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A mi juicio

Sergio Castro González @sergiocastro_3
El blog de Sergio Castro González en Tribuna

Los límites a la libertad de expresión

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El derecho a la libertad de expresión es uno de los derechos más importantes de todo Estado social y democrático de derecho como es el nuestro. De ahí que nuestra Constitución contemple en su artículo 20.1.a) el reconocimiento y la protección del derecho a la libertad de expresión, dentro de los llamados derechos fundamentales, esto es, los que por su dimensión e importancia tienen mecanismos especiales para su regulación y protección.

 

No es necesario explicar la razón de la existencia y necesidad de este derecho, ya que de no existir, todos sabríamos en qué clase de Estado viviríamos. Sin embargo, la categoría de este derecho lleva indudablemente a grandes equívocos, puesto que la libertad de expresión no lo ampara todo.

 

En sentido estricto debemos entender por libertad de expresión, el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

 

Pero este derecho ni es absoluto, ni está por encima del bien y del mal, y nuestra propia Carta Magna establece que la libertad de expresión “tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”. Es decir, que el límite infranqueable es el respeto a los demás derechos fundamentales previstos en la Constitución (artículos del 14 al 29).

 

La cuestión no es baladí, nuestro ordenamiento jurídico protege la vulneración del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, por múltiples vías, ya sea civil, constitucional e incluso penal, por su especial desvalor y gravedad.  

 

Esta última, a través de los delitos de injurias (la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación) y de calumnias (la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad), ambos recogidos en los artículos 208 y 205, respectivamente, del Código Penal.

 

Sin embargo, este no es el único delito que se puede cometer extralimitándose en el uso del derecho a la libertad de expresión. Un claro ejemplo de ello, es el delito contra los sentimientos religiosos en el que se ha visto involucrado el actor Willy Toledo, tras realizar una serie manifestaciones bastante maleducadas e irrespetuosas acerca de los dogmas y creencias de la Iglesia Católica.

 

En este sentido, el Código Penal castiga a quien “para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”. Ello con independencia del credo que se trate.

 

Habrá que esperar la correspondiente resolución judicial para ver si el Sr. Toledo es culpable o no del delito que le acusa.

 

Como vemos, la libertad de expresión es un derecho fundamental necesario y básico en cualquier Estado democrático, que debe ejercitarse con respeto a los demás derechos, no sólo porque lo establezca la Constitución, las leyes o incluso por que se pueda incurrir en un delito castigado por el Código Penal, sino por lo más elemental que debe primar en una sociedad: Respeto.

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