Un punto de suficiencia (0-0)

El Real Valladolid empató sin goles contra el Getafe en el Coliseum Alfonso Pérez en un partido soso, en el que lo mejor fue el punto cosechado. Diego Castro se encontró con el palo en el descuento.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO: GETAFE, 0 - VALLADOLID, 0.

 

ALINEACIONES.

 

GETAFE: Moyá, Arroyo, Lisandro, Rafa, Roberto Lago, Borja, Míchel (Gavilán, min.81), Pedro León, Lafita (Sarabia, min.58), Diego Castro y Ciprian.

 

VALLADOLID: Mariño, Rukavina, Rueda, Mitrovic, Peña, Rubio, Rossi (Rama, min.78), Larsson (Manucho, min.74), Víctor Pérez (Sastre, min.87), Omar y Javi Guerra.

 

ÁRBITRO: Martínez Munuera, Juan (C. Valencia). Amonestó a Roberto Lago (min.37) y Lisandro (min.44) por parte del Getafe. Y a Peña (min.42), Javi Guerra (min.63) y Rukavina (min.66) por parte del Valladolid.

 

ESTADIO: Coliseum Alfonso Pérez.

Paso a paso, suele decir el refranero popular. Después de la victoria del Real Valladolid la semana pasada, esta vez los de JIM sacaron un punto ante el Getafe en su visita al Coliseum Alfonso Pérez merced de un 0-0, insuficiente para salir del descenso. El Pucela supo cumplir para sacar botín, que podía haber quedado en nada si el remate de Diego Castro en el añadido no se hubiera encontrado con el palo.

 

Y es que parece que la visita del Valladolid a San Mamés hace dos jornadas le sentó más que bien pese a aquella derrota por 4-2. Desde entonces el equipo se ha mostrado mucho más serio y ordenado, incluso fuera de casa, donde hasta hace bien poco se rozaba poco menos que el ridículo.

 

La tónica sería más o menos la misma durante todo el partido. Tras el típico tanteo inicial entre ambos equipos, en los que parecía que era el Getafe el que iba a agarrar la manija del encuentro fue el Pucela el que terminó haciéndose con el dominio, si bien el manejo no era escandaloso, ni mucho menos.

 

La primera ocasión la tendría Jesús Rueda apenas transcurridos quince minutos, cuando peinó un balón colgado al área tras un córner y el balón rozó el palo y se fue fuera. Así fue corriendo el cronómetro, con los azulones tratando de buscar las bandas con poco acierto y una defensa blanquivioleta ordenada, impropia de lo que había sido hasta este punto de la temporada.

 

El finalmente no-huido Guerra tenía una batalla, valga la expresión, constante con Rafa y Lisandro López, pero no había resultado. Este Valladolid al menos sí está demostrando que ha recuperado esa actitud que parecía perdida hace unas pocas semanas, pero ello no evitaría que el resultado al descanso fuera de cero a cero. Aunque bien cerca estuvo de evitarlo Mariño, en un fallo tras un mal bote que casi acaba con el gol tonto de la jornada. Así se llegaba al descanso, con sensación de que el Pucela había hecho algo más, pero no lo suficiente.

 

El paso por vestuarios no cambió el guion. Los visitantes salieron mandones, con la batuta en la mano y dispuestos a llevarse los tres puntos. Pero de la misma manera que no hubo cambio en la actitud, tampoco lo hubo en el resultado. El Getafe se dejaba llevar, con poco espíritu, y el Valladolid no encontraba el último pase para que Guerra rematara.

 

Precisamente el delantero se convertiría en protagonista en dos acciones. En la primera vio la amarilla mediada la segunda mitad y se perderá el choque del próximo domingo ante el Elche, un dolor de cabeza añadido para JIM. Y en la segunda, pudo hacer el gol de la jornada. Puso Omar un córner al corazón del área y el malagueño, en una jugada de genio, remató de tacón para que el esférico se fuera lamiendo el segundo palo.

 

Corrían los minutos de manera cansina, con más necesidad que buen juego, cuando el Getafe pareció despertar de su letargo. A diez minutos del final, quizá por la entrada de Sarabia, sonó el despertador y los azulones tocaron a rebato para estirar líneas y hacérselo pasar mal al Valladolid.

 

Los blanquivioletas consiguieron aguantar el envite, merced de esa seguridad defensiva que ahora sí existe, y despejaron todo lo despejable de la meta de Mariño, con una excepción. Diego Castro estampó el balón en la palo ante la mirada del portero en el añadido para salvar ese punto que, en una situación como la del Pucela, es de oro puro.