Conectados

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Por Emilio Rodríguez García

Menos ruido, más vida


"El coste de algo es la cantidad de vida que tienes que intercambiar por ello". Lo dijo Thoreau, un tipo que ya sabía que cada minuto es oro. Y lo curioso es que, en esta época en la que todo lo tenemos al instante, lo que más hacemos es justo lo contrario: malgastar el tiempo. Nos pasamos el día atrapados en el famoso FOMO, ese miedo a perdernos algo.

Si te das una vuelta por la ciudad, basta con mirar a los chavales en la marquesina del bus, en la cola del súper o en el gimnasio. No es que miren el móvil: es que la velocidad con la que saltan de una pantalla a otra parece el choque de partículas en el CERN. Y yo me pregunto: ¿realmente ven, leen o entienden algo?

Consumismo puro y duro. Como si la vida fuese un examen en el que hay que saberse hasta el último meme. Permitidme haceros un repaso rápido a la semana pasada en Salamanca: más fondos para el aeropuerto de Matacán, influencers extranjeros visitando la ciudad, reordenación del tráfico en varias calles y voluntarios luchando contra una plaga de almeja asiática en el Tormes.

Seamos sinceros: ¿te ha cambiado la semana saber lo de las almejas? Vale, lo del tráfico sí te puede complicar un poco la vida si no te enteras y acabas girando donde ya no se puede. Pero lo demás, ¿qué? Apenas un murmullo que desaparece en horas.

Vivimos conectados a una manguera a presión de cosas irrelevantes. Noticias de última hora que no te harán ni más rico ni más sabio. Vídeos que hoy parecen imprescindibles y mañana nadie recuerda. Debates en redes sociales donde nadie convence a nadie y todos salen más enfadados. Intentar ponerse al día con todo es como pretender vaciar el océano con una cucharilla de café: imposible y, lo más importante, inútil.

La alternativa es mucho más sencilla de lo que pensamos: pasa de la mitad. O incluso de más. Apaga notificaciones, deja que los grupos de WhatsApp se peleen sin ti y prueba el placer de no tener ni idea de lo último que se comenta. ¿Que se ha caído la red social de moda? Pues ni me enteré, y qué tranquilidad.

Con 41 años puedo decirlo sin dudar: lo que de verdad importa no se mide en "me gusta" ni en 'followers' Está en los buenos ratos, en las risas, en un café con amigos de verdad o en un libro que te atrapa y te lleva lejos. Menos scroll y más alma. Porque el drama ya lo ponen otros: nosotros estamos para vivir.