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El base atómico

Saúl Asensio

Héroes de epopeya

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Un CBCV que no partía como favorito y limitado en lo presupuestario y en medios con respecto a otros, podría asaltar la cumbre de un ascenso.

Este sábado se cumplen 30 años del inicio de un acontecimiento singular. Un evento de esos que se te quedan marcados para siempre y donde un David semidivino pudo con el inmenso Goliath. Fue un Eurobasket mítico al grito de ¡Hellas! ¡Hellas!, disputado en la cuna de la cultura clásica un mes de junio de 1987 y en el que se rompió la hegemonía predominante de soviéticos, yugoslavos e italianos. Un grupo de hoplitas espoleados por un país entero hicieron que lo inesperado ocurriese y con ellos desde la distancia, todos los aficionados al baloncesto subimos a lo más alto del Olimpo.

 

Pero antes de sintetizar las peripecias de una selección de héroes contemporáneos, en el presente y aquí cerca, Valladolid también podría vivir el próximo fin de semana un acontecimiento épico con ciertas similitudes. Un CBCV que no partía como favorito y limitado en lo presupuestario y en medios con respecto a otros, podría asaltar la cumbre de un ascenso.

 

Y es que el Ciudad de Valladolid está terminando la temporada LEB Plata como un cohete teniendo la oportunidad se sellar de manera feliz su odisea particular en Pisuerga frente a un reforzado Zornotza. Seguro que no soy el único al que le ha parecido que el serbio Vucetic es un jugador determinante para esta competición, junto al campeón de Europa U20 De la Rúa y a los Cotonou Cadot y Mutakabbir así como el alero Salazar, hace de los vascos un cuadro de primerísimo nivel Plata. Aún así, los carmesí luchando contra los elementos, han arrebatado el factor cancha a su oponente ganando el primer choque de las finales en el fortín vizcaíno de Amorebieta.

 

De la larga temporada que está viviendo el Comercial Ulsa ya se ha hablado mucho, con altos y bajos, tiras y aflojas y desgaste y cansancio acumulados. Finalmente los que aún dudaban han entendido que un entrenador del máximo representante del baloncesto de Valladolid debe pedir exigencia máxima a su equipo, amateur o no, la misma que a él le van a demandar desde la directiva.

 

Paco García ha tamizado a una plantilla vallisoletanizada hasta sacarla elixir. El grupo terminó por entender en el minuto 1 después de Albacete todo lo que significa llevar a cuestas el nombre de su ciudad. El coach es el máximo responsable de esta compleja transformación, hasta modelar y hacer andar trecho a trecho al nuevo Prometeo. Paco García ha aplicado su filosofía de entrenador de élite, ha tirado de su experiencia confiando plenamente en que su método es el que conduce al éxito. Pase lo que pase ya en las finales LEB Plata el rendimiento y resultados del equipo le ha dado la razón.

 

A estas alturas el CBCV ya no necesita un acicate extra, no hay nada más estimulante que jugar esta final por el ascenso en la que el cuadro carmesí está en dinámica ganadora, pero no está de más echar la vista atrás y motivarse con el periplo de aquella Grecia onírica que organizó un torneo atípico desde su introducción, que tuvo un nudo sorprendente y cuyo desenlace fue apoteósico hasta alcanzar un éxtasis a la altura de las grandes obras clásicas.

 

Salvando las distancias en esta curiosa comparación, que evidentemente las hay y muchas, la Grecia del 1987 era un equipo construido de manera diferente al Ciudad de Valladolid. Los helenos tenían a sus líderes en la pista, sin desmerecer a un prestigioso técnico como Costas Politis, mientras que el Ciudad de Valladolid tiene su génesis en la dirección desde el banquillo a partir del cual varios miembros de la plantilla exhiben galones y roles en cancha y vestuario.

 

Está mal mirarnos en el espejo de ese irreductible combinado griego, el que atrapara hace casi tres décadas un sueño inalcanzable, aquel que supo subirse a un tren en marcha antes de tiempo adelantándose al transcurrir natural de las cosas. Ese Eurobasket elevó a los altares a un país entregado a su selección a la que convirtió en invencible como el poderoso Aquiles.

