Y el público quiso fiesta hasta el último minuto de una histórica feria

Reportaje grafico: JORGE IGLESIAS
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El Fandi, que sufrió un puntazo en la axila, y José Garrido cortan tres orejas en una entretenida tarde en la que Curro Díaz también obtuvo un trofeo para rematar la fiesta.

Última de feria en una tarde calurosa y con casi lleno en los tendidos. Se lidiaron cinco toros de Hermanos García Jiménez y uno de Peña de Francia de desigual presentación y que dieron buen juego en general, especialmente el segundo y el tercero.

 

Curro Díaz. Ovación y oreja.

 

El Fandi. Dos orejas y una oreja.

 

José Garrido. Dos orejas y una oreja.

 

El Fandi fue atendido en la enfermería tras estoquear al quinto de un puntazo en la axila izquierda que afecta piel y tejido celular subcutáneo. Pronóstico leve. No tuvo que ser hospitalizado.

Y el público quería fiesta y el público tuvo fiesta. Tras el fiasco ganadero del pasado sábado se volvieron a llenar los tendidos. Todos querían desquitarse y cerrar la feria 2016 con un resultado a la altura de sus carteles. Poco importó el infame bajonazo del Fandi porque la fiesta ya estaba servida.

 

El granadino llegó arrollador a Valladolid, la plaza de su apoderado y con los toros de su mentor. Variado con el capote, revolución en las banderillas y un trasteo largo e insulso ante un buen toro de Hermanos García Jiménez que no se cansó de humillar y embestir, aunque en sus comienzos fue un tanto áspero, acostándose por el pitón izquierdo.

 

Fándila no es un torero exquisito, ni tiene ese gusto innato de Curro Díaz, pero sus muletazos (de aquella manera) calan fuerte en los tendidos (en los de sombra también en Pucela). Su voluntad, su conexión con el público y su regularidad hacen que El Fandi salga más veces en hombros que por su propio pie.

 

Porque en Valladolid la gente hoy quería fiesta y poco importó que la espada cayera en los blandos. Las dos orejas estaban en sus manos, porque -una vez más- el palco no quiso complicaciones.

 

 

Remató su tarde Fandila en Valladolid con un nuevo trofeo en el quinto. En el saludo capotero, el de Peña de Francia arrolló al diestro que se quejó de un fuerte golpe en el hombro izquierdo (sufrió un puntazo en la axila). Quitó por zapopinas, protagonizó un variado y buen tercio de banderillas con un inmenso par de poder a poder. En la muleta no acabó de acoplarse ante la pastueña y bobalicona embestida del astado y un espadazo certero hizo que el público festero le premiara con un nuevo trofeo.

 

Tres también se llevó Garrido en su esportón. Dos por una notable y profesional faena al que hacía tercero, otro de los buenos toros que saltaron a la arena. Se encajó en bonitas y acompasadas verónicas que fueron el preludio de una faena con dos partes diferenciadas: una primera con buen son, con muletazos largos y profundos aprovechando las cualidades de su oponente. La segunda parte bajó considerablemente cuando el extremeño se empeñó en acortar las distancias y meterse en los pitones. La labor ahí fue tropezada y atropellada. Dio igual porque el público ya tenía el pañuelo en la mano cuando Garrido dejó una estocada trasera.

 

 

En el sexto, tuvo que tocar teclas ante el más complicado del encierro. No tomaba mal la muleta pero tenía peores finales. Se acabó pronto y Garrido otra vez se fue a los pitones. Una estocada muy trasera no fue ápice para que se rematara la tarde y la feria con una oreja de poco peso.

 

Muy torero anduvo toda la tarde Curro Díaz que venía con el tabique nasal fracturado. A pesar de ello, el de Linares cumplió con su compromiso de Valladolid con dos actuaciones sinceras y con mucho gusto y empaque, hasta que le duraron sus dos toros. En el cuarto firmó los lances más bonitos del festejo, con una serie de naturales donde Curro dejó la imprenta de un toreo diferente. Largos, con hondura y muy templados llegaron los muletazos que le hicieron cobrar un trofeo. 

 

El final de una feria histórica llegó con la salida a hombros de José Garrido, pues a esas horas en la enfermería curaban a El Fandi de un puntazo en la axila. La fiesta que pidió el público para la traca final del ciclo no fue rotunda, pero al menos hubo fiesta, que eran lo que se buscaba desde antes del paseíllo.