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El base atómico

Saúl Asensio

Juan Antonio Cebrián: Maestro en la distancia

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Debo reconocer que llevo tiempo queriendo escribir este post, fue uno de los primeros que deseaba que tuvieran sitio en El base atómico, al menos en esta segunda etapa, más heterogénea que la primera que estaba muy orientada al baloncesto.

Quizás porque a través de estas líneas van a irme viniendo a la memoria vivencias, recuerdos y emociones, también anécdotas pasadas y algunas peripecias junto a mis queridos amigos Magestros. Considero además que es un buen punto y seguido para tomarme un tiempo e ir cogiendo ideas, aunque seguro que El base atómico no tardará en regresar.

 

Y es que parte de mis inquietudes actuales se las debo a la radio. Siempre me apasionó, es un medio de comunicación por el que siento un profundo respeto, el que para mí tiene más encanto, y que me ha acompañado prácticamente toda mi vida desde que empecé a escucharla siendo un crío en casa de mis abuelos, donde nunca faltaba. Por fortuna vengo haciendo en ella mis pequeños pinitos y en esta temporada me he vinculado nuevamente a través de mi colaboración con la SER, hablando de baloncesto en el programa Ser Deportivos Valladolid.

 

Escuchar la radio fue despertando mi curiosidad por el conocimiento y explorando sus nuevas ofertas a principios de los 90 descubrí la voz de Juan Antonio Cebrián (Albacete, 1965-Madrid, 2007). Fue allá por octubre de 1991, momento en que ya caminaba un nuevo espacio -ahora de culto- en las madrugadas de la recién creada Onda Cero. Se llamaba Turno de Noche.

 

Encontrarme con Juan Antonio supuso una revelación. Poco a poco se convirtió en un referente y maestro en la distancia, profesor en mi proceso de madurez en el que tuvo una influencia muy positiva y llegó a ser muy familiar. Su figura de admirado y extraordinario comunicador y divulgador fue causa importante para que me mantuviese alerta en el aprendizaje diario.

 

Cebrián contaba la historia como nadie, así que era imposible no sentirse atraído hacia ella. Pero además era un periodista y escritor ilustrado con altas capacidades; dos máster en comunicación, colaborador en diversas publicaciones como El Mundo, la Revista de Arqueología, Muy Interesante o Enigmas y un extenso bagaje literario que incluye obras muy recomendables, que fueron éxito de ventas, como Pasajes de la Historia, La Cruzada del Sur, La Aventura de los Godos, Pasajes del terror: Psicokillers asesinos sin alma o El Mariscal de las Tinieblas, entre otras.

 

En lo personal era un ejemplo de superación, lo demostraba cada día a pesar de una ceguera que no le impedía sacar adelante sus programas brillantemente y sin guión, tirando de una memoria prodigiosa. Transmitía amabilidad, parecía ser una persona sencilla y tolerante, siempre dispuesta a ayudar. Emanaban de él valores como el respeto y la solidaridad y no estaba exento de buen humor y una creativa ironía con la que siempre me identifiqué. A mí como a muchos, Cebrián nos sedujo totalmente. Hacía que de madrugada todo sonase distinto y que mereciera la pena quedarse hasta las tantas.

 

Volviendo a aquel Turno de Noche, se trataba de una propuesta revolucionaria que entró como un soplo de aire fresco en unas madrugadas más dadas a los espacios casposos, enlatados o de repetición de la parrilla diaria. Enseguida me enganché al programa como otros estudiantes de bachillerato y universitarios, que contribuimos a variar el perfil que se tenía en la época del oyente nocturno.

