Un estudio internacional liderado por la UVa halla el origen de un periodo clave en la evolución humana

Varios de los hallazgos realizados en el yacimiento FLK West. Imagen cedida por Fernando Diez Martín

Han datado el inicio del Achelense, que representa la aparición de un comportamiento complejo en el género ‘Homo’, en 1’7 millones de años. 

UN MOMENTO DE CAMBIO ECOLÓGICO 

 

El estudio destaca la coincidencia en el tiempo de cambios ambientales y de la aparición del Achelense, lo que sugiere que el clima podría haber impulsado esta innovación tecnológica y su impacto en este periodo tan relevante la evolución humana.

 

En la investigación ha participado, además del Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la UVa, los departamentos de Geodinámicas y de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid, el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares (Madrid), NERC Argon Isotope de Reino Unido, el Instituto de Evolución en África (IDEA) de Madrid, la Unidad de Arqueología de la Universidad de Dar es Salaam de Tanzania, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos y la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro (Estados Unidos).

Un estudio internacional liderado por el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Valladolid (UVa), en el que han participado investigadores de España, Reino Unido, Tanzania y Estados Unidos, ha datado el origen de un periodo clave en la evolución humana, el Achelense, en 1’7 millones de años de antigüedad. La investigación ha sido publicada en la prestigiosa revista científica ‘Scientific Reports’, perteneciente al grupo ‘Nature’.

 

El origen del Achelense es una de las señas de identidad de la evolución humana, ya que representa la aparición de un comportamiento complejo, expresado en la fabricación recurrente de herramientas de gran tamaño con formas estandarizadas, lo que implica una mayor previsión y planificación por parte de los humanos arcaicos que la requerida por la tecnología precedente, la olduvayense, caracterizada por su escasa elaboración.


Hasta el momento, las evidencias más antiguas conocidas de la tecnología Achelense se remontaban a 1’7 millones de años y se limitaban a dos yacimientos arqueológicos: Kokiselei, en Kenia, y Konso, en Etiopía, ambos carentes de restos de fauna, por lo que la funcionalidad de estas primeras herramientas Achelenses se ha mantenido desconocida.


El equipo científico dirigido por investigadores de la UVa ha descubierto otro sitio Achelense temprano, el FLK West, dentro del complejo arqueo-paleontológico de la Garganta de Olduvai, en Tanzania, que ha sido también datado en 1’7 millones de años, aunque de forma mucho más consistente que en los casos anteriormente citados, y que proporciona evidencias de los primeros pasos en el desarrollo de esta tecnología. Se trata del yacimiento Achelense más antiguo bien datado, en el que las herramientas de piedra aparecen en abundancia y bien contextualizadas y en el que la funcionalidad de éstas se puede relacionar con la explotación de la fauna.


En FLK West coexisten herramientas de grandes dimensiones (iguales o mayores de 10 centímetros) someramente elaboradas (denominadas LCT, por sus siglas en inglés), y hachas de mano de excelente factura, lo que podría indicar que distintos aspectos complejos de la cognición estuvieron presentes desde las primeras etapas del Achelense.


Como avanza el profesor de la UVa Fernando Diez Martín, el investigador que ha liderado el trabajo publicado en ‘Scientific Reports’, “aunque fundamentalmente se han encontrado estas piezas simples de grandes dimensiones llamadas LCT, lo que entra en la idea de lo que hasta ahora entendíamos como primer Achelense, en la campaña de 2015 se ha hallado de forma inesperada una pieza excepcional, un bifaz de basalto de grandes dimensiones, perfectamente configurado, simétrico y bien elaborado técnicamente, un descubrimiento sorpresa para un yacimiento de cronología tan antigua, que presentamos en este trabajo y que tendremos que estudiar en profundidad”.


HERRAMIENTAS


Los investigadores han llevado a cabo un análisis tecnológico detallado de 2.120 piezas y han comprobado la utilización de algunas de estas herramientas en el procesamiento y consumo de la fauna conservada en el yacimiento, probablemente por parte de un temprano ‘Homo erectus’.


“Ahora que conocemos la tecnología y la cronología de estas piezas se abren nuevas vías para profundizar en ellas. Después de este trabajo inicial estamos desarrollando ya nuevos estudios sobre aspectos funcionales, cognitivos, económicos y de arqueología espacial del yacimiento. Por ejemplo, estamos llevando a cabo estudios de traceología o análisis de las huellas de uso y también de fitolitos o restos vegetales fosilizados asociados a estas piezas, trabajos que pueden aportar mayor información”, detalla.