Gente de mierda
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El alumno incorrecto

Daniel Álvarez Valdés
Blog de actualidad

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Están entre nosotros, esas personas que nos roban energía y que serían capaces de pisar a su madre a cambio de obtener unas migajas.

No te resultará difícil identificarlas. Son esas personas que están aquí, entre nosotros, tóxicas, alimentándose de nuestra energía cada día. Esas que se aprovechan de los esfuerzos de los demás para sobresalir. Las que dicen que nunca paran, pero nunca las ves esforzarse. Las que buscan excusas y siempre culpan a otros de sus errores. Las que se esconden y jamás arriman el hombro en el fango, pero están las primeras cuando hay que recibir alabanzas. Las que piensan que todo es suyo y que las demás están de prestado. Aparentar, en lugar de ser.

 

Existen en todos los espacios. En el personal es difícil identificarlos, individuos maestros del engaño, pero relativamente sencillo mandarlos con viento fresco por donde han venido, y que no hagan más daño. En el laboral, toca tragar y llevar a cabo la difícil misión de protegernos para que minen nuestra moral cuanto menos, mejor. En el público, confiar en que su egoísmo nos salpique lo menos posible.

 

La indigencia moral que arrastra este tipo de personas es una onda expansiva que golpea a cuantos tienen cerca. Cuando se topan con otras como ellas suelen encajar, incluso simular llevarse bien. De nuevo, apariencias. Pero eso hace que su ponzoña se extienda con más virulencia aún.

 

Son los jetas de toda la vida. Los trepas. Los vagos. Los que se creen los más espabilados y se regodean obteniendo rédito de sus triquiñuelas. Porque la vida les ha resultado dura pero, siempre gracias únicamente a ellos mismos, van consiguiendo lo que creen merecer. Los que no saben nada, nada les incumbe, no asumen responsabilidades, y siempre caen de pie. Una sonrisa falsa, condescendencia con quien esté por encima suyo y de quien puedan sacar beneficio, y trabajo de sanguijuela para aprovecharse de sus iguales, pobres inocentes sin recursos que no son capaces de frenar el empuje: si eres buena persona, te comen; si intentas jugar a su juego, jamás podrás ser tan bueno. Estás perdida.

 

Una podredumbre ética que se escuda en un axioma principal, el ‘yo’ por encima del ‘nosotros’. El individualismo al que nos empuja en demasiadas ocasiones un sistema incapaz de diferenciar al bueno del malo en su esencia, y se fundamenta en su apariencia. Incapaz de castigar, en la práctica, a quien perjudica a todos con tretas. Esa supremacía del ego de quienes consideran que las cabezas de los demás son escalones hacia su propia meta, sea cual sea, y que jamás reflexionan sobre que el bienestar del colectivo significa también el beneficio propio. Chupópteros que nunca conocieron el significado de compañerismo ni empatía y que gota a gota erosionan lo que tantos otros se esfuerzan en construir, violan las normas de convivencia que el resto acata, y hacen más grises los días de sus víctimas directas.

 

Están entre nosotros, y son demasiados. Detente, observa y, si tienes la mala fortuna de tenerlo a tu lado, mucho ánimo y fuerza. Tu suerte será, nunca mejor dicho, la de todos.