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El base atómico

Saúl Asensio

25 años de los Juegos de Barcelona: Repaso con Santi Aldama (y 2)

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El torneo olímpico

 

¿Qué se ha lesionado Aldama? A las puertas de la Villa Olímpica se encendían nuevamente las luces de alarma. Otro susto y de los gordos. El tobillo izquierdo de nuestro techo se dañó en un entrenamiento sólo un día después de la confirmación por parte de Díaz Miguel de los 12 hombres que actuarían en el Olímpico de Badalona. Los infortunios parecían cebarse y para colmo el fantasma de la huelga de nuevo sobrevolaba el ambiente.

 

Lo cierto es que ambas circunstancias quedaron en un sobresalto más. En dos días restablecido y los 2.13 de Aldama estarían a disposición del seleccionador para el estreno del domingo 26 de julio ante una Alemania a la que nadie quería temer a pesar de su buena trayectoria en el Preolímpico -y ello sin Welp ni Koch-, donde ganaron a Croacia y eliminaron a Grecia en su grupo, clasificándose asimismo por delante de Eslovenia e Italia en la fase final de Zaragoza.

 

En la sesión previa al debut las cábalas eran claras, se trataba de ganar dos partidos para pasar y se contaba a los germanos y a Angola como los escollos más asequibles. Completar un balance positivo con más victorias que derrotas daba acceso seguro a cuartos donde te esperarían lituanos o la CEI, que parecían los oponentes más potentes del Grupo B. Pero esa noche y después del esfuerzo de la preparación, tocaba olvidarse de todo y disfrutar del desfile inaugural en el abarrotado Estadio Olímpico de Montjuic, con protagonismo para el basket de la mano de Epi. Pasadas las 22:00 horas la numerosa delegación española salía al tartán del recinto. Un instante muy emocionante, cumbre para cualquier deportista.

 

Para su estreno el 26 de julio la selección estaba con la energía a tope. El ambiente era excelente y a ese buen rollo ayudó mucho la presencia como asistente de Díaz Miguel del internacional Juan Domingo De la Cruz. El Lagarto, recién retirado como jugador profesional con 38 años sabía cómo hacer que los jugadores se sintieran cómodos. “Era y es un tío simpático y feliz”, afirma nuestro guía Santi Aldama, “transmitía muy buen rollo a todos, a los altos y especialmente a los altos y jóvenes, nos daba mucho apoyo y trabajaba con nosotros todos los días antes del entrenamiento. Durante todo el verano de las olimpiadas estuvimos con él un tiempo extra cada día para mejorar nuestra técnica individual. Tengo un gran recuerdo de Juanito De la Cruz”, relata Aldama que entonces contaba con 23 años. Otro integrante de aquella selección en el que se apoyó Aldama fue Chechu Biriukov, que según informaron varios medios del momento pudo haberse quedado sin ir a la Olimpiada de no ser por la lesión de Morales, “me cogió cariño ya en el Preuropeo del 91 cuando debuté oficialmente en la absoluta. Hacía el papel de hermano mayor y me defendía y estaba pendiente de mí”, desvela.

 

A las 16:30 había debutado el Dream Team barriendo por 68 tantos a Angola. A las 20:30 era turno de la ilusionada España, que saltaba a la pista de un Olímpico de Badalona abarrotado con 12.000 aficionados. Pero el optimismo se disiparía destrozado por el dúo Schrempf, 26 puntos, y Gnad, 20 rebotes. “Fue el partido inaugural, salimos nerviosos y nos costó meternos y la verdad es que no jugamos bien. Una derrota dura porque no contábamos con ella, nadie pensaba que perderíamos. Alemania presentó a un equipo físicamente potente y altísimo con Blab o Behnke, perdimos la batalla en la zona y el rebote y ahí Gnad nos hizo un traje y Schrempf también por su polivalencia y anotación. Tuvimos muchos problemas para defenderles”, desgrana Aldama. La derrota ante la Alemania de Pesic, 74-83, suponía un ataque de pánico repentino y un frenazo a las aspiraciones, prácticamente se pasaba del todo a la nada.

