Hipertensión arterial: Efectos preventivos de la Dieta Mediterránea
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Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Hipertensión arterial: Efectos preventivos de la Dieta Mediterránea

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Una buena adherencia a la Dieta Mediterránea (DM) es una efectiva estrategia preventiva de hipertensión arterial, muy recomendable para controlar esta verdadera prioridad de salud pública, como así atestiguan los responsables de la última Guía Europea de Manejo de Hipertensión Arterial, pertenecientes a la Sociedad Europea de Cardiología y a la Sociedad Europea de Hipertensión Arterial.

 

Pues bien, el contenido que ahora se inicia y hoy se publica, 6 de mayo, lo voy a dedicar al efecto preventivo de hipertensión arterial mostrado por la Dieta Mediterránea (DM), once días antes del Día Mundial de la Hipertensión Arterial, 17 de mayo.  

 

Empezaremos conceptuando la enfermedad referida, la hipertensión arterial y, luego, el factor preventivo de la misma, la Dieta Mediterránea.

 

Concepto de hipertensión arterial 

 

Según la guía de manejo de hipertensión arterial de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y de la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH), publicada en agosto del 2018 en European Heart Journal, se considera que una persona tiene hipertensión arterial cuando su presión arterial sistólica es igual o superior a 140 mmHg o/y su presión arterial diastólica es igual o superior a 90 mmHg, (1).  De esta manera, mantiene la misma definición que en guías precedentes, (2) sin dejarse seducir por la guía americana, publicada en noviembre del 2017, en la que se redujeron sensiblemente tales cifras, pues consideró hipertensas a las personas con cifras > 130/80 mmHg, (3) lo que suscitó el subsiguiente debate.

 

Relevancia de la hipertensión arterial

 

La hipertensión arterial es un gran factor de riesgo de procesos cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal, entre otros. Ya en el año 2001 se constató que era responsable del 54 % de ictus; del 47% de cardiopatía isquémica (infarto agudo de miocardio, angina de pecho, miocardiopatías por enfermedad coronaria…) y del 25% de otros procesos cardiovasculares, lo que ocasionaba en torno a 7,6 millones de muertes en todo el mundo. (4)

 

Se trata, pues, de una enfermedad que comporta una altísima gravedad e insoportable mortalidad, lo que, unido a su notable prevalencia, hace que sea prioritario controlarla adecuadamente, reduciendo significativamente las cifras de presión arterial, sistólica y diastólica.

 

Así, en EEUU se comprobó que la reducción de 5 mm Hg en las cifras de presión arterial sistólica y de 3 mm Hg en las de presión diastólica resultaba en una disminución del 15% del riesgo de enfermedad coronaria y del 27% de ictus. Al contrario, un aumento de 20 mmHg de la presión sistólica y de 10 mm Hg de la diastólica duplicaba el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares entre personas de 40 a 70 años.

 

¿Qué sucede en España?

 

Según el riguroso y fiable estudio [email protected], la prevalencia de hipertensión arterial en España es muy alta, pues la sufren el 42,6% de la población adulta (de edad igual o superior a 18 años), más los varones (49,9%) que las mujeres (37,1%). Además, se observó un notable infradiagnóstico, dado que el 37,4% de los hipertensos aún no lo saben.

 

En este estudio también llamó la atención la gran prevalencia de hipertensión arterial entre los prediabéticos (67,9%) y diabéticos (79,4%), muchos con sobrepeso u obesidad, de forma que estos reconocidos factores de riesgo cardiovascular parecen aliarse para incrementar el riesgo y muerte por infartos de miocardio e ictus.

 

Otro hallazgo de este excelente estudio epidemiológico fue que el grado de control de hipertensión arterial deja mucho que desear, pues sólo el 30% de los hipertensos están bien controlados. Por todo ello, consideran crucial desarrollar y promocionar campañas poblacionales de prevención, detección y tratamiento de la hipertensión arterial.

 

Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: lechuga, cebolleta y aceite de oliva virgen extra, constituyentes característicos de este saludable modelo dietético, muy ricos en polifenoles, de notables efectos antioxidantes, antiinflamatorios y protectores de la integridad genética (reparadores de anomalías del ADN).

 

Dieta Mediterránea

 

Como ya he referido en otros temas de este blog, a la hora de definir a esta emblemática dieta me decanto por el concepto acuñado por los responsables de la Fundación Dieta Mediterránea (6), dado que la consideran una herencia cultural, basada en productos frescos, locales y de temporada, íntimamente vinculada al estilo de vida de los pueblos de la cuenca mediterránea. Además, incorporan a los alimentos característicos de la misma, un ingrediente fundamental: la sociabilidad, pues cuando nos reunimos a comer llegamos a disfrutar tanto o más de la compañía y del encuentro humano como de las saludables viandas de nuestra dieta. Me atrevo a decir que ambos elementos constituyen un sinergismo por potenciación.