 

En ese innovador espacio cabía una amplia e interesante temática como la ciencia y el espacio, el cuidado del medio ambiente y el respeto a la naturaleza y los animales; también el mundo de la cultura, cine, comic, música, misterio y terror, humor y como no, la historia, con sus fabulosos Pasajes. Entre sus colaboradores estuvieron personas de peso en diversas disciplinas, como Miguel De la Quadra-Salcedo, Germán de Argumosa o José Manuel Escribano. Juan co-presentaba en una primera etapa junto a César Cid, apoyado entre otros en su inseparable compañera Silvia Casasola y más adelante también en Mar de Tejeda. En la sección de humor, muñecolandia, aparecieron algunos personajes como el maestro Sombrita, vidente, contactado y hombre espectáculo mitad freak mitad underground, que se convirtió para muchos de nosotros en un absoluto icono.

 

Antes de la despedida de Turno de Noche, Juan Antonio organizó el 5 de julio de 1997 una multitudinaria “Alerta Ovni” para intentar documentar algún avistamiento en 450 lugares diferentes de dentro y fuera de España. En ella hubo una masiva participación con más de un millón de oyentes, colaborando entre otros los veteranos y conocidos investigadores Juanjo Benítez, Fernando Jiménez del Oso y Enrique de Vicente, y coordinando algunas de las diversas quedadas los hoy populares y televisivos Iker Jiménez (Planetario de Madrid) y Pablo Motos (Valencia).

 

Después de más de 1.500 emisiones, en septiembre de 1997 Turno de Noche dio paso a La Rosa de los Vientos. Un proyecto necesariamente diferente y arriesgado avalado por el propio Juan Antonio Cebrián que con disciplina y fidelidad a la que consideraba su casa, Onda Cero, transformó los contenidos clásicos de su predecesor para revitalizar una muy distinta franja horaria, sábado tarde y domingo por la mañana. En 1998 en la sesión vespertina del sábado el programa pasó a denominarse “La Red” con el objetivo de captar a los oyentes-usuarios de un incipiente internet.

 

Pero ahí seguimos los murciélagos de Turno de Noche, en ese momento ya rosaventeros, fieles a nuestro Cebri y a su renovado producto radiofónico que obtuvo unos sensacionales datos de audiencia. Reforzaron el espacio Carlos Canales y Jesús Callejo, que dieron un salto de calidad aún mayor a las heterogéneas secciones en las que intervenían por ejemplo Paco Clavel, Nacho Sierra, Fernando Rueda o Manu Leguineche.

 

Ubicados posteriormente otra vez en las madrugadas y con el grupo Mägo de Oz como embajador musical, Juan Antonio y su Rosa recuperaron parte de la esencia del mítico Turno de Noche para alegría de sus incondicionales. Ya entrado el Siglo XXI se incorporó Luján Argüelles, sin embargo nos llevamos un buen susto cuando en septiembre de 2003 Juan Antonio anunció que La Rosa dejaba de emitirse al no llegar a un acuerdo con la cúpula de Onda Cero. Tras la presión de los fieles y varios especiales en Navidad y Semana Santa más un programa puente en el periodo estival, La Rosa volvió espléndida para vivir una histórica campaña 2004-05. Cinco ediciones semanales de domingo a jueves. Estábamos de suerte como en los tiempos de Turno de Noche. Asimismo, al comienzo de esa legendaria temporada apareció un CD recopilatorio con los temas musicales más emblemáticos del espacio, un libreto con varios Pasajes y un audio con la sintonía del programa y la historia narrada por Cebrián del héroe escocés William Wallace.

 

En aquella época, recuerdo como después de un día de trabajo largo en una de mis pasiones, el baloncesto y en el club de mi ciudad, el CB Valladolid, me refugiaba en La Rosa antes de descansar. La voz de Juan me servía de desconexión para cargarme de energía y el programa fue mi oasis radiofónico particular.

 

El ejercicio siguiente y debido al desgaste sufrido por Juan y su gente y la dificultad de conducir y llenar un espacio tan rico de contenidos en horario tan exigente, La Rosa retornaba a partir de septiembre de 2005 al fin de semana, eso sí, con Juan Antonio liderando como siempre y transmitiéndonos toda su ilusión y entusiasmo.