 

Sin apenas tiempo para digerir el tropiezo ante los germanos, al día siguiente esperaba Brasil con Oscar y la misma generación del 4º lugar del Mundobasket 86; Maury, Marcel, Gerson, Israel, Vianna o Guerra, evidentemente más veteranos. Era determinante ganar. Aldama se convertiría en héroe inesperado. España jugó bien durante gran parte del encuentro y llegó a estar 16 arriba en la segunda parte. “Salimos mejor y jugamos bien durante muchos minutos pero volvimos a estar agarrotados en la parte final del partido. Tuvimos suerte en el momento decisivo, metí un tiro libre pero no evitamos que el último balón le llegara a Oscar (44 pts) que estaba solo y la cosa podía haber cambiado, aunque por fortuna falló un triple de los que no suele. Es curioso que aunque no había tenido minutos, el poco tiempo que jugué tuve el balón decisivo”, recalca. Pero la pírrica victoria ante los sudamericanos, 101-100, no dejó buen sabor de boca, sólo fue un suspiro de alivio que acrecentó aún más las inseguridades. Y es que la selección, como advirtió Díaz Miguel, debió haber mantenido una diferencia más amplia para no quedar en tanta desventaja de cara al hipotético triple empate con Alemania y Brasil.

 

España salió a por todas ante Croacia el 29 de julio sabedora de su inferioridad pero de que un triunfo daría un vuelco a sus opciones de estar en cuartos, además de prestigio y una dosis enorme de moral. La selección se quitó presión y cuajó sus minutos de más mérito en el torneo espoleada por el animoso público. “Salimos con más confianza, ante un equipo potente y muy difícil con gente muy anotadora en el perímetro como Petrovic (28 pts) o Komazec (15). Fue un partido que tuvimos mucho tiempo en la mano tirando de casta y jugando al contrataque, de ganarlo todo habría cambiado pero su gente grande, Radja (25 pts) y Vrankovic (5 tapones), también nos hizo mucho daño”, asegura Aldama. Y es que a falta de 5 minutos los hispanos estaban 5 arriba pero entonces una antideportiva a Villacampa y un parcial de 0-16 de los balcánicos coartaron el sueño, 79-88. Jugadores y técnico se quejaron del arbitraje que realmente sí pudo influir en el resultado.

 

Y llegamos a la cuarta jornada de la fase previa donde esperaba Angola, rival al que todos daban por ganado. Pero la realidad es que fue una cita extraña de amargo recuerdo. En horario matinal, las 11:30 del viernes 31 de julio, la presión por la necesidad de victoria ante un equipo dominador absoluto en África, con jugadores que llevaban mucho tiempo jugando juntos y fogueados en EE.UU y al que injustamente se menospreció, paralizó a nuestro combinado nacional. En un segundo tiempo para olvidar todo salió mal, según cuenta Aldama, “era un partido que nadie pensaba que podíamos perder porque parecía que Angola no estaba a nuestro nivel, pero físicamente aquellos tíos que llegaban pelados a los dos metros eran súper competitivos, realmente duros, y defendían muy fuerte. Salieron confiados y con ganas de comerse el mundo, muy motivados, y después del descanso (36-37) cuando nos dimos cuenta estábamos 20 abajo. Nos pasaron por encima y luego cuando quisimos ya no pudimos. Fue una lección para todos”.

 

En esto último coincide la referencia de la selección angoleña en Barcelona, Jean Jacques Conceiçao, que fue una pesadilla ese día para los españoles con 22 puntos y 8 rebotes y que piensa que aquella derrota le vino bien a España para sus éxitos futuros. El resultado fue esclarecedor, 63-83, y lo indudable es que hubo un antes y un después de aquel partido del que la selección salió humillada y fuera de la lucha por las medallas, y su entrenador, un Díaz Miguel aferrado al cargo, ridiculizado por la crítica.

 

Costaba levantar cabeza después de la resaca del angolazo pero sin nada que perder, afrontaba España su despedida de la fase previa otra vez en horario nocturno, ante la inabordable USA. Era el 2 de agosto y los americanos, que seguían su aventura exhibiéndose día tras día y sin demasiada estimulación, como ya les sucedió en el Preolímpico americano, se tomaron su partido contra España como una jornada lúdica para agradecer la hospitalidad de su anfitrión y agasajar a Díaz Miguel.

 

Sin querer hacer sangre, manejaron una diferencia favorable alrededor de los cuarenta puntos y tuvieron la deferencia exclusiva de retratarse para la eternidad con los miembros de la selección española antes del salto inicial. Lo cierto es que el descomunal equipo americano a las órdenes de Chuck Daly con Jordan, Magic, Robinson, Karl Malone, Barkley, Ewing, Mullin, Drexler, Pippen o el universitario Laettner, presionado para evitar lesiones -Stockton y Bird jugaron el torneo arrastrando preocupantes problemas físicos- y más de vacaciones pagadas que otra cosa, residían en un hotel de lujo con sus familias alejado de la Villa Olímpica, sabía que el oro era su destino inexorable.

