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El base atómico

Saúl Asensio

PRINCE: Idilio con un artista total

Prince detail

Todavía recuerdo perfectamente cuando me monté en aquel tren, era de noche y el recorrido me lo iba a pasar durmiendo o dándole vueltas al coco en el coche cama hasta llegar a mi destino, la ciudad de La Coruña. Me subí con las ganas a tope y la emoción de un quinceañero, que por otra parte es lo que era. Conmigo estaba mi padre, al que siempre agradeceré que me acompañara y el esfuerzo que hizo por ser parte de la ilusión de su hijo, superando las dificultades que en el día a día le dejaba la medicación y su enfermedad crónica. 

El motivo de ese viaje era un acontecimiento musical, el concierto de un genio, un artista total que componía, cantaba, bailaba, actuaba y tocaba multitud de instrumentos, por el que en aquellos años estaba cautivado y lo sigo aún, aunque alejado del fenómeno fan.

 

Era el verano de 1990 y mi idilio con este mito estaba en su momento álgido. La verdad es que con Prince Roger Nelson tuve una relación muy intensa, que apareció casi de repente, después de ver en casa de mis abuelos un concierto en La2 de TVE de la gira Lovesexy, que partía de su original décimo disco de estudio. Fue un 9 de septiembre de 1988 y tuvo lugar en Dortmund, por aquel entonces aún Alemania Federal.

 

Lo que presencié delante del televisor me encantó. La madurez me ha hecho catalogarlo como el show más completo que he visto hasta ahora y eso que he podido disfrutar en directo y no sólo por tv de varios artistas o grupos increíbles como por ejemplo Michael Jackson, mi primer gran concierto in situ -gracias desde aquí a mis tíos que me llevaron, me lo pasé como un enano junto a mi prima Noemí- al que asistí ese mismo 1988 en el Estadio Vicente Calderón y años después repetí en Oviedo, o Depeche Mode, a los que he degustado también dos veces ya con más edad.

 

Por lo alucinante de aquel repertorio mi gusto por Prince creció de la medianía al todo en cuestión de poco. Porque aunque ya me llamaba la atención, aún estaba en proceso de conocimiento de su discografía y trayectoria y poco más me sonaba de él que los clásicos Kiss, Purple Rain, Raspberry Beret o Sign O´ the Times. Ese efecto fulminante que tuvo Prince sobre mí no he vuelto a experimentarlo con ningún artista y pude compartirlo con algunos amigos y compañeros de mi cole, el San José, que tan deslumbrados como yo, nos dibujábamos a boli en los vaqueros los símbolos integrados de Prince. 

 

Por detallar un poco más el concierto en Dortmund, que desde hace poco está en Youtube incluyendo la emisión que hizo TVE, diré que la presentación fue impecable. Un escenario que se transformaba simulando un parque y que incluía un vistoso coche y una canasta, secundarias sobresalientes -Cat, Boyer y Sheila E.-, músicos de excelente nivel y un ritmo trepidante, mezclando actuación, baile y cabaret, así como sus variados temas donde han tenido cabida estilos como el funky, blues, jazz, pop, rock and roll, rhythm and blues, psicodelia y lo clásico, interpretado magistralmente al piano, a la altura de lo que muy pocos han sido y serán capaces de hacer. Durante dos horas pudimos asombrarnos con el Prince más genial, barroco, provocador y original, que aprovechaba para rendir tributo a ídolos que le influyeron como James Brown o Elvis Presley y paralelamente exhibía su fe religiosa en contraposición a su faceta más sensual. Todo ello hasta alcanzar la comunión absoluta con el público en un final apoteósico donde sonaron casi de corrido algunos de sus éxitos más rotundos como Let´s Go Crazy, When Doves Cry, Purple Rain, 1999 o Alphabet Street.

 

Una explosión creativa con que la que consiguió dejarnos con la boca abierta. Tanto a los millones de espectadores que lo estábamos viendo por la pequeña pantalla -se emitió en directo para varios países- como a los 15.000 asistentes que abarrotaban el Westfallenhalle creando una atmósfera increíble. Prince no pudo traer su gira a España ese año, por los kilos que habría tenido que soportar el techo de la sede del concierto y quizás también por cuestiones de caché que ningún promotor quiso asumir, aunque se había planteado que pudiera actuar en el velódromo de Horta (Barcelona) aún siendo una instalación exterior.

 

Pero el genio sí llegó por fin en verano del 90, así que avancemos un poco en este flashback y volvamos al domingo 29 de julio en tierras gallegas, con mi padre y yo a pie de escenario ya dentro del estadio del colegio de los Jesuitas Santa María del Mar. Al lado de la ría de O Burgo, era un lugar insólito para una cita de ese calado, pero las malas relaciones en ese tiempo del gobierno municipal con el Deportivo impidieron utilizar Riazor. Me enteré que el concierto lo iba a emitir la Televisión Gallega y como curiosidad se dijo que Prince pidió un camerino con moqueta color tierra y una serie de acondicionamientos incluida cámara de oxígeno. Excentricidades de estrellas.

