Un Nazareno camino del Calvario en Valladolid

Los pasos de Nuestro padre Jesús Nazareno y el Santísimo Cristo de la Agonía desfilaron desde la iglesia de Jesús e iniciaron las procesiones de este Miércoles Santo, justo antes de la procesión del Perdón y la Esperanza.

Silencio al principio. Sonido de puertas chirriando. Los gritos de una niña solicitando a su madre que la procesión comience ya quedan ahogados. El Vía Crucis comenzaba puntual a la entrada de la iglesia de Nuestro Padre Jesús, con la cofradía titular llevando a hombros al Nazareno con la cruz a cuestas. Pocos metros atrás, el Santísimo Cristo de la agonía cerraba la marcha.

 

Otro día más, y para regocijo de las miles de personas que se congregaron a la puerta de la iglesia, la Plaza Mayor, además de en Manterías, San Juan de Dios y las Angustias, el tiempo volvía a presentarse magnífico. Algo caluroso, incluso, tal y como ha venido siendo estas últimas jornadas. Pero lo importante es que el Vía Crucis estaba en marcha.

 

Antes ya había sonado el recién estrenado himno de Semana Santa en Valladolid, ya habían roto las cornetas el silencio sepulcral que ocupaba las calles de la ciudad. Los capuchones de un color tan representativo como es el morado y las manolas empezaron a dar los primeros pasos para un recorrido que se antojaba, cuanto menos, respetuoso y ciudado, más que digno de un entrante para lo que van a ser los platos fuertes este Jueves y Viernes Santo.

 

 

Mientras las dos esculturas de más de trescientos años de antigüedad se iban abriendo camino, apenas media hora más tarde, partía también de la iglesia de San Pedro Apóstol el paso de Jesús de la Esperanza en la procesión del Perdón y la Esperanza, que iniciaba su andadura en la calle Real de Burgos y se abría camino por Chancillería, San Martín, Angustias, Juan Mambrilla, San Juan y llegaba hasta el templo del Real Colegio de los Ingleses, donde tuvo lugar un acto de penitencia y esperanza. Pero el Vía Crucis no se quedaba atrás.

 

Mientras la mismísima Guardia Civil acompañaba al Nazareno también en procesión, como si de un escolta infiltrado se tratase, el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, seguía el paso mientras las estaciones del Vía Crucia iban transcurriendo. Las calles eran en ese momento un absoluto canto, valga la expresión, al silencio y al respeto. Semana Santa en estado puro. Y lo que queda.