 

A ver si definitivamente logramos controlar la actual pandemia de la COVID-19 para que cese la distancia social, empleada junto a las mascarillas y ventilación adecuada con objeto de bloquear el mecanismo de transmisión del SARS CoV-2, y, de esta suerte, recuperar los abrazos y las muestras de cariño, a fin de que vuelvan a ser tan saludables como siempre lo han sido. Ya queda menos.

 

Si nos centramos en los alimentos que constituyen esta dieta patrimonial, recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como frutas, hortalizas, legumbres, granos enteros (germen, endosperma y salvado), arroz, verduras y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como  fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino), entre otros saludables alimentos.

 

Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: el brócoli (Brassica oleracea itálica) es una verdura (crucífera) rica en fitoquímicos muy saludables, como el sulforafano, carotenoides como la luteína y zeaxantina, polifenoles como el ácido clorogénico, flavonoides (quercetina, kaemferol), manganeso, cinc, selenio, vitamina C, ácido fólico, entre otros.

 

Su efecto saludable no se debe sólo a su carácter de dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido en fibra, así como en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados (omega-3 de cadena larga), su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas (7), la oleuropeína, el hydroxytyrosol y lignanos, así como carotenoides, como la luteína y zeaxantina, licopeno y beta-caroteno.

 

Precisamente, el efecto antioxidante y antiinflamatorio ejercido por los polifenoles y carotenoides en sintonía con otros nutrientes saludables (sulforafano, por ejemplo) aportados por el conjunto de alimentos que constituye este modelo dietético es el que parece contribuir a la reducción de las cifras de presión arterial.

 

En las siguientes líneas analizaremos los estudios más relevantes que han evaluado el posible efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea.

 

Estudios observacionales

 

Aunque tanto el grupo griego (9) como el italiano (10) del estudio EPIC (The European Prospective Investigation into Cancer and Nutritionhan revelado una asociación  entre una alta adherencia a una Dieta Mediterránea y una reducción de las cifras de presión arterial, en este apartado quiero destacar un gran estudio prospectivo de autoría española, el SUN (Seguimiento de Universidad de Navarra), publicado en noviembre del 2009 en una revista científica de reconocido prestigio (American Journal of Epidemiology). (10)

 

Los autores del estudio, Jorge M. Núñez-Córdoba y colegas, estudiaron a 9.408 pre y postgraduados universitarios (de 20 a 90 años), durante 6 años, observando al cabo de los cuales que una moderada adherencia a este modelo dietético se asociaba con una reducción de 2,4 mm Hg en las cifras de presión arterial sistólica y de 1,3 mm Hg en las de diastólica, en tanto que una alta adherencia se asociaba con mayor reducción de la presión arterial: 3,1 mm Hg, de presión sistólica; 1,9 mmHg, de diastólica.

 

A la conclusión del estudio los responsables del mismo, liderados por Miguel Ángel Martínez González, sugirieron que una buena adherencia a una Dieta Mediterránea podría contribuir a prevenir el aumento de la presión arterial que aparece durante el envejecimiento.

 

No obstante, también constataron las limitaciones del estudio: los datos de presión arterial fueron referidos telefónicamente por los propios participantes del estudio, y las exposiciones dietéticas referidas por los voluntarios, en cuestionarios de frecuencia de alimentos, podrían ser mal clasificadas y, por ello, la subsiguiente puntuación del grado de adherencia, a pesar de la buena correlación entre la dieta consumida y los citados cuestionarios.

 

Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: La pera, futo del peral, plenamente florecido a finales de marzo de este año (2021), aporta cantidades apreciables de fibra, sobre todo insoluble , rica en lignina, así como relevantes cantidades de potasio y vitamina C, sin soslayar cantidades moderadas de flavonoides (antioxidantes), como la quercetina, el Kaempferol y catequinas

 

Estudios experimentales

 

a. Estudio PREDIMED

 

Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y octubre de 2015, en junio del 2016, diciembre 2017, febrero 2019, noviembre del 2020…)  el estudio PREDIMED es un estudio multicéntrico español que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyó hombres y mujeres, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares (la mitad eran diabéticos). Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una Dieta Mediterránea (DM) con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); otra DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso.

 

Pues bien, tras casi cinco años de seguimiento, hubo que parar el estudio por motivos éticos, dado que los que se alimentaron con la DM se beneficiaron de una reducción del 30% del riesgo de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus o accidente cerebral vascular y muerte de origen cardiovascular), frente al grupo control, el que se nutrió con la dieta baja en grasas (tanto de origen animal como vegetal).

 

Es preciso referir que este estudio fue publicado, por primera vez, en abril del 2013, en New England  Journal of Medicine, (11)  y, más tarde, en junio del 2018,  en la misma revista, (12) para subsanar unos problemas metodológicos hallados en la publicación primitiva.

 

¿Qué influencia tuvo la DM en las cifras de presión arterial?