 

Y así transcurrieron dos años hasta aquel día fatídico, el 20 de octubre de 2007. Yo me disponía como cualquier sábado noche a disfrutar en directo mi programa favorito. Pero no fue la voz de Juan Antonio la que escuché y me extrañó. Su compañero Patrick D. Frutos, anunciaba algo que nunca quise pensar que ocurriría.

 

El fallecimiento de Juan Antonio me dejó helado. Tan inesperado que no podía creerlo. Quería pensar que me había quedado dormido y que fue un mal sueño. Pero no, Cebri se fue para siempre de repente sin despedirse, como aquellos genios que se marchan en el anonimato, tal como él decía.

 

Recuerdo que estaba terminando un curso en materia de comunicación, suerte que lo había rematado, y que estaba ordenando los folios para la entrega. Nervioso me puse a cambiar el dial a la SER y RNE donde compartían hora otros programas de similar temática. Ellos también se habían hecho eco de la terrible noticia. Un traicionero infarto durante una celebración familiar nos dejó huérfanos de alguien joven, tremendamente admirado y querido, y con mucho camino aún por delante, al que nunca conocí personalmente pero al que sin embargo siempre había sentido muy cercano.

 

Al día siguiente de la desaparición de Juan una edición durísima, triste y difícil, de La Rosa recordaba su figura, con muchos emotivos testimonios de los que fueron sus colaboradores. Un programa también dedicado a su esposa e hijo, para que Alejandro recordara la figura del gran hombre que fue su padre cuando llegara el momento preciso. Parecía imposible que La Rosa siguiera adelante sin Juan pero…

 

Como él hubiera querido, con el alma del programa entre bastidores, Silvia Casasola, y el que poco a poco se había ido convirtiendo en su mano derecha, Bruno Cardeñosa, La Rosa de los Vientos tomó un nuevo impulso y siguió adelante manteniendo por algún tiempo el estilo y equipo con Martín Expósito en la redacción y con la colaboración de Carlos Canales, Jesús Callejo o Juan Ignacio Cuesta, y las secciones temáticas de José Manuel Escribano y Fernando Rueda, estos dos últimos que continúan en el formato actual.

 

Juan Antonio además iba apareciendo en determinados momentos del programa con sus Pasajes de la Historia y con motivo del X Aniversario de La Rosa que se celebraba precisamente ese año 2007. Era una manera de que siguiera entre nosotros, de continuar escuchando su voz, de disfrutar de su obra y honrarle como se merecía. Mañana viernes se cumple el décimo aniversario de su muerte pero yo le mantengo muy presente, a través de los programas antiguos que aún conservo. Volver a disfrutarle en su Rosa tantas veces como puedo con su característico saludo inicial, es ciertamente gratificante.

 

Aunque irremediablemente y con el paso del tiempo, sin Cebrián, el programa fue evolucionando progresivamente con cambios en los colaboradores y modificando en parte el formato. Ahora es una Rosa diferente que cumple 20 años este 2017, pero que cada madrugada de sábado y domingo cuando suena su sintonía extraída de la BSO de la película “El inglés que subió una colina pero bajó una montaña”, me sigue provocando una agradable sensación.

 

A través de estas líneas he querido recordar y presentar a los que no le conocieron a este referente de la comunicación. Aunque éramos y somos legión los rosaventeros, quería dejar constancia de la trayectoria y obra de Juan Antonio y que se valore el legado de un renacentista, un hombre extraordinario al que sus seguidores nunca olvidaremos.

 

Gracias por todo maese Cebrián ¡Fuerza y Honor!

Comentarios

Morgana Avalon 20/10/2017 13:48 #1
Magnífico post. Luminosa presencia la de Juan Antonio Cebrián. Su legado le define. Su alegría le identifica. Fuerza y Honor a su memoria.

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