros al día, consumían prácticamente la misma energía que  los que paseaban a ritmo vivo durante treinta minutos, cinco días a la semana, lo que corresponde al nivel de actividad física recomendada en las guías internacionales (Sociedad Americana de Cardiología, Colegio Americano de Medicina Deportiva, OMS, Centro de Control de Enfermedades de Atlanta). (18-19)

 

Esta puntualización no es baladí, dado que la reducción del riesgo de desarrollar DMAE es de un 19% para los que semanalmente se ejercitan el doble de lo recomendado en las guías, y de un 42% para los que  efectúan tres veces más de ejercicio que el aconsejado en las citadas guías.

 

Aunque el mínimo de ejercicio recomendado en las guías (150 minutos de actividad moderada como pasear rápido o 75 minutos de actividad vigorosa como correr o nadar), comporta relevantes efectos saludables con respecto a las conductas sedentarias, el trabajo de Williams revela que para conseguir reducciones significativas del riesgo de DMAE es preciso practicar más ejercicio que el aconsejado. Ya antes, demostró que este mayor nivel de actividad física aeróbica conseguía reducir el riesgo de cataratas ,11 diabetes e hipertension,12 hipertrofia prostática, 20 ictus,15 entre otros procesos.

 

E. Revisión exhaustiva y metaanálisis

 

En agosto del 2017 se publicó en una revista médica de EEUU (Am. J. Ophthalmol.) una revision de la literatura y metaanálisis de los estudios epidemiológicos, publicados hasta mayo del 2015. que analizaron una posible   asociación entre la actividad física aeróbica y la Degeneración Macular Asociada a la Edad, Para ello, investigaron en fuentes de datos electrónicas (Medline, EMBASE, Google Scholar), además de contactar con los autores responsables de tales estudios, a fin de obtener información adicional. (21)

 

Los que practicaron menos actividad física se compararon con el resto de participantes con objeto de evaluar la asociación entre los estadios precoz y avanzado de DMAE y el citado ejercicio físico.

 

Tras aplicar unos rigurosos criterios de selección, incluyeron 9 estudios en el metaanálisis (la edad de los pacientes osciló de 30 a 97 años). Posteriormente, la aplicación del correspondiente aparato matemático permitió comprobar, en ocho estudios  (38.112 pacientes), una asociación protectora entre la actividad física aeróbica y la DMAE precoz, pues la práctica regular de la primera conllevaba una reducción de un 8% de la segunda (OR: 0,92; IC:0,86-0,98). Además, en siete estudios (28.854 participantes) se observó que la citada actividad física aeróbica se asociaba con una notable reducción del riesgo de desarrollar las formas avanzadas de DMAE: 41% de disminución (OR: 0,59; IC: 0,49-0,72). 

 

Los autores de esta exhaustiva revisión concluyen afirmando: “La actividad física se asocia con un menor riesgo de desarrollar  las formas precoces y avanzadas de DMAE. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones,  pues refuerzan los mensajes de salud pública a favor de mantener un estilo de vida plenamente activo. Sin embargo, son necesarios más estudios longitudinales que confirmen y caractericen el efecto protector de DMAE, tanto en su comienzo como en su progresión, ejercido por la actividad física aeróbica.”

   

Apunte final

 

En fin, en este corto contenido hemos analizado otro efecto saludable del ejercicio físico regular, la reducción del riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera a partir de los 55 años.  Aunque la biología es perecedera, bien cierto es que un deseo muy humano es prolongar nuestra existencia con buena calidad de vida, esto es, elevar nuestra esperanza de vida en buena salud. Pues bien, para conseguir tan deseable objetivo más vale que practiquemos regularmente actividad física, aeróbica y de fuerza, además de nutrirnos con una dieta saludable, como nuestra Dieta Mediterránea, y de beber buen café. Todos y cada uno de estos tres estilos de vida se asocian con una reducción de la tasa de muerte total y de la específica por las principales causas de morir y enfermedad en el mundo: cardiovasculares, respiratorias, tumorales, digestivas, diabetes, entre otras.

 

Dr. Félix Martín Santos

 

Bibliografía.