 

En lo que respecta al impacto de tal modelo dietético en las cifras de presión arterial, en una nueva publicación, (13) en septiembre del 2013, revelaron que los tres grupos dietéticos, los dos de intervención y el control, influyeron positivamente en la presión arterial, pues consiguieron mejorar el control de una parte de los pacientes hipertensos (el 70% lo eran). Sin embargo, los participantes que se beneficiaron de la intervención redujeron más las cifras de presión arterial diastólica: 1,53 mmHg, la DM suplementada con aceite de oliva virgen extra; 0,65 mmHg, la complementada con frutos secos, con respecto a los que recibieron una dieta baja en grasas. 

 

No obstante, llamó la atención la ausencia de efecto sobre la presión arterial sistólica.

 

¿Qué sucede si en vez de tomar la presión arterial en la consulta se registra ambulatoriamente durante 24 horas?

 

Para evitar el “efecto hipertensivo de bata blanca”, esto es, el aumento momentáneo de la presión arterial experimentado por muchos pacientes, por ansiedad desmedida, cuando la medición es efectuada por el médico o la enfermera en la consulta,  Mónica Doménech y colegas, también investigadores de PREDIMED, decidieron efectuar un estudio experimental con una submuestra de 235 pacientes (56,5% mujeres; con una edad media de 66,5 años) de alto riesgo cardiovascular (el 85,4% con hipertensión arterial), a los que se midió y registró ambulatoriamente (24 horas) las cifras de presión arterial.

 

De esta forma, tras un año de seguimiento, comprobaron que los voluntarios incluidos en los dos grupos de intervención experimentaron un descenso significativo no sólo de la presión arterial diastólica, sino también de la sistólica, con respecto al grupo control.

 

Concretamente, la presión sistólica se redujo 2,3 mm Hg en los que siguieron una DM suplementada con aceite de oliva virgen extra y 2,6 mmHg en los que consumieron una DM suplementada con frutos secos.  Además, la presión diastólica también se redujo, aunque menos: 1,2 mmHg, en el primer grupo; 0,7 mmHg, en el segundo. (14)

 

Por otra parte, este estudio de 1 año de duración también permitió comprobar que la intervención con DM suplementada con aceite de oliva virgen extra y frutos secos redujo sensiblemente la glucemia y la concentración sanguínea de colesterol total versus grupo control.

 

Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: el romanesco, berza, repollo y brócoli son vegetales (crucíferas o brasicáceas) extraordinariamente saludables por su riqueza en fitoquímicos de efectos antioxidantes, antiinflamatorios, desintoxicantes y reparadores de anomalías del ADN.

 

b. Estudio experimental australiano

 

En junio del 2017 se publicó en la revista oficial de la Asociación Americana de Nutrición (American Journal Clinical Nutrition) un estudio experimental, dirigido por Davis, que mostró cómo una adherencia a este modelo dietético se asoció con una reducción pequeña, pero significativa, de las cifras de presión arterial sistólica y con una mejora de la función endotelial. (15)

 

Estos investigadores distribuyeron a los participantes australianos, 166 hombres y mujeres saludables (normotensos), de más de 64 años de edad, por procedimientos de aleatorización, en dos grupos: uno, de 85 personas, para consumir una Dieta Mediterránea, constituida principalmente por vegetales, abundante aceite de oliva virgen extra, y mínimas carnes rojas y procesadas; el otro, integrado por 81 personas, siguieron con su dieta habitual.

 

La presión arterial la midieron, durante cinco días consecutivos, al principio del estudio y, luego, a los tres y seis meses de iniciado el mismo. Además, evaluaron la función endotelial, un marcador del estado de salud arterial, por procedimientos específicos (dilatación mediada por flujo).

 

Pues bien, tanto a los tres como a los seis meses observaron un ligero descenso de la presión arterial sistólica (1,3 mmHg y 1,1 mmHg, respectivamente) en el grupo que siguió la Dieta Mediterránea, con respecto al grupo que siguió su dieta habitual. Por otra parte, a los seis meses se comprobó una relevante mejoría de la función endotelial en los del primer grupo versus los del segundo.

 

c. Estudio multicéntrico europeo

 

En marzo del 2019 se publicó en una revista especializada en el tema (Hypertension) un estudio experimental de un año de duración en el curso del cual evaluaron a 1294 participantes sanos, de edad avanzada (de 65 a 79 años), reclutados en cinco centros europeos, que asignaron por procedimientos de aleatorización en dos grupos: el de intervención, que siguió una Dieta Mediterránea modificada, y el control, que continuaron con su dieta usual.

 

A la conclusión del estudio se pudo comprobar que los varones que siguieron esta particular Dieta Mediterránea se beneficiaron con una reducción relevante de la presión arterial sistólica: 5,5 mm Hg (IC 95%: -10,7 a 0,4; p=0,03), con respecto a los que siguieron consumiendo su dieta habitual. Además, en un subgrupo de 225 participantes (el británico) se apreció una significativa reducción de la rigidez arterial (mejoría del denominado índice de aumento) entre las mujeres del mismo. (16)

 

Aclaremos que la presión arterial no se midió con registros ambulatorios de 24 horas.

