Un tren regio en la cuna vallisoletana del automóvil

La visita de don Juan Carlos de Borbón a la factoría de Renault en Valladolid contó con muchas caras conocidas del mundo de la política regional y nacional, que hicieron su estelar aparición a bordo de un tren eléctrico, ante la dificultad de movilidad del monarca que, en todo momento, se apoyó en sus inseparables muletas y no abandonó su habitual sonrisa. Esta es la crónica de una visita real a la fábrica del rombo.

Era el primer acto oficial fuera de Madrid. Juan Carlos I, visiblemente mermado físicamente y apoyado en dos muletas, llegó hasta Valladolid en helicóptero. Al filo de las 12.20 horas hacía su aparición en la factoría vallisoletana de Renault, eso sí con una amplia sonrisa que contrastaba con su reducida movilidad. Un tren eléctrico –normalmente utilizado para el transporte de piezas- fue reutilizado hoy para llevar a algunas de las personalidades más importantes de la región y de la nación de visita por la fábrica. Pilotaban dos mujeres.

 

En el primer vagón viajaban su majestad, acompañado del  el presidente de Renault-Nissan, Carlos Ghosn. Más atrás viajaban la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, el ministro de Industria, José Manuel Soria, o el presidente de la Comunidad, Juan Vicente Herrera. La pléyade de caras conocidas se apiñaba en este medio de transporte habilitado para el monarca. Allí estaba el delegado del Gobierno, Ramiro Ruiz Medrano; el consejero de Economía y Empleo, Tomás Villanueva; la presidenta de las Cortes, María Josefa García Cirac; el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva; el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero; el subdelegado del Gobierno, José Antonio Martínez Bermejo, o el secretario autonómico del PSOE, Julio Villarrubia, entre otros. En el vagón de cola, el presidente de Renault España, José Vicente de los Mozos, que luego se convertiría junto a Ghosn, en el cicerone de don Juan Carlos.

 

Primera parada: un improvisado salón de audiovisuales, junto a la cadena de montaje. Entre algunas de las sillas para las autoridades, la del Rey contenía un mullido cojín para facilitar que la cadera regia no sufriera demasiado. Este almohadón también viajaba a bordo del tren para facilitar el viaje.

 

A pesar de que el nuevo vehículo no se comercializará hasta la primavera y se presentará mundialmente en Ginebra en el Salón del Automóvil, como es lógico el Rey y la cohorte de autoridades tuvieron el privilegio de verlo en primicia. Y como su majestad, por precaución, no pudo probar el confortable interior, allí estaba –como voluntaria- la vice del Gobierno, Soraya, quien no dudó un instante en subirse y tomar los mandos de este nuevo correcaminos.

 

A unos cuantos metros, por si acaso, más de un centenar de periodistas, con chaleco amarillo, apostados con sus cámaras, grabadoras, micrófonos y libretas esperaban pacientes en busca de un gesto, una palabra o una mirada real que bien pudiera valer un titular o una portada. Y mientras… don Juan Carlos, traje gris y corbata limón, muy risueño y atento a las explicaciones de los jefazos de Renault, que para eso estaba en su casa.

 

Algunos de los trabajadores pudieron ausentarse unos instantes de sus puestos y móvil en mano inmortalizar el momento. Las redes sociales y el whatsApp echaban humo, todo ello para mostrar que el primero de los españoles estaba a escasos metros del lugar donde cada día echan sus ocho horitas de curro. Luego, incluso, pudieron hacerse una gran foto de familia con el Rey. 

 

La visita llegaba a su fin, pero antes tocaba hacer un viaje al pasado. Concretamente al año 1953 cuando de la factoría vallisoletana salió el primero de los coches de la marca francesa en España. Allí se exponían auténticas joyas de las cuatro ruedas y todas made in Valladolid. Pero como al monarca le va la marcha, se detuvo en un Alpine de carreras, donde –a buen seguro- recordó sus años de juventud.

 

Saludos y más saludos y el Rey de España se subía a bordo de un Nissan Patrol de grandes dimensiones. La visita regia acabó y el nuevo Capture ya tiene la bendición real. Al Rey parece que le gustó, ahora solo falta que lo ratifiquen los compradores.