Un Valladolid verde e inoperativo hinca la rodilla en Lugo (1-0)

En un partido soso y con pocas ocasiones, los de Rubi no fueron capaces de imponer su juego y sufrieron la primera derrota de la temporada merced de un gol de Carlos Pita en el minuto 83.

FICHA TÉCNICA:

 

Lugo: José Juan, De Coz, Pavón, Víctor Marco, Manu, Pita, Seoane, Ferreiro (min.65 Iriome), Álvaro Peña (min.60 Pelayo), Iago Díaz y Luis Fernández (min.75 David López).

 

Real Valladolid: Dani Hernández, Chus Herrero, Rueda, Valiente, Peña, Sastre, André Leão (min. 79 Timor), Omar (min.69 Bergidch), Óscar, Jeffren y Roger (m.57 Óscar Díaz).

 

Gol: 1-0 Carlos Pita min. 83.


Árbitro: Pablo González Fuertes (Colegio asturiano). Amonestó a De Coz (min. 52), Timor (min. 82) y a Pavón (min. 88).


Incidencias: Partido correspondiente a la segunda jornada de Segunda División, disputado en el estadio Anxo Carro.

No pudo ser. El Real Valladolid cosechó la primera derrota de la temporada en el estadio Anxo Carro, donde hincó la rodilla ante un Lugo voluntarioso y que supo tener ese impulso y esa claridad necesarias con el que no contaron los de Rubi, gracias a una diana de Carlos Pita en el minuto 83.

 

En un encuentro anodino, sin la salsa del buen fútbol y mucho menos de los goles, el Pucela no consiguió encontrar esa chispa necesaria para llevarse los tres puntos y encadenar dos victorias consecutivas. Simplemente, no hubo identidad. Esa que se pudo ver a ratos hace solo una semana ante el Mallorca, aunque fuera por rachas, se debió quedar en el autobús camino a Lugo.

 

Ya lo vino avisando Rubi entre semana. El conjunto albirrojo también gustaba de tratar el balón. “El problema es que se van a encontrar delante a un equipo que también”. Por desgracia para los intereses blanquivioletas, fueron los locales los que se llevaron el premio de la posesión.

 

Sobre todo en la primera mitad. Quique Setién y once jugadores sobre el césped del Anxo Carro, donde el año pasado no consiguieron ganar ninguno de los tres que acabaron ascendiendo, supieron maniatar al Rubi Team de manera que la estrategia, o la pizarra, se quedaron en nada. Así, la posesión del balón tomó un claro tinte gallego desde el primer momento.

 

Y cuando no hay esférico, no hay ocasiones. Y sin ocasiones, no hay gol, claro. Ni siquiera la variante de Rubi sobre la marcha, cambiando de banda a un voluntarioso Jeffren por un desaparecido Omar, con un decepcionante Óscar por medio, pudo surtir más de balones a un Roger que se las tenía para gozar de una ocasión.

 

Mientras, el Lugo hacía su partido. Ferreiro por un lado, Manu por otro, los gallegos buscaban con ahínco la diana que les adelantara, aunque también con bastante poco acierto. Desesperados acabaron los aficionados de ambos equipos ante la inutilidad para transformar alguna falta peligrosa o un córner en una oportunidad clara, y eso que hubo muchas.

 

En esas que en el descanso Rubi pareció darles un buen tirón de orejas a sus jugadores, porque la segunda mitad arrancó con un Valladolid más entregado y que estiró líneas. Se comenzaron a trenzar jugadas, a dar sensación de peligro. Pero no. Muy seriamente deberían mirar Braulio Vázquez y Carlos Suárez la posibilidad de incorporar a un delantero antes de que cierre el mercado, pues pese a los buenos visos de Roger, se sigue necesitando un killer que saque las castañas del fuego cuando sea necesario.

 

Ese punto, precisamente, pareció darlo por momentos Óscar Díaz. El punta, que volvía a la que fue su casa, aportó un aire fresco en el carrusel de cambios de la segunda parte, insuficiente para que los blanquivioletas se pusieran por delante. Los minutos iban pasando inexorablemente, y el reparto de puntos parecía inevitable a la vez que el Pucela se hundía en el conformismo. Hasta que llegó el jarro de agua fría.

 

Minuto 83, Timor se lleva una tarjeta en su primera intervención tras entrar desde el banquillo y propicia la falta. Directita al área, donde rebota y Carlos Pita, ante la atenta mirada de hasta cinco jugadores del Real Valladolid, la empala con el alma. Con potencia, Dani Hernández la toca, muy poco para evitar que entre llorando. El portero pudo hacer más, pero el gol estaba ahí.

 

Los de Rubi despertaron entonces. Lógicamente, el resultado no valía. Pero ya era tarde. El cronómetro pesaba demasiado y las tristes intentonas se quedaron en eso, en intentonas, de manera que los gallegos, bien cerrados y ordenados atrás, supieron aguantar el resultado. El Rubi Team, decepcionante en Anxo Carro en cuanto a actitud y juego, deberá lamerse las heridas.