Utilizan una técnica 3D para ver con detalle el desarrollo del tórax en humanos

Un estudio internacional liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha utilizado una técnica de 3D para analizar por primera vez en detalle el desarrollo del tórax en humanos.

Este trabajo, que publica la revista 'PLOS ONE', ha permitido ver que la forma torácica del adulto se alcanza más tarde de lo esperado y que la caja torácica no se comporta como una única unidad, sino como dos unidades que se desarrollan en tiempo y modo distintos.


Hasta la fecha, se sabía poco sobre el desarrollo del tórax a lo largo del ciclo vital humano debido a su estructura metamérica --compuesta de muchos elementos anatómicos-- y a la compleja curvatura de las costillas. Las imágenes médicas en 3D han permitido visualizar la caja torácica pero ha sido complicado observar y cuantificar en detalle sus rasgos, la curvatura de las costillas y las relaciones espaciales entre éstas, el esternón y la columna vertebral.

En este estudio se ha utilizado la morfometría geométrica 3D para ver cómo cambia el tórax en forma y tamaño a lo largo del tiempo, para comprobar si la forma y la función torácica se adquiere a la edad de dos años como postulan algunos estudios.

El diferente crecimiento de la región torácica superior e inferior se relaciona con los distintos ritmos de maduración de los sistemas respiratorio, digestivo y locomotor.

Los investigadores han descubierto que la forma torácica del adulto se alcanza más tarde de lo esperado y que la caja torácica no se comporta como una única unidad sino como dos unidades que se desarrollan en tiempo y modo distintos, lo que se traduce en la transformación del tórax infantil piramidal en el tórax con forma de barril de los adultos.

"Nuestros resultados son relevantes en un ámbito nuevo de investigación interdisciplinar conocida como medicina evolutiva, que relaciona el desarrollo normal y patológico con sus bases evolutivas", según Markus Bastir, del MNCN.

En el trabajo han participado también científicos de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Innsbruck (Austria), la Universidad Galilee Bar Ilan (Israel), la Facultad de Medicina de Sackler (Israel), la Fundación Aranzadi de San Sebastián, la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto de Investigación Biomédica del Hospital Universitario de la Paz de Madrid y la Universidad de York (Reino Unido).