Un 'para siempre' que sí llegó a cumplirse en Valladolid

María Eugenia y Gabriel, 71 años como pareja les contemplan. DAVID SANCHO

María Eugenia Blanco y Gabriel Úbeda cumplen 71 años de felicidad juntos divididos en 8 de noviazgo y nada más y nada menos que 63 de casados.

"Era una chica guapa, vistosa y sobre todo, espabilada, y a mí, que me faltaba trato y saber estar, me ponía deberes, como si estuviera en una academia. La echaba piropos todos los días desde la tienda de mi padre, estaba loco por ella." Ese fue el comienzo de la historia de amor entre Gabriel Úbeda Herrarte (Tudela de Duero, 1925) y María Eugenia Blanco de la Fuente (Melilla, 1928), una historia de una pareja residente en Valladolid de nada más y nada menos 63 años de casados y ocho de noviazgo. No, no eche cuentas, 71 primaveras les contemplan. Como toda narración, en esta hay una introducción, un nudo y un desenlace que seguro, acompaña ahora la mente del lector: ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo lo han hecho?

 

Él era amigo de su hermana. Ella reconoce que se fijó en él por lo guapo que era, pero le faltaba un saber estar que poco a poco le fue inculcando. Cuando se ennoviaron, las reglas eran "del sentido común de la época", como explica Gabriel. Es más, "si no estaban mis hermanos o mi padre en casa, él no podía subir a casa a verme", sentencia María Eugenia, quien reconoce que ella siempre ha sido muy religiosa, "aunque sin llegar a ser beata".

 

Ocho años de novios que les sirvieron, como en la canción de Rosana, para cocer su amor a fuego lento y conocerse. "Cualquiera que le diga que, tras ocho años de novios, llegué virgen al altar... vamos, no se lo cree ni usted que lo está escribiendo", bromea María Eugenia,  que ya suelta la primera reflexión sobre el amor de hoy: "Los jóvenes van muy deprisa, no dejan tiempo para conocerse y se estrellan".

 

SILENCIO

 

De ese matrimonio nacieron cinco hijos, tres varones de los que María Eugenia se lamenta que estén separados "no una ni dos, sino hasta tres veces" y dos mujeres que están "felizmente casadas con unos maridos que las adoran". Por aquellos tiempos, Gabriel sacó las oposiciones a sindicatos y ganaba un dinero extra de contable. María Eugenia se ocupaba de la casa. "Él nunca ha sido muy detallista, ni de regalarme flores como si fuera una sorpresa... pero si me encaprichaba de algo, como un vaso o un jarrón, me lo compraba. No pasa nada por no ser detallista, él es así, lo acepto y punto".

 

Como en todo matrimonio, llegaron los momentos malos, "pero que muy malos", matiza María Eugenia, los cuales superaron "con buena voluntad, tiempo y con mucho aguante por ambas partes".

 

A medida que avanza la conversación, intentan establecer los motivos por los que las parejas duran tan poco. Sin ir más lejos, en 2014, la tasa de divorcios en Castilla y León se incrementó un 8,2 por ciento con respecto al 2013. Esto se traduciría a 15 rupturas matrimoniales al día en la Comunidad, según las Sección de Estadística del Consejo General del Poder Judicial.

 

Y con todo, María Eugenia lanza un órdago al sexo. "Yo creo que hoy impera mucho el sexo. Y la gente joven llega a confundirlo con el amor". Y al sugerírsele que el sexo tendría que ser una consecuencia del amor, responde con contundencia. "Efectivamente. Y hoy se da al revés".

 

"El amor, el matrimonio... es mucho más bonito que irse a la cama. Eso está muy bien cuando todo lo demás está muy bien". Silencio de nuevo. María Eugenia lo rompe con un tema inesperado. "Y no toques el tema de la infidelidad, porque...". Sorpresa. Gabriel intercede.

 

"A ver, es que yo he sido un hombre... que siempre me han gustado mucho las mujeres, las chicas me volvían loco". María Eugenia saca su carácter. "Y qué tendrá que ver, yo soy una mujer y también podría haber tenido mis historias". Mira y matiza: "Pero por mi religión y porque yo estaba enamorada de él, y no del otro, no quise. Y no sería por falta de dinero, que mi padre me dijo 'hija, aguanta lo que quieras, que no te va a faltar si decides volver a casa.' Pero al final...".

 

Se miran. Tema zanjado. Tal vez solo con el paso de los años se logre cerrar una conversación así con una mirada.

 

Llegamos al desenlace, a la época actual, y aún quedaban un par de sorpresas por salir. La primera, cuando María Eugenia reconoce su suerte al poseer su marido un desnudo " muy bonito", y afirma que el deseo sigue intacto, aunque las fuerzas... fallan un poco.

 

La segunda sorpresa es que, en su opinión, no hay secretos, no hay una clave para estar juntos toda la vida. "Es un tú para mí y yo para ti", opina con seguridad María Eugenia. Gabriel se sincera: "Cuando me enamoré de ella, supe que era para siempre. Sin dudarlo. La quiero, y pese a todo, no pensaría que hubiera otra mujer mejor que ella. Me gusta todo".

 

Tras enseñar varias fotos de ambos con sus cinco hijos y seis nietos, María Eugenia se dispone a ponerse el abrigo para marchar. Gabriel, atento, la ayuda a colocárselo para que le resulte más fácil. Es un momento que la cámara capta antes de apagarse, cuando ya creíamos que había suficientes imágenes. Tal vez, ese "para siempre" que los dos supieron y que un día juraron en el altar, sea eso. Tal vez el secreto se encuentre bien escondido en los detalles del día a día que tan rápido olvidamos. Y nosotros, buscando fórmulas mágicas...