 

¿Qué diferencia a la Dieta Mediterránea tradicional de la seguida en este estudio?

 

Pues que a la riqueza en fruta, vegetales, legumbres y aceite de oliva virgen extra de la Dieta Mediterránea se ha añadido un alto consumo de granos enteros y, sobre todo, de proteínas (lácteos bajos en grasa, carne magra y pescado), bajo consumo de sal y suplementos de vitamina D (10 mcg/día.

 

Se trata de una dieta diseñada para reducir el riesgo cardiovascular de europeos de edad avanzada (U-AGE dietary intervention study), (17) que sigue las recomendaciones dietéticas de la Sociedad Americana de Cardiología y del Colegio Americano de Cardiología.

 

Considero importante destacar que a los incluidos en el grupo de intervención se les suministró gratuitamente parte de los alimentos que consumieron: granos enteros, aceite de oliva virgen extra, queso bajo en sal y grasa, margarina rica en ácidos grasos poliinsaturados y suplementos de vitamina D (10 ug/día), a fin de facilitar su adherencia a esta singular Dieta Mediterránea. También recibieron asesoramiento periódico por nutricionistas avezados, mediante entrevistas personales y telefónicas, reforzadas por correo usual y electrónico.

 

El consumo fue evaluado mediante diarios (durante 7 días seguidos) de alimentos ingeridos, al inicio y al año tanto en el grupo de intervención como en el control.

 

Los autores de este trabajo atribuyeron la reducción significativa de la presión arterial sistólica experimentada exclusivamente por los hombres del estudio al hecho de que en ellos, a diferencia de las mujeres, observaron un aumento de la concentración urinaria de potasio y una reducción de la de sodio, indicativas de un mayor consumo del primero y menor del segundo, hechos que contribuyen a reducir la presión arterial.

 

También creen que el mayor descenso de las cifras de presión sistólica con respecto al observado con la Dieta Mediterránea tradicional podría deberse al mayor consumo de proteínas, a los suplementos de vitamina D y al menor consumo de sodio.

 

Aunque en este estudio experimental no se ha reducido la presión arterial diastólica, es necesario destacar que el mayor predictor de riesgo cardiovascular tiene que ver con el aumento de las cifras de presión arterial sistólica.  De forma que el descenso de 5,5 mmHg en la presión sistólica, observado en este trabajo, podría reducir el riesgo de muerte por ictus, enfermedad coronaria y mortalidad por todas las causas en porcentajes del 14%, 9% y 7%, respectivamente. (18)

 

 Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: anchoas, pescado azul rico en ácidos omega-3 de cadena larga (docosahexanoico, eicosapentaenoico), de notables efectos cardioprotectores.

 

Metaanálisis y revisiones sistemáticas

 

Durante el año 2016 se publicaron dos metaanálisis de estudios experimentales que versaron sobre el tema que nos ocupa.

 

El primero, publicado en enero del 2016 en una revista especializada (Journal of Nutrition Education and Behavior), fue de autoría española, perteneciendo los autores del mismo, Lluis Serra-Majem y colegas, a la Universidad de las Palmas de Gran Canaria y al CIBER del Instituto de Salud Carlos III (Madrid).

 

Estos investigadores, tras evaluar 6 estudios experimentales de, al menos, un año de duración, que incluyeron a más de 7000 personas, apreciaron que la Dieta Mediterránea reducía significativamente la presión arterial sistólica (1,44 mm Hg) y la diastólica (0,40 mmHg), con respecto al control, una dieta baja en grasas, Sin embargo, dado la heterogeneidad de los estudios, al pequeño descenso de las cifras de presión arterial alcanzado y al reducido número de estudios evaluados, consideraron que las evidencias halladas son tan endebles como para justificar la realización de más estudios e investigaciones que sustenten conclusiones más sólidas. (19)

 

El otro metaanálisis, también publicado en enero del 2016 en una revista de prestigio (Advances in Nutrition), se evaluó el posible efecto antihipertensivo de dietas saludables como la Dieta Nórdica, la DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension Diet) y la Dieta Mediterránea. (20)

 

Sus resultados fueron más boyantes para los amantes de estas saludables dietas, dado que los investigadores (australianos), después de analizar 17 estudios experimentales, comprobaron que tanto la Dieta Mediterránea como las otras dos mencionadas reducían significativamente las cifras de presión arterial sistólica y diastólica:  4,26 mm Hg y 2,38 mmHg, respectivamente.

 

Efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea: La nuez, el fruto seco más rico en antioxidantes (ácido elágico) es un componente característico de la Dieta Mediterránea.

 

Estos tres modelos dietéticos se caracterizan por el alto consumo de fruta, vegetales, granos enteros, legumbres, semillas, frutos secos, pescado y lácteos, así como un bajo consumo de carne, azúcares y alcohol.

 

Si mencionamos alguna particularidad de alguno de estos modelos dietéticos, destacaremos el alto consumo de bayas y frutos rojos o del bosque, como moras, arándanos y frambuesas, entre los que siguen la Dieta Nórdica, donde el aceite de colza es la grasa más utilizada para cocinar.