 

1. Knudtson MD, Klein R, Klein BEK. Physical activity and the 15-year cumulative incidence of age-related macular degeneration: the Beaver Dam Eye Study. Br J Ophthalmol. 2006;90:1461–1463.

 

2. Seddon JM, Cote J, Davis N, Rosner B. Progression of age-related macular degeneration: association with body mass index, waist circumference, and waist-hip ratio. Arch Ophthalmol. 2003;121:785–792.

 

3. Loprinzi PD, Swenor BK,  Ramulu PY.  Age-Related Macular Degeneration Is Associated with Less Physical Activity among US Adults: Cross-Sectional Study PLoS One. 2015 May 1;10(5):e0125394. doi: 10.1371/journal.pone.0125394. eCollection 2015.

 

4. Mares JA, Voland RP, Sondel SA, Millen AE, Larowe T, Moeller SM, Klein ML, Blodi BA, Chappell RJ, Tinker L, et al. Healthy lifestyles related to subsequent prevalence of age-related macular degeneration. Arch Ophthalmol 2011;129:470–80.

 

5. Walking Versus Running for Hypertension, Cholesterol, and Diabetes Mellitus Risk Reduction  Paul T. Williams,  Paul D. Thompson Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology.  2013; 33: 1085-1091

 

6. Reduced Incidence of Cardiac Arrhythmias in Walkers and Runners. Paul T. Williams, Barry A. Franklin PLOS one: June 07, 2013  DOI: 10.1371/journal.pone.006530

 

7. Increased Cardiovascular Disease Mortality Associated With Excessive Exercise in Heart Attack Survivors   Paul T. Williams,  Paul D. Thompson. Mayo Clinic Proceedings  Volume 89, Issue 9, Pages 1187–1194, September 2014

 

8. Reduced Risk of Brain Cancer Mortality From Walking and Running. Paul T. Williams Med Sci Sports Exerc. 2014, 46 (5): 927-932

 

9. Reduced risk of incident kidney cancer from walking and running. Williams PT Med Sci Sports Exerc  2014 Feb, 46 (2): 312-7

 

10. Breast cáncer Mortality vs Exercice and Breast Size in Runners and Walkers. Paul T. Williams. Plos/One  december 09 2013  DOI: 10.1371

 

11. Walking and Running Are Associated with Similar Reductions in Cataract Risk Medicine and science in sports and exercise. 12/2012; DOI: 10.1249  Paul T. Williams

 

12. Lower Risk of Alzheimer´s Disease Mortality with Exercice, Statin, and Fruit Intake. Paul T. Williams. Journal of Alzheimer´s Disease. October 2014. DOI: 10.3233

 

13. Williams PT, Dose-response relationship of physical activity to premature and total all-cause and cardiovascular disease mortality in walkers. PLoS One. 2013;8:e78777

 

14. Williams PT. Reductions in incident coronary heart disease risk above guideline physical activity levels in men. Atherosclerosis. 2010;209:524-7

15. Williams PT. Reduction in incident stroke risk with vigorous physical activity: evidence from 7.7-year follow-up of the national runners' health study. Stroke. 2009;40:1921-3

 

16. J Alzheimers Dis. 2015;44(4):1121-9. doi: 10.3233/JAD-141929. Lower risk of Alzheimer's disease mortality with exercise, statin, and fruit intake.  Williams PT

 

17. Williams PT. Prospective Study of Incident Age-Related Macular Degeneration in Relation to Vigorous Physical Activity during a 7-Year Follow-up. Invest. Ophthalmol. Vis. Sci. 2009 Jan 50 (1). 101-106.

 

18. Haskell WL, Lee IM, Pate RR, et al. Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Med Sci Sports Exerc. 2007;39:1423–1434.

 

19. U.S. Department of Health and Human Services . Physical Activity and Health: a report of the Surgeon General. U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion; Atlanta, GA: 1996.

 

20. Williams PT. Effects of running distance and performance on incident benign prostatic hyperplasia. Med Sci Sports Exer. 2008;40:1733–1739.