 

 

Llegamos pronto, calculo que dos horas antes cuando el inicio estaba previsto a las 21:00, con el respeto de la climatología y sin la amenaza de una lluvia muchas veces presente en Galicia. La primera impresión fue el buen ambiente en los alrededores de un complejo amplio aunque con poco graderío. Había bastantes extranjeros, yo creo que británicos, alemanes y holandeses en su mayoría, que se habían acercado a ver a un artista con bastantes admiradores por esos pagos. Me compré la guía de la gira Nude Tour, que así se llamaba, una camiseta que aún conservo ya bastante raída y descolorida y nos colocamos lo más cerca que he estado nunca de un ídolo internacional de la música.

 

Lo primero que me llamó la atención fue que el escenario era rectangular y frontal y no circular y en el medio del recinto como el de la gira Lovesexy. Frente a él esperamos de pie mi padre y yo viendo como poco a poco nos rodeaba cada vez más gente. En las crónicas se comentó que 25.000 personas asistimos al concierto y eso que a algo más de 100 km (en Vigo) estaba actuando Madonna.

 

Entonces llegó la hora y Prince apareció en escena catapultado por un cegador juego de luces y su nombre en letras gigantes. Sentí una profunda emoción y me puse a saltar como un loco con el primer tema The Future del álbum Batman. Una vez superada la por así decirlo, histeria inicial, me fui fijando en los detalles, el aspecto de Prince era espléndido y fiel a su estilo con sus característicos tacones y un vestuario arriesgado flirteando con lo ambiguo. Se había dejado una arreglada barba de varios días y lucía melena lisa. Pronto sacó su tarro de las esencias, esas que se guardan en frasco pequeño como el propio protagonista. Cantó, bailó a ritmo frenético, tocó el piano y la guitarra y dio todo el recital del Prince ecléctico y sensual que conocíamos además de interactuar constantemente con el público… La Coruna do you love me…

 

También comprobé que a pesar de los roces previos con algunos de ellos, mantenía a varios de sus talentosos músicos como Levi Saecer Jr. al bajo, Miko Weaver a la guitarra y Dr. Fink en los teclados, que ya conocía del anterior tour, además de presentar la novedad de una voz increíble como la de Rosie Gaines, junto a un espectacular trío de bailarines.

 

La pena es que no estaban la percusionista Sheila E. ni la coreógrafa y vocalista Cat Glover, que tuvieron un papel muy relevante en la gira Lovesexy y a las que me habría gustado poder ver de cerca por su carisma y atractivo. Tampoco estaba Boni Boyer (en este caso se notó menos gracias a Rosie Gaines) ni la sección de viento que había tenido mucho peso y aportado calidad melódica al concierto del 88 en Dortmund.

 

Disfrutando a tope de ese acontecimiento se me pasó volando, no tanto a mi padre, que acabó un poco cansado, aunque la verdad es que tampoco duró demasiado porque se fue poco más allá de la hora y media. Prince varió el listado de temas en relación a la gira anterior y aquí introdujo algún éxito más reciente como Nothing Compares to U y tocó otros, Baby I´m a Star o el emocionante Take me with You ausentes de la gira Lovesexy, sin dejarse fuera los míticos Purple Rain, Kiss o 1999 y ofrecernos una curiosa versión de Alphabet Street. Eché de menos otras canciones en el repertorio pero me fui contento y me compensó el viaje eterno en tren hasta La Coruña, las 8.000 pelas de las entradas y la asequible habitación que pagamos, satisfecho de haber podido ver muy de cerca al pedazo de artista al que admiraba.

 

De vuelta a Valladolid a la mañana siguiente, seguía pensando que había cumplido un sueño y en un Prince que no me defraudó en absoluto. Sin embargo, ya en el mismo estadio fui consciente de que ese concierto no me había fascinado como el del Lovesexy Tour, que contó con mayores medios y estructura, pero que sí presenciamos una actuación especial, genuina, talentosa y próxima al público aunque fuera más sobria en lo escenográfico y menos atractiva en las formas.

 

Ese genio cambiante, el primer artista del siglo XXI según dijeron a finales de los 80, que evolucionó manteniendo sello y estudio propio, Paisley Park, y que hoy traigo a mi blog, se nos fue a los 57 años el pasado 21 de abril cerca de su ciudad natal, Minneapolis. Su inesperado fallecimiento paradójicamente me hizo rememorar bonitos recuerdos, pero ha convertido este 2016 en un año triste para la música, que abrimos con la pérdida del camaleónico y polifacético David Bowie, un renacentista extraterrestre y también icono absoluto aunque distinto a Prince, y lo cerraremos -confío en que no tengamos que lamentar la muerte de ningún otro- con la más reciente, la de un caballero elegante en el estilo y la voz, el poeta Leonard Cohen, que por cierto a mi padre le gustaba mucho.

 

Para perpetuar el legado musical de alguien único como Prince entre las siguientes generaciones estamos nosotros. Su obra ha quedado ya para la eternidad y podré seguir disfrutándola y recomendándola para honrar la memoria de un artista superlativo e irrepetible que marcó una bonita época de mi vida.

Comentarios

Loviu 21/04/2017 02:32 #1
Prince marcó una era inolvidable Marcado en el corazón Eterno

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