 

Con respecto a los frutos rojos, es destacable su riqueza en polifenoles antioxidantes, que podrían contribuir a descender la presión arterial, como ya se ha publicado en algún estudio. (21)

 

La dieta DASH, desarrollada específicamente para frenar la hipertensión arterial, es rica en proteínas y fibra, así como en magnesio, calcio y potasio, en tanto que es pobre en sodio (no más de 3 gramos diarios).  Es, pues, muy abundante en fruta, vegetales, lácteos bajos en grasa, legumbres, frutos secos, semillas y aceite vegetal. En cambio, es pobre en carne y grasas saturadas.

 

Posteriormente, en abril del 2018, se publicó en Nutrients una revisión que evaluó estudios observacionales, experimentales y metaanálisis cuyo objetivo principal fue apreciar la capacidad de la Dieta Mediterránea para reducir las cifras de presión arterial.

 

Los autores de la misma, Giovanni De Pergola y Annunziata D´Alessandro, de la Universidad de Bari, observaron que este modelo dietético es capaz de reducir la presión arterial tanto de sujetos sanos, normotensos, como de hipertensos. Sin embargo, dado que el número de estudios no era cuantioso y la heterogeneidad de los mismos no brillaba por su ausencia, recomendaron que se sigan planificando y desarrollando más trabajos científicos para probar una autentica relación causa efecto. (22)

 

Es obvio que estos metaanálisis y revisiones no contemplaron los boyantes resultados del estudio multicéntrico europeo, de diseño experimental, pues fue publicado más tarde, en marzo del 2019. (16) Como antes referimos, este último estudio mostró cómo una Dieta Mediterránea modificada, enriquecida en proteínas y granos enteros, lograba reducir sensiblemente la presión arterial sistólica (5,5 mmHg) en los varones del estudio, así como mejoraba relevantemente la función endotelial entre las mujeres del mismo.

 

Metaanálisis publicados durante el año 2021

 

Desde el 29 de enero del 2021 está disponible on line (Clinical Nutrition) un metaanálisis, de autoría griega, que evalúa el posible efecto antihipertensivo de la Dieta Mediterránea. (23)

 

Los autores de la investigación, Christina D. Filippou y colegas (Universidad de Atenas) efectuaron un metaanálisis de 35 estudios experimentales (Medline y Cochrane), con 13.943 participantes, que reveló cómo los adscritos al grupo de intervención, con Dieta Mediterránea, experimentaban descensos significativos de las cifras de presión arterial sistólica y diastólica: 1,5 mm Hg (IC 95%: 2,8-01; P= 0,0035) y 0,9 mm  Hg (IC 95%: 1,5 a 0,3; P=0,002), respectivamente, con respecto a los que siguieron las dietas usuales.

 

Este descenso pequeño, pero significativo, fue aún mayor cuando los que consumieron la citada Dieta Mediterránea tenían hipertensión arterial, así como cuando la duración del estudio fue sensiblemente mayor.

 

Posteriormente, en abril del 2021, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Hipertensión arterial (Journal of Hypertension) una revisión sistemática y metaanálisis de estudios experimentales, que evaluaron los efectos de este modelo dietético sobre la presión arterial con respecto al grupo control, y observacionales, que exploraron las asociaciones entre la adherencia a la Dieta Mediterránea y el riesgo de hipertensión arterial. (24)

 

Para ello, los autores de esta investigación multicéntrica británica, Owen R. Cowel y colegas, tras analizar reconocidas fuentes de datos (PublMed, The Cochrane library, EBSCOhost) desde el inicio hasta enero del 2020, seleccionaron 19 estudios experimentales, que aportaron datos de 4.137 participantes, y 16 estudios observacionales, que incluyeron 59.001 voluntarios.

 

Así, el correspondiente metaanálisis (de efectos aleatorios) permitió comprobar que las intervenciones con la Dieta Mediterránea redujeron la presión arterial sistólica y la presión diastólica en 1,4 mmHg (IC del 95%: -2,40 a -0,39 mmHg, P = 0,007, I2 = 53,5%, Q = 44,7, τ2 = 1,65, gl = 19) y 1,5 mmHg ( IC del 95%: -2,74 a -0,32 mmHg, P = 0,013, I2 = 71,5%, Q = 51,6, τ2 = 4,72, gl = 19) versus control, respectivamente.

 

Además, la metarregresión reveló que una mayor duración del estudio y una presión arterial basal más alta se asociaron con una mayor disminución de la presión arterial, en respuesta a nuestra dieta patrimonial (P <0,05), hecho también observado en el metaanálisis griego, previamente referido.

 

Por otra parte, en los estudios observacionales se apreció que una mayor adherencia a la Dieta Mediterránea redujo en un 13% el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, con respecto a una menor adherencia a la misma (IC del 95%: 0,78--0,98, P = 0,017, I2 = 69,6%, Q = 41,1, τ2 = 0,03, gl = 17).