 

“Queríamos hacer un digno papel sabiendo que era imposible perder con ellos siquiera por pocos puntos. En mi opinión la diferencia mayor con el resto de equipos era el plano físico aunque estaban a años luz en todo; rapidez, técnica, talento, imaginación, conocimiento del baloncesto y encima cuando se ponían a defender no te dejaban pasar ni de medio campo. En el primer lance que llegué a su zona no encontraba hueco por donde pasar”, rememora Aldama. Al final España cosechó una derrota edulcorada, 81-122, y se llevó la citada foto para el recuerdo en la que hubiera sido justo colocar también a Isiah Thomas, no seleccionado con polémica incluida, y si la lesión de Ewing que le impidió empezar el Preolímpico hubiera sido grave, quizás habría salido en su lugar otra leyenda, Moses Malone, al que USA Basketball tenía en la recámara.

 

Pues después de la tempestad no llegó la calma ni mucho menos. Relegada a jugar por los puestos del 9 al 12 como última del Grupo A, España se conjuró para no bajar los brazos, “estábamos metidos en la mierda y no queríamos que nos pasara del cuello así que salimos con intención de ser los mejores de los peores”, señala Aldama. Y para ello su primer rival el 4 de agosto fue Venezuela, que después de quedar subcampeón del Preolímpico americano sólo había ganado un choque en los Juegos. “Es del partido que menos me acuerdo”, dice Aldama, “y aunque lo afrontamos con la sensación de fracaso absoluto lo acabamos ganando bien después de ir muchos minutos de la primera parte perdiendo”, y eso a pesar de que otra vez otro 3-4, Carl Herrera, hiciera 26 puntos. En la victoria 95-81 los tantos de Villacampa y los triples de Herreros fueron decisivos. Así, para concluir la pesadilla, de nuevo a cruzarse con Angola en un enfrentamiento que se intuía iba a ser de intensa puesta en escena.

 

Estaba claro que la selección le tenía muchas ganas al combinado de Victorino Cunha por lo que no hubo concesiones desde el salto inicial, en una tensa sesión matinal temprana celebrada el jueves 6 de agosto con casi lleno en el Olímpico badalonés. “Fue una batalla campal”, comenta Santi Aldama, “salimos diciendo, no nos van a ganar otra vez y en cambio ellos querían humillarnos de nuevo. Eso se vio en la pista, en un lance veníamos forcejeando Conceiçao y yo y cuando volvíamos hacia su canasta me metió un codazo tremendo, aunque sólo llegó a rozarme la cara se formó una tangana gigante. Biriukov le rompió la camiseta, también Villacampa se metió y Arcega, a Tomás Jofresa le agarraron del cuello, vivimos un minuto muy tenso con todos los jugadores y técnicos involucrados en la riña. Es verdad que yo no fui nunca demasiado duro jugando pero ese día sí porque no quería volver a sufrir otro ridículo”, explica el riojano.

 

España logró sacarse la espina a pesar de las provocaciones de Conceiçao, otra vez el mejor de los suyos con 21pts+7reb, pero pudo volver a perder perfectamente, y sólo en un final extraño -del arbitraje esta vez no pudo quejarse el combinado nacional, por ejemplo los angoleños lanzaron 24 tiros libres menos- se apuntó un ajustado 78-75 que le dio la novena plaza.

 

Esos dos últimos triunfos no evitaron sin embargo la decepción en los componentes de la selección y en todos los aficionados. “Yo me sentía mal, frustrado a pesar de estas dos victorias seguidas, así que cuando acabamos la competición ya tenía todo preparado para irme en mi coche a casa, no me veía capacitado para seguir en los Juegos viendo otros deportes ni estar en la clausura, sólo pensaba en descansar”, concluye Aldama. Poco tiempo después caía la cabeza del seleccionador Antonio Díaz Miguel, víctima del desgaste de casi tres décadas en el cargo, de una errónea planificación y toma de decisiones, condicionado por sus jugadores y la constante amenaza de huelga y finalmente condenado por el estrepitoso fracaso olímpico.

 

Se había tocado fondo y por lo tanto se abría también otra etapa en la historia de la selección, aunque aún tardarían en llegar los éxitos que una estelar generación de jugadores de nuestro deporte nos brindaría ya en el siglo XXI.

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