Valdemonjas invierte un millón de euros en la Ribera para construir una bodega sostenible

Se ubicará en el término vallisoletano de Quintanilla de Arriba con un proyecto de Ana Agag y Silvia Paredes. Producirá 50.000 botellas al año y bodega será autosuficiente, ya que no estará conectada ni a la red de agua ni a la de electricidad.

Los vinos de Valdemonjas:

 

Respecto a los vinos, el conocido enólogo italiano Luca D’Attoma colabora con Valdemonjas, supervisando su elaboración. “El primer beso”, “Entre palabras” “Los tres dones” y “Abrí las alas” son los sugerentes nombres de unos elaborados que conquistan el paladar de los que desean probar algo diferente y único.

 

'El primer beso', el vino más joven es volátil, osado, sensual y afrutado, como un primer beso. Vino tinto obtenido de mostos de colores vivos, alegres y desenfadados. Fermentaciones fugaces, francas e intensas, que dan lugar a un vino dócil, de aromas y sensaciones.

 

'Entre palabras', del corazón de la finca de Valdemonjas proceden estas uvas delicadas de temprana madurez. Vinos obtenidos tras reposadas fermentaciones. Afinados 9/12 meses en sintonía con las maderas de robles franceses, húngaros y americanos. Una combinación de sabiduría, tradición, respeto a los orígenes y una pizca de rebeldía.

 

'Los tres dones' reúne tres grandes virtudes: elegancia, fuerza y complejidad. Uvas intensas, frutos concentrados y explosivos, procedentes de las laderas privilegiadas de la finca de Valdemonjas. Fermentadas y maceradas según mandan los cañones de la tradición. Vinos estructurados pero amables, de carácter, sigilosamente arropados y educados de 12 a 14 meses en los mejores robles franceses, con pinceladas de maderas americanas. 

La construcción de la bodega Valdemonjas ha comenzado. La bodega, fundada por Alejandro Moyano y su familia, conllevará una inversión de cerca de un millón de euros y prevé producir 50.000 botellas al año. Valdemonjas se ubicará en el término vallisoletano de Quintanilla de Arriba, dentro de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

 

El respeto al entorno y la sostenibilidad marcan las prioridades absolutas en la elaboración del vino y la arquitectura. La eficiencia energética y uso responsable de los recursos basado en la recuperación de aguas pluviales y la depuración de aguas residuales son las líneas básicas que dirigen la construcción de la bodega Valdemonjas. La culminación de una idea que lleva madurando más de 18 años en la familia Moyano, compuesta por el ingeniero agrónomo Alejandro Moyano, la violinista Charo Agüera y sus hijos Jorge y Alexis.

 

“Creemos en un trabajo humano respetuoso con la planta y su terruño. Por ello, basamos nuestro proyecto en sistemas de bajo coste energético, altamente eficientes y sostenibles. Así, el punto de partida es que la bodega sea autosuficiente, ya que uno de nuestros requerimientos es que no esté conectada ni a la red de agua ni a la de electricidad”, ha destacado Alejandro Moyano.

 

Para aunar en un mismo concepto la elaboración del vino con el diseño, el proyecto de Valdemonjas recoge varios preceptos: en primer lugar, la recogida y selección de uva se realiza de forma manual y no mecanizada, para que no haya presión sobre la uva; en segundo lugar, el recorrido de la uva desde la recogida hasta la zona de elaboración debe ser el menor posible, (de ahí la necesidad de diseñar un edificio cercano a la zona de viñedos) y finalmente, el acopio por gravedad de la uva, de forma que el preciado fruto sufra lo menos posible, sin bombeo con motor, (por eso, era necesario que la bodega estuviera distribuida en dos plantas: una superior para entrada de uva y una inferior para los tanques de elaboración).

 

El Pago de Valdemonjas se encuentra en un pequeño barco, vecino natural del viñedo de Vega Sicilia, totalmente aislado por las laderas de la segunda terraza del Duero. La parcela es una finca irregular de unas 7 hectáreas de superficie, cuyos viñedos están orientados, en su mayor parte, de norte a sur. Los suelos, formados por los arrastres de los cantiles circundantes, son extraordinariamente heterogéneos, dando pie a la identificación de 9 terruños. El edificio se emplazará en una loma de tierra, ligeramente elevada, sin plantación de viñedos, de unos 10 metros de altura de pendiente, visible desde la carretera de N-122 de Valladolid a Peñafiel.

 

Ana Agag y Silvia Paredes, -arquitectas con 10 años de formación en el estudio Foster&Partners, dirigido por Lord Norman Foster, premio Pritzker de Arquitectura en 1999- han liderado este proyecto arquitectónico. “El proceso ha sido largo y duro, pero muy colaborativo. En la toma de decisiones involucramos mucho tanto a Alejandro y Charo, como a su familia. Queríamos que sintieran como suyo el proyecto y creo que lo hemos conseguido”, aseguran.