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Cultura Valladolid

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Vuelta al jazz y lindy hop de los años 20 en el teatro Calderón con el 'Bourbon Street'

Ángel Corella y sus acompañantes hicieron las delicias de los vallisoletanos que se dieron cita este viernes por la noche en el Teatro Calderón, espectáculo que se prolongará durante todo este fin de semana con varias actuaciones.

29.03.2014

Las luces se apagaron y el telón del teatro Calderón comenzó a abrirse. Allí, quietos como estatuas esperaban ocho bailarines en el escenario. La música de Tchaikovsky empezó a sonar y fue entonces cuando las cuatro parejas dieron movimiento a sus cuerpos. Con la mayor de las delicadezas las féminas sumaban pasos de baile a un delicado adagio; mientras que los varones con una técnica depurada ayudaban a las jóvenes en sus giros y grandes saltos.

 

El cuerpo de baile, perfectamente compenetrado, trasladó al público a la bella ciudad de Florencia. Sus trajes ornamentados y su elegancia a la hora de moverse permitieron al cuerpo de baile del Corella Ballet meterse al público vallisoletano en el bolsillo con ‘String Sextet’.

 

Tras una pieza puramente clásica llegó el momento de dar paso al flamenco con una pieza musical de Jerónimo Maeso. Un Ángel Corella brillante, vestido con media bata de cola, irrumpió en la sala con ‘D´Casta’. Su fuerza y gallardía a la hora de moverse crearon tensión entre el público, que no quitaba la mirada de sus pies. Una fusión entre danza clásica y flamenca que el bailarín supo defender con maestría. Los giros incesantes y los grandes saltos representaban la fuerza y el temperamento del ser humano.

 

Dayron Vera, Kirill Radev y Pedro Santos fueron los encargados de mostrar la pureza del cuerpo de un bailarín. Con los torsos descubiertos permitieron al público ver cada uno de sus músculos en movimiento. Giros, saltos y pasos imposibles simulaban ‘sombras ajenas’ sobre la música de Yuri Abdokov.

 

Uno de los momentos estelares de la noche fue cuando Kazuko Omori y Russell Ducker interpretaron ‘Built to fall apart’. La tensión física y sexual que se palpaba entre la pareja de baile era espectacular. La técnica de los bailarines era envidiable y la complicidad en sus rostros mostraba cuánto disfrutaron sobre el escenario.

 

Veinte minutos de descanso fueron suficientes para que los bailarines tomasen fuerzas.  El momento estelar de la noche estaba por llegar. El Calderón se convirtió en un local nocturno del barrio francés de New Orleans. La música en directo de los ‘New Orleans Pussycats’ enseguida trasladó a los allí presentes a los años veinte.

 

Las mesas de la taberna fueron la única escenografía con la que contaron los bailarines. Un gánster apareció en escena para retar a las mujeres allí presentes, con agilidad y soltura comenzó a bailar. El ritmo de sus caderas era imparable. Las bailarinas vestidas de charlestón no dejaron en ningún momento de moverse.

 

Carmen Corella interpretó a una cabaretera, sus plumas y tacones hipnotizaron a un espectador del bar. Pero el mejor momento estaba por llegar, toda la compañía salió a escena para bailar lindy hop. Unos pasos de acelerados y desconcertantes de jazz, tap y charlestón, fusionados con la danza clásica. La energía y diversión que desprendían los bailarines y la orquesta dejó al público entusiasmado. El ‘Bourbon Street’ hizo su estreno a nivel mundial de manera esplendida