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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Tribuna de Salamanca

Luciano Muriel, en el azulado parnaso

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El autor-creador Luciano Muriel ha logrado crear una trayectoria ejemplar, construyendo un espacio de comunicación teatral repleto de referentes literarios y de influencias artísticas relacionadas, en parte, con su formación en la emblemática RESAD; entre el ilusionismo y el antiilusionismo, se reconocen en él inclinaciones por todas las artes, por la transversalidad.

 

La huella azulada sobre la piel, se ilumina con la paradójica bombilla de derivación dadaísta y surrealista, para revelar la narrativa de sus objetos poetizados; objetos ambivalentes en un reino vegetal y animal, ocasionalmente pétreo que, unido a su paisaje ancestral, marcan el carácter de paradigmas y de determinaciones.

 

Atentos, seguiremos el camino de Luciano, con la esperanza de conocer sus procesos creativos y su capacidad de inculcar a sus actores la capacidad de ESCUCHAR, esencial en la vida y en el teatro, como insistía Miguel Narros en sus creaciones.

 

Ante los planos de los tiempos teatrales, inscribo a Luciano entre las tres escenas vitruvianas, desde la certeza de reconocer a un artista mago(mágico) en la elaboración de la estructura del drama y de los grados-capas de los personajes.

 

 

¿Cómo surge la inclinación por las Artes Escénicas, por el Teatro?

 

Supongo que mi llegada al teatro fue un proceso de lo más natural e improvisado. Desde niño he participado siempre en las actividades teatrales escolares, pero no fue hasta la adolescencia cuando me planteé que quizás podría sumergirme en el mundo de las Artes Escénicas desde la escritura y no desde la interpretación, como suele ser lo habitual. He coqueteado con diferentes disciplinas dentro de la literatura, como son la novela, el relato, incluso la poesía; pero al final donde más cómodo y realizado me he sentido ha sido en el teatro.  

 

Descúbranos a sus maestros.

 

Me he formado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y por ello puedo presumir de haber tenido excelentes profesores. En cuanto a la parte de escritura dramática he podido beber de la sabiduría de Itziar Pascual, Ignacio García May, Yolanda Pallín o Julio Escalada; pero también he tenido la posibilidad de acercarme a la dramaturgia desde otros lugares gracias a profesores como Pedro Víllora, José Luis Raymond, David Ojeda, Pablo Iglesias Simón, Daniel Sarasola, Juan Antonio Vizcaíno  o Margarita Piñero. De todos estos y muchos más he podido conocer diversas visiones del hecho escénico.

 

Ha recibido premios, indique los reconocimientos más destacados.

 

Para mí el más especial fue sin duda el Premio Nacional de Teatro “Castelló a Escena, el cual obtuve en 2016 con mi obra Vals para el pez piedra. No considero que haya premios más importantes que otro, pero en este caso era el primer galardón que recibía y lo recuerdo con mucha emoción por lo bien que me trataron en el Ayuntamiento de la ciudad. Fue, sin duda, un punto de inflexión en mi carrera. También supuso el pistoletazo de otros premios que vinieron casi seguidamente, algo que me ha ayudado mucho a visibilizar mi trabajo.

 

¿Qué les pide a sus actores?

 

Es una pregunta que ahora me hago mucho puesto que estoy inmerso en las audiciones para Grantaire, mi próxima obra inspirada en este personaje de Los miserables. En realidad no pido nada que no me pida a mí mismo. Ante todo, honestidad. Creo que es imposible hacer buen teatro si uno como artista no es honesto consigo mismo y no es capaz de mostrarse ante el público sin carcasas. Para mí es algo fundamental. Por supuesto, también les pido dinamismo, capacidad de crear y proponer, de implicarse profesional y emocionalmente en el proyecto. Me gusta trabajar con actores que se obsesionan con sus personajes tanto como yo. Así ha sido cuando he dirigido otros de mis textos como Luz frágil o Desde el Azul. No sé si a la larga resultará enfermizo, pero hasta el momento es lo único que me ha funcionado.

 

¿Cómo valora el espacio escénico en sus obras?

 

Concibo el teatro como un rito sagrado, una liturgia. Por tanto para mí el escenario solo se debe llenar de elementos que sirvan para representar una idea superior que adquiera trascendencia; ya sean personas, objetos o palabras. Todo ha de encerrar un mensaje, una reflexión. Resulta muy interesante que, en estos tiempos donde todos nos empeñamos en hablar y opinar sobre todo, el público siga dispuesto a sentarse durante una hora a escuchar. A escuchar y a nada más. Creo que es algo que debemos aprovechar, pues no contamos con muchos más medios donde el interlocutor esté dispuesto a recibir una opinión hasta el final sin la necesidad o la tentación de interrumpir.

 

Describa Ávila.

 

Pues, para empezar, es la ciudad donde he nacido y la tierra en la que me he criado. Todo mi imaginario está conformado de sus paisajes y personajes. Yo provengo de Arévalo, y allí fue donde pude desarrollarme como ser humano y como creador, algo por lo que me siento muy agradecido. Por otro lado, a menudo me lamento del yermo cultural en el que he crecido. Por fortuna, yo he sentido siempre una pulsión muy fuerte por lo artístico, sin embargo sentía que no había un lugar donde saciar mi inquietud. Nunca fue un aspecto que se fomentase desde las instituciones, y siempre era complicado sacar adelante alguna actividad cultural. Por eso, a día de hoy intento que todos mis textos lleguen de una manera u otra a los habitantes de Arévalo. Sin ir más lejos, mi última novela Havana Dream Resort fue presentada oficialmente en la Casa del Concejo arevalense el pasado mes de mayo. Gracias a estas iniciativas que se impulsan desde asociaciones culturales como La Alhóndiga, La Queda o Arévalo se mueve, los ciudadanos gozan de unas actividades de las que hace años no había rastro.

 

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