 

“Nuestros hallazgos sugieren que una buena adherencia a una Dieta Mediterránea es una estrategia dietética eficaz para ayudar al control de la presión arterial, lo que puede contribuir al menor riesgo de enfermedades cardiovasculares informado con este patrón dietético”, concluyeron los autores de este estudio.

 

Recomendaciones preventivas de la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial (ISH)

 

En junio del 2020 se publicó la guía de manejo de hipertensión arterial de la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial (ISH) en una revista especializada (Hypertension), (25) en la que se dedicó una sección (8.1) para recomendar modificaciones en ciertos estilos de vida, a fin de reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad (prevención primaria). En realidad, complementan los consejos de prevención primaria de la guía conjunta de las sociedades europeas de Cardiología y de Hipertensión, publicada en el 2018, con algunas matizaciones. Vamos a resumir las ocho recomendaciones de la misma.

 

Reducción de la sal

 

Puesto que existe una fuerte evidencia entre un consumo alto de sal y la hipertensión arterial (26), se aconseja encarecidamente echar menos sal a la hora de preparar alimentos y posteriormente, en la mesa, donde mucha gente utiliza alegremente el salero. También recomiendan evitar o limitar el consumo de alimentos con gran cantidad de sal, como salsa de soja, comidas rápidas y alimentos procesados, incluidos panes y cereales con abundante sal.

 

En la guía europea del 2018 se aconsejó reducir la ingesta de sodio a unos 2 gramos diarios (equivalente aproximadamente a 5 gramos de sal al día) para la población general y, sobre todo, para los pacientes hipertensos (para controlar mejor su hipertensión), cantidades bastante inferiores a las consumidas habitualmente, que oscilan de 3,5 a 5,5 gramos diarios de sodio (que corresponden a 9 a 12 gramos de sal al día).

 

En realidad, la reducción del consumo poblacional de sal es una prioridad sanitaria que requiere el esfuerzo combinado de la industria alimentaria, los gobiernos y la población en general, pues el 80% del consumo de sal procede de alimentos procesados que contienen “sal oculta”.

 

Dieta saludable

 

En esta guía de la ISH abogan a favor de un modelo dietético rico en productos frescos y de temporada a base de frutas, verduras, grasas poliinsaturadas (pescado azul, principal fuente de ácidos omega 3 de cadena larga) y productos lácteos, en tanto que pobre en azúcar, grasas saturadas y trans. También aconsejan aumentar el consumo de verduras con alto contenido en nitratos, que reducen la presión arterial, como las verduras de hoja y la remolacha, así como alimentos ricos en magnesio, potasio y calcio, como los aguacates, nueces, semillas, legumbres y tofu. (27)

 

Los responsables de esta guía se inclinan por la dieta DASH, en tanto que los de la guía europea (2018) recomiendan específicamente la Dieta Mediterránea.

 

Bebidas saludables

 

Esta reciente guía aconseja, sin ambages, el consumo regular de café como una bebida capaz de reducir el riesgo de hipertensión arterial, basándose en una revisión exhaustiva y metaanálisis dosis-respuesta de estudios de cohorte28, publicada en enero del 2018 (Journal of human hypertension) cuyos investigadores,  Chen Xie y colegas, tras seleccionar 10 estudios prospectivos (de PubMed y Embase), que incluyeron 243.869 individuos y 58.094 casos incidentes de hipertensión arterial, observaron que el consumo regular de café se asociaba inversamente con el riesgo de hipertensión, con una evidente relación dosis-respuesta: un 2% de reducción del riesgo con cada taza adicional de café consumido (RR: 0,98; IC 95%: 0,95-0,99). Esto es, un 3% para dos tazas [0.97 (95% CI 0.95–0.99)]; un 5% de disminución cuando se consumen 4 tazas diarias de café [ 0.95 (95% CI 0.91–0.99)]; un 8% de reducción con 6 tazas [ 0.92 (95% CI 0.87–0.98)]; y un 10%, con 8 tazas bebidas diariamente [ 0.90 (95% CI 0.83–0.97)].

 

 

El consumo regular de café exhibe un verdadero efecto antihipertensivo, por lo que se recomienda en la Guía de Manejo de Hipertensión de la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial (ISH) del 2020.

 

Aprovecho para recordar que en este mismo blog, en junio del 2019, se publicó un contenido (“Consumo regular de café e hipertensión arterial: Rompamos un dogma”), en el que analicé los principales estudios científicos que han revelado un efecto antihipertensivo del café, merced a su extraordinaria riqueza en polifenoles del grano verde (ácido cafeoilquínico), el más abundante) de notables efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN, aún más evidentes y potentes en los productos que se obtienen durante el tueste: pirocatecol, melanoidinas y fenilindanos.

