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Dudas y preguntas sobre el Helmántico

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Recientemente he tenido el placer de leer la tesina de Igor Paskual, músico y escritor polifacético, sobre los estadios de fútbol como elementos de interacción social. Los estadios son lugares con múltiples significados. 

 

El estadio es mito y mística, memoria y porvenir: “Es la herramienta perfecta, el nuevo lugar sagrado que nos reconcilia con el pasado mítico de cada equipo y lo proyecta hacia el futuro como una máquina del tiempo compartida con otros que profesan la misma fe”. En cierto modo, en cada territorio el estadio plasma lo que somos y, a su vez, nuestro siendo reconfigura las dimensiones del estadio.

 

Resulta inevitable no hallar un cierto símil entre Salamanca y el Helmántico. La UDS, patrimonio inmaterial e inmanente de Salamanca, desapareció como se van los miles de jóvenes que emigran: diáspora generacional y cultural que contrasta con el inmovilismo institucional y la podredumbre de su clase dirigente. El Helmántico es una infraestructura deportiva de primer nivel, pero no sólo eso. El Helmántico es también la catedral contemporánea de Salamanca y un ágora para sus gentes, lugar de encuentro donde se es salmantino en común y se proyecta una identidad futbolística inescindible de su tierra, incomprensible para quien todavía se empeña en mirar el fútbol y la cultura popular con ojos esnobistas. Pero es, sobre todo, el cadáver momificado de la Unión: los hinchas saben que el estadio porta la memoria y el relato mítico del club. Y las élites charras, por mediocres que sean, también lo saben. El viaje del fútbol salmantino dependerá, en buena medida, de quién pilote esta máquina compartida del tiempo, y quienes detentan el poder, institucional y económico, repito, lo saben.

 

Abierta la fase de liquidación de la entidad, ¿qué podría haberse hecho con el Helmántico, propiedad de la UDS? En tanto que acreedora privilegiada, Hacienda procedió a la subasta del estadio. Valorado en casi 15 millones de euros, la subasta del Helmántico quedó desierta. El procedimiento de enajenación prevé una segunda licitación: nuevamente desierta. Restaba el trámite de adjudicación directa, y ninguna oferta se presentó.

 

Como regla general, en estos casos se acuerda la adjudicación de los bienes inmuebles a la Hacienda pública, si bien motivadamente puede no acordarse cuando el bien carece de utilidad. ¿Por qué Hacienda ha considerado que el Helmántico no tiene utilidad? Es reprobable que las instituciones públicas no se hayan pronunciado con transparencia al respecto: el informe de valoración de las circunstancias debería ser público. Y, sobre todo, se echa en falta un debate democrático sobre si la Administración pública debió haberse quedado con el estadio. Pareciera que cierta clase política sólo prioriza la dotación de infraestructuras deportivas públicas cuando hay jugosos contratos públicos de por medio.

 

Hay que recordar que el procedimiento glosado, el de enajenación de los bienes embargados, es el que garantiza la satisfacción de interés general que encarna la Hacienda Pública: se rige por Derecho público, intervienen funcionarios y las decisiones son especialmente razonadas. Una vez Hacienda renunció al estadio, la Administración Concursal procedió a la venta directa. (Por cierto, los anteriores administradores concursales de la UDS han sido separados en el cargo por incumplimiento de funciones). Una sociedad de intereses poco transparentes y actividad desconocida ha adquirido el Helmántico por la irrisoria cantidad de un millón de euros. Merece la pena fijarse en el objeto social de la entidad denominada Desarrollos Empresariales Deportivos, S.L., que poco tiene de deportivo: “Comercio mayor, menor, importación, exportación y fabricación de todo tipo de artículos de regalo, artículos electrónicos y eléctricos, cintas de vídeo y audio, calzado, prendas de vestir, pieles, artículos de cuero, artículos de viaje, bolsos, peletería, marroquinería, porcelana y cerámica”. Quienes perdemos somos los contribuyentes: de alguna manera hemos subvencionado con catorce millones de euros a un “inversor”, inversor incluso de cintas de vídeo, que rapiña sobre el fútbol español.

 

Y sin saber muy bien cómo, el “inversor” traspasa la posesión del estadio, incluso antes de tiempo, al CF Salmantino, un club legítimo como todos, pero que ya recibió un varapalo judicial y federativo por la cesión de derechos realizada por la Fundación Unión Deportiva Salamanca, esto es, un club con pretensiones de suplantación. Se cierra el círculo. El alcalde Mañueco dijo que “el Ayuntamiento hará todo lo posible para que el Helmántico siga siendo historia de la ciudad”. Un dato: el Ayuntamiento de Salamanca ha gastado más de lo que han pagado por el Helmántico en reformar una piscina. Con voluntad política y buena fe, las Administraciones implicadas podrían haber logrado una solución más respetuosa con el interés general.

 

Sin embargo, el estadio parece ser ya propiedad de una empresa buitre que se marchará cuando no haga negocio. En el Helmántico sólo jugará uno de los muchos clubes salmantinos, que ni siquiera es el más representativo. En efecto, Unionistas CF, un proyecto basado en la transparencia, la gestión responsable, el funcionamiento democrático y el respeto a la memoria de la UDS, es el equipo de la ciudad que está en superior categoría y que goza de más apoyo popular; precisamente por ello es rechazado por la clase dirigente salmantina.

 

El Helmántico es un estadio de categoría que podría ser público y gestionado con la participación de todas las entidades deportivas y culturales, pero ciertos políticos reducen la existencia de lo público a lo que no es rentable para el empresariado, para luego argumentar que lo público no es rentable. El perjuicio patrimonial resultante de las acciones y omisiones institucionales puede calcularse en unos catorce millones de euros. El Helmántico contiene también la memoria sentimental del fútbol salmantino, atesorada en los corazones y en las cintas de vídeo de los aficionados. El daño moral, cultural e identitario del oscuro proceso de adjudicación de la memoria y el porvenir del fútbol salmantino es incalculable; quizás no sea irreparable.

 

Miguel Ángel Llamas es abogado

 

 

Comentarios

DEMASIADA DEMAGOGIA 20/09/2017 21:32 #4
Señor Llamas simplemente no puede ser más demagogo, forofo y asociado a un equipo sin ninguna imparcialidad. Si usted comparte esas ideas constantemente, dediques a su profesión, pero no escriba en un diario público intentando confundir a la gente y buscando un beneficio para su equipoafin sabiendo que no lo van a conseguir.
Yo 18/07/2017 20:25 #3
Me parece bien tu aportación sobre el estadio.... pero muchos salmantinos no compartimos para nada tus apreciaciones sobre el CD Salmantino UDS. Un periodista debe expresar sus opiniones desde la objetividad y sin intereses partidistas. El periodista que firma el artículo claramente se ha posicionado en varias ocasiones en contra de este proyecto deportivo. Como lector no me gustan los periodistas forofos. Este diario digital en si derecho está de recibir en su casa a quien desee... de la misma forma que yo como lector leeré o no este diario.
Hala Unión 29/06/2016 09:32 #2
Es igual de triste explotar los intereses de la unión homenajeándola que partiendo de sus equipos de base. Ni unionistas hace nada por la unión ni el salmantino tampoco. Son dos clubes diferentes a la UDS.
zas 28/06/2016 15:14 #1
Muy bien escrito y expresado.

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