Zeus atraviesa con sus perseidas Valladolid en busca de Dánae

Una de las lluvias de meteoros más populares en el Hemisferio Norte y en el periodo estival son las conocidas Lágrimas de San Lorenzo o Perseidas, se divisan con facilidad del 10 al 13 de agosto, así que no te las pierdas y pide tu deseo. 

La mitología griega cuenta cómo un Oráculo advierte al Rey de Argos, una ciudad griega del Peloponeso, Acrisio, que moriría a manos de su propio nieto. Acrisio, temeroso, decide encerrar a su bella hija, Dánae, en una torre de bronce para alejarle de todo posible contacto con varones. Sin embargo, el dios de dioses, Zeus, cae prendado de ella. Ante dicha situación Zeus envía una lluvia de oro que recorre el cielo hasta fecundar a Dánae, mortal que queda embarazada del semidios Perséo.

 

Acrisio al enterarse de la noticia arroja en un cofre de madera al bebé y su madre a la deriva del océano. Pero Poseidón, dios del mar, a petición de Zeus calma el agua, salvando así a Dánae y a su hijo. Ambos alcanzaron la isla de Sérifos (isla griega próxima al Mar Egeo, en las Cícladas occidentales), donde fueron acogidos. Perseo pasa a ser conocido, más tarde, en la mitología griega por cortar la cabeza a una especie de monstruo femenino, las gorgonas ,en este caso a una de tres hermanas gorgonas, Medusa.

 

Desde entonces esa lluvia de oro, que concedió a Perseo, atraviesa el cielo todos los veranos y recibe el nombre de Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo, ya que también coincide con la festividad de este santo, el 10 de agosto, quién fue quemado en una hoguera y sus lágrimas encarnaron esta lluvia de estrellas en esa misma noche.

 

Este fenómeno se debe, según explica el director técnico del Centro Astronómico de Tiedra en Valladolid, Fernando Cabrerizo, a que cometas como el Swiff-Tuttle, “una especie de bloque de hielo lleno de piedras y polvo”, pasa de un estado sólido a gaseoso y comienza a sublimarse dejando en el Sistema Solar una especie de “nubes de escombros”, explica este experto en astronomía. El planeta Tierra, en continuo movimiento de rotación y traslación, pasa del 10 al 13 de agosto cada año por estos “escombros” chocando con todos los cascotes. Cada granito milimétrico, del tamaño de un grano de arena, es una estrella fugaz que ante el citado choque cae a la Tierra a una velocidad de unos 30 o 70 km/segundo. Además, del rozamiento con la atmósfera las estrellas fugaces se queman, de ahí esa pequeña luz de fuego que alcanzan a ver nuestros ojos y que desde hace muchos siglos han sido las protagonistas de leyendas e historias.

 

 

Para poder disfrutar en la ciudad de Valladolid de este extraordinario acontecimiento astronómico solo tienes que desplazarte a un punto alejado de la contaminación lumínica de la ciudad. Un punto alto de monte o páramo sería un lugar perfecto, pero como alterativa también se puede desplazar hasta:

 

El Mirador de Parquesol: entre las calles Eusebio González Suárez y la calle Felipe Ruiz Martin, se encuentra un parque que en su zona más alta aloja un mirador. Delante de este mirador se encuentra el edificio de Televisión Castilla y León.