 

Ya en la guía europea de manejo de hipertensión arterial del 2013 se consensuó, por primera vez, no desaconsejar el consumo de café en los hipertensos, porque en un metaanálisis previo (diciembre del 2012, Journal of Hypertension) no hallaron ninguna asociación estadísticamente significativa entre el consumo de café y un aumento del riesgo de hipertensión arterial, tras analizar los 15 estudios seleccionados (10 experimentales y 5 de cohorte o prospectivos) de los 160 investigados. (29)

 

Cinco años más tarde, en la siguiente guía elaborada conjuntamente por miembros de la Sociedad Europea de Cardiología y de la Sociedad Europea de Hipertensión Arterial, volvieron a dejar de desaconsejar el consumo regular de café, pues se estaban publicando estudios rigurosos que estaban revelando un efecto cardiovascular protector.

 

El paso dado en la actual guía de la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial (ISH) es aún mayor, pues se pasa, por primera vez, a aconsejar el consumo moderado de café como un estilo de vida saludable, preventivo de hipertensión arterial.

 

Posteriormente, se han publicado nuevos artículos que confirman esta relación amable entre el consumo de café y la presión arterial y, sobre todo, muchos más que muestran cómo su ingesta habitual se asocia con una reducción de la tasas de muerte total y específica por las principales causas de enfermar y morir en el mundo, como también reflejamos en el correspondiente artículo de este blog (enero, 2019).

 

Entre las otras bebidas calificadas de saludables en esta reciente guía internacional, destacan el té verde y negro, el jugo de granada, el hibisco ( té de Karkadé), el jugo de remolacha y el cacao.

 

El ejercicio físico regular exhibe un relevante efecto antihipertensivo, tanto como prevención primaria cuanto complementario al tratamiento médico, además de otros múltiples efectos saludables.

 

Ejercicio físico regular

 

La práctica regular de actividad física aeróbica y de fuerza es otro de los estilos de vida recomendados en todas las guías de salud, tanto para prevenir la hipertensión arterial (y la mayoría de las enfermedades crónicas no comunicables) cuanto como estrategia complementaria al tratamiento médico antihipertensivo.  El dos de enero del 2020 también fue publicado un contenido en este blog del grupo digital Tribuna, en el que describí y analicé los principales estudios científicos que han revelado este hecho: “Prevención y tratamiento de la hipertensión arterial mediante la práctica regular de actividad física”.

 

Moderación del consumo de alcohol

 

La relación entre el consumo de alcohol, la presión arterial, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares es lineal, pues a mayor consumo, mayor riesgo. El consumo excesivo tiene un potente efecto vasopresor e hipertensivo.

 

Un metaanálisis con aleatorización mendeliana de 56 estudios epidemiológicos indicó que la reducción del consumo de alcohol, incluso en personas con un consumo bajo o moderado, puede ser beneficiosa para la salud cardiovascular. (30)

 

Se aconseja a los hipertensos que consumen alcohol que lo limiten sensiblemente o, cuando menos, no beban más de 14 y 8 unidades semanales, hombres y mujeres, respectivamente (1 unidad suele tener 10 gramos de alcohol; 125 ml de vino o 250 ml de cerveza).

 

Además, se recomienda no consumir alcohol durante algunos días a la semana y, por supuesto, evitar siempre el consumo excesivo o los estados de ebriedad. (31)

 

Dejar de fumar

 

El tabaquismo activo es la primera causa de muerte en los países desarrollados, pues incrementa la tasa de muerte por todas las causas. Son múltiples los estudios que han demostrado que es un factor de riesgo de enfermar y morir por procesos cardiovasculares, cánceres, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), esto es, las tres primeras causas de muerte en el mundo, además de causar otras enfermedades.

 

Por ello, dejar de fumar es la mejor inversión en salud.

 

En estas guías, como en todas, aconsejan que la población se beneficie de efectivos programas de prevención y tratamiento del tabaquismo.

 

Reducción de peso

 

El sobrepeso y la obesidad, muy vinculadas al sedentarismo y a comida chatarra, se asocian con un aumento del riesgo de muerte cardiovascular y por todas las causas.

 

En lo que respecta a la hipertensión arterial, hay estudios que han demostrado que el aumento excesivo de peso se asocia con hipertensión arterial, en tanto que su reducción para aproximarnos a un peso ideal reduce la presión arterial. (32)

 

En un metaanálisis de estudios experimentales (Hypertension, 2003) pudo comprobarse que una pérdida media de 5 kilos de peso se asocia con reducciones relevantes de la presión arterial sistólica y de la presión diastólica: 4,4 y 3,6 mmHg, respectivamente.

 

Se recomienda mantener un peso corporal saludable (Índice de Masa Corporal de 20 a 25 para los menores de 60 años, más alto para los mayores) y un perímetro abdominal adecuado (inferior a 94 cm, en los varones; por debajo de 80 cm, en las mujeres), con objeto de prevenir la hipertensión o, en su defecto, para disminuir la presión arterial.

 

Además, la pérdida de peso puede mejorar sensiblemente la efectividad de la medicación antihipertensiva, así como reducir el riesgo cardiovascular.