 

Haciendo un rápido análisis de las virtudes de aquellos protagonistas de epopeya, decir que el liderazgo descansaba en dos estrellas internacionales con raza, carácter y hasta el extremo ganadores como Nikos Gallis (incluido en el mejor quinteto del campeonato) y Panagiotis Giannakis, que después haría carrera como coach. A ellos les acompañaban otros dos talentos más jóvenes pero ya con un papel clave, Fanis Christodolou y la araña Panos Fassoulas (junto a Gallis en el 5 ideal del Eurobasket). Un grupo de obreros los complementaban. Los Ioannou, Romanidis, Andritsos o Kambouris (autor en la prórroga de los tiros libres que sentenciaron a los soviéticos) tuvieron un papel fundamental. Del resto llamaba la atención la calidad del infrautilizado Stavropoulos y la solvencia de Filippou, que se pasó el Euro renqueante por una lesión.

 

Gallis era el terrible ejecutor, la referencia absoluta de su selección, capaz de anotar compulsivamente e irse a los ¡37 puntos por partido! con un 1x1 imparable. Panos Giannakis era el fiel reflejo de como sufrir cada victoria y pelear hasta el paroxismo como si de un martirio se tratase, su intensidad defensiva (2º en robos, 2.7), inteligencia (1º en asistencias, 2.1) y triples inverosímiles ejercían de bálsamo en momentos delicados.

 

Pero aquella Grecia no apareció exactamente de la nada aunque su Oro europeo sí fue un acelerón repentino, colofón a unos años de progresivo crecimiento en los que se había ido ganando un lugar más o menos estable en eventos continentales como los Eurobasket del 81 y 83 y después realizando un competitivo Preolímpico 84, clasificatorio para los juegos de Los Ángeles. Tras quedar sorprendentemente fuera del Eurobasket 85, renació en el Mundobasket de España 86, donde a punto estuvo de dar un susto al combinado de Don Antonio Díaz Miguel.

 

Rememorando el torneo he comprobado que frases que hoy tanto se utilizan como elemento motivador, por ejemplo tener fe o creer hasta el final, en ese mes de junio de 1987 cobraron su concreto significado y se hicieron realidad. Era la primera vez que una plantilla muy inferior a sus rivales en la lucha por las medallas los superaba gracias al coraje, la intensidad máxima todo el encuentro y la confianza en sus posibilidades. Sus victorias ante Italia en cuartos (90-78), Yugoslavia en semis (81-77) y la URSS en la final (103-101) son historia de nuestro baloncesto.

 

El Eurobasket´87 se celebró íntegramente en el imponente Palacio de la Paz y la Amistad de Atenas, que albergó dos grupos bastante desiguales de 6 selecciones. En uno casi todos los favoritos con la URSS, Yugoslavia y España, más el anfitrión Grecia junto a Francia y la débil Rumanía. En el otro con Italia como único combinado con solera, se dieron cita un equilibrado compendio de selecciones habituales pero de segundo nivel como la RFA, Israel, Holanda, la vigente subcampeona Checoslovaquia y Polonia.

 

Al margen de que todos simpatizamos con Grecia en ese torneo, yo particularmente tenía la esperanza de que España se colara en el podio a pesar de que la carrera NBA de Fernando Martín había privado a la selección de su hombre menos sustituible. Como la atención mediática y el seguimiento correspondía a la época del boom, la selección estuvo muy bien acompañada en Atenas por una troupe de periodistas y también de los entrenadores más reputados del panorama español; Pepe Laso, Monsalve, Aíto, Pesquera, Lolo Sainz y mi querido y añorado Manel Comas.

 

La irrupción de Montero en el base y un Romay que cuajó su mejor torneo internacional vistiendo la camiseta nacional fue de lo más destacado, eso y que España fue la única capaz de acribillar a los endiosados anfitriones (89-106) y enmudecer a las 15.000 personas que acudieron, como cada choque de Grecia, al Palacio de la Paz y la Amistad, auténtico reino del Hades para todas las selecciones que se cruzaron en el camino de Gallis y compañía. Allí resonó con fuerza durante 12 días el ¡Hellas! ¡Hellas! ¡Hellas! en medio de una atmósfera asfixiante como no se había visto hasta entonces. El cuarto puesto final de los hispanos no colmó las expectativas después de quedar tercero de grupo, eliminar a Alemania (107-77) en cuartos y la segunda derrota ante Yugoslavia (87-98) por el bronce.

 

Una vez repasado de manera tan sintética aquel mágico campeonato parece que entran aún más ganas de vivir este play off final LEB Plata, que esperemos se resuelva en Pisuerga y sea favorable a los locales. No me queda duda que independientemente del número de aficionados que acabe yendo a estos dos partidos el ambiente será formidable, sino basta con recordar Atenas´87, porque sabemos que un ascenso deportivo y un club en LEB Oro es más acorde con la tradición e historia del baloncesto pucelano.

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