 

21. Am J Ophthalmol. 2017 Aug;180:29-38. doi: 10.1016/j.ajo.2017.05.016. Epub 2017 May 24. Physical Activity and Age-related Macular Degeneration: A Systematic Literature Review and Meta-analysis. McGuinness MB, Le J, Mitchell P, Gopinath B, Cerin E, Saksens NTM, Schick T, Hoyng CB, Guymer RH, Finger RP.

Comentarios

Laura Ortega González 15/03/2019 08:18 #6
Opino como todos, aportas mucho conocimiento sobre estilos de vida saludables que nos resulta muy útil, pues es muy difícil conseguirlo con el rigor científico, didáctica y lenguaje de calidad que muestras, con este gran conjunto de artículos que te publican mensualmente en este medio digital. Son para hacer un libro. Yo, además, los tengo bien imprimidos y guardados como oro en paño. Muchas gracias.
Constanza Argüelles 12/03/2019 13:21 #5
Constantemente nos instruyes para mejorar nuestra salud con hábitos saludables, como el ejercicio físico, capaz incluso de reducir esta gran causa de ceguera, por lesión de la mácula de la retina. Además, tu fácil, emotivo y comprensible lenguaje facilita que podamos entenderlo bien. Tu labor divulgativa, de educación sanitaria, es extraordinaria, siempre apoyada en la evidencia científica. Muchas gracias.
Inmaculada Hernández Rodríguez 10/03/2019 09:38 #4
Félix gracias por presentarnos de forma esperanzada y clara la relación existente entre un determinado tipo de vida y una esperanza de vivir en buena salud. De nuevo nos haces reflexionar, a través de rigurosos estudios científicos, sobre la importancia de la actividad física regular en la reducción del riesgo de desarrollar formas precoces y avanzadas de DMAE. Evitar el riesgo de ceguera es sumamente importante. Cada uno podemos elegir el tipo o los tipos de ejercicio físico a realizar de forma periódica. No es baladí insistir, una vez más, que el ejercicio físico regular, la Dieta Mediterránea y degustar en buena compañía unas tazas de café mejoran nuestra salud y prolongan nuestra existencia con buena calidad de vida. Muchísimas gracias por tu trabajo y enhorabuena por la facilidad con que sabes hacer asequible los temas complejos.
Pedro Artola 07/03/2019 22:16 #3
- Nunca hubiera pensado que la actividad física aerobica regular preveniese la DMAE asociado a la edad. - De todas las patologías posibles, ésta es la que más me preocupa, por lo que tiene que suponer vivir a medias. - Desde uno de los artículos tuyos que leí, donde aconsejabas: evitar el sobrepeso, realizar ejercicio físico diario y una alimentación saludable, me puse tarea. - Perdí un 8% de peso. - Evito usar el coche siempre que me es posible e - intento comer más sano: frutas, verduras etc,etc. Y me encuentro mucho mejor. Así que ¡GRACIAS por este trabajo de información y mentalizacion realizado! en mi nombre y en el de mi familia. Saludos.
Mónica González Arteche 07/03/2019 13:49 #2
Muy buen artículo. Después de leerlo, con sumo interés, practicaré más ejercicio, pues mi madre tiene degeneración de la mácula, con pérdida de visión. A ver si tengo suerte y no la sufro yo también. Tomaré más alimentos de los de la dieta mediterránea y haré más deporte. A mí también me parece que explicas muy bien las cosas, con pedagogía y didáctica y un lenguaje accesible para los que no somos sanitarios. Además, las bases científicas en las que te basas son muy sólidas, que citas en todo momento, dando más credibilidad a tu labor. Muchas gracias.
Laura Pérez 07/03/2019 12:01 #1
Con este segundo artículo sobre la prevención de la principal causa de ceguera en la senectud nos has aclarado ampliamente que, además de no exponernos mucho al sol, debemos caminar, correr, nadar...con regularidad, además de tomar buenos alimentos, como los de la Dieta Mediterránea. Es una suerte que sigas divulgando educación sanitaria desde las páginas digitales de este periódico. Se ve que llevas la didáctica y la buena docencia en tu sangre, en tu genética, junto a una forma clara y muy empática de comunicar. Muchas gracias.

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