 

Reducir el estrés mediante meditación y mindfulness

 

Una innovación de la guía de la Sociedad Internacional de Hipertensión es la de considerar al estrés crónico como un verdadero factor de riesgo de hipertensión arterial, recogiendo la información aportada por estudios rigurosos. (34)

 

También resulta innovador el consejo que dan para reducir el estrés crónico: la práctica de meditación y de la denominada atención plena (mindfulness). Se trata de vivir nuestro presente, reconocer nuestra propia experiencia, percepciones y sensaciones, abstrayéndonos, dejando de lado pensamientos sobre el pasado y el futuro, para vivir el aquí y ahora. El asunto no es baladí, pues, por de pronto, ya existen ensayos clínicos aleatorizados que aprecian cómo estas prácticas reducen la presión arterial. (35)

 

En fin, estoy convencido de que estilos de vida saludables como la actividad física regular, aeróbica y de fuerza, y la Dieta Mediterránea contribuyen inequívocamente a incrementar nuestra esperanza de vida en buena salud en su triple dimensión: física, mental y social. Si además degustamos regularmente café de especialidad, miel sobre hojuelas.

                                                                 

 Dr. Félix Martín Santos

 

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Comentarios

María Jesús Hernández 18/05/2021 11:19 #5
Muchas gracias Félix por este artículo tan interesante y práctico. La hipertensión no provoca síntomas claros, es como un enemigo silencioso que se descubre por otros problemas de salud. La presión sistólica aumenta con el paso de los años, por lo que nos recomiendas modificar ciertos estilos de vida. Hacer ejercicio regular y seguir dieta para la hipertensión son buenas armas para combatir los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades renales. La Dieta Mediterránea es como una gran orquesta dónde cada alimento tiene su nota. Polifenoles con propiedades bioactivas, antocianinas presentes en frutos rojos, ácido elàgico de frutos secos, ácidos omega en pescado etc. que con sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios combaten ésta patología. Gracias por ser empàtico.l
Inmaculada Hernández 09/05/2021 11:09 #4
Félix da gusto abrir el artículo y encontrarte con un cesto de suculentos y variados productos de la Dieta Mediterránea, que nos invitan a ser consumidos y que además nos reportan importantes beneficios saludables. Me han encantado las ocho recomendaciones finales que compendian todo aquello que favorece una mayor calidad de vida y disfrute de la misma. Félix gracias por tus palabras de aliento respecto a la pandemia de la COVID19 y a tus deseos de recuperar el disfrute de compartir una dieta y bebidas saludables en buena compañía y con manifestaciones de cariño. Félix gracias por explicarnos tan bien el concepto de hipertensión, las características de la Dieta Mediterránea y las conclusiones obtenidas de rigurosos estudios científicos sobre los efectos preventivos de esta Dieta sobre la hipertensión arterial. Me parece genial la importancia que señalas sobre el desarrollo de campañas de prevención, detección y tratamiento de la hipertensión.
Mariano 08/05/2021 00:56 #3
🏀🏀🏀🏀
Jesus Mª Martínez Sáiz 06/05/2021 19:36 #2
Estimado Félix: Me ha gustado mucho tu articulo. Quería añadir mi experiencia basada en tu artículo. Sufrí hipertensión durante casi 20 años y medicándome diariamente. Ahora, desde hace 2 años tengo la tensión bastante normal, y no tomo medicación. Todo ha sido gracias a una serie de pautas que he ido desarrollando y en parte también gracias a tus sabios consejos. Lo que he hecho ha sido lo siguiente. Media hora al día dedicada a pasear. Tomar suplemento de omega 3 (EPA y DHA), magnesio , vitamina D+K2 y especialmente llevar una Dieta Mediterránea de la que tan bien hablas de ella. El café ( rico en magnesio), riqueza en fruta, vegetales, legumbres y aceite de oliva virgen extra, bajo consumo de sal, frutos secos, pescado azul, etc.... Muchas gracias Félix por divulgar tus conocimientos.
Juan Gómez Arbeloa 06/05/2021 08:58 #1
Es reconfortante ver la gran cantidad de efectos saludables que tiene la Dieta Mediterránea, en este artículo, su efecto preventivo de hipertensión arterial, que afecta casi a la mitad de gente. Es indudable, como siempre dices, que para vivir más y con buena calidad de vida es imprescindible seguir buenos estilos de vida, como practicar deporte o ejercicio físico, comer bien, productos frescos y de temporada, y tomar buen café, algo que la mayoría desconocíamos, pero que ahora vamos conociendo con todos tus artículos, al igual que lo del chocolate rico en cacao (esto sí que lo he controlado desde hace tiempo). Lo del efecto anitihipertensivo del café es un acicate, pues la mayor parte de los médicos te lo quitaban, en tanto que tú demuestras que reduce el riesgo de hipertensión, como así rubrican las principales guías internacionales de manejo de hipertensión, como la última, la del 202o, de la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial. Muchas gracias por tu gran labor divulgativa.

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