Un equipo de la Universidad de Valladolid reconstruye la evolución de la radiación solar ultravioleta en España

Investigadores del Laboratorio de Atmósfera y Energía de la Universidad de Valladolid trabajan en la estimación de este parámetro y su evolución desde los años 50. 

La radiación ultravioleta (UV) forma parte de los rayos solares y puede originar diversos efectos adversos sobre la salud humana. Es el principal factor de riesgo para la mayor parte de los cánceres de piel y además puede causar otros daños en la propia piel, en los ojos o en el sistema inmunitario. La cantidad de radiación UV que llega a la superficie terrestre depende entre otros de factores como la capa de ozono (que absorbe la mayor parte de la radiación dañina), la nubosidad o los aerosoles (las partículas en suspensión en el aire).

 

Pese a estos efectos adversos sobre la salud humana, las medidas de radiación UV se han empezado a realizar hace relativamente poco tiempo en España, en los años 90. Sin embargo, es relevante desde el punto de vista epidemiológico conocer cómo ha evolucionado la radiación UV en el país en un periodo amplio de tiempo. “El efecto de la radiación UV en el ser humano es acumulativo y por tanto es interesante estudiar cómo ha evolucionado, porque la incidencia de determinadas enfermedades puede estar relacionada con ella”, explica a DiCYT Julia Bilbao, responsable del Laboratorio de Atmósfera y Energía de la Universidad de Valladolid.

 

Los investigadores del Laboratorio trabajan actualmente en la reconstrucción de las series de radiación UV en España desde 1950, con el objetivo de aportar nueva información sobre su evolución en el tiempo. El trabajo centra la tesis doctoral del investigador Roberto Román, que se encuentra en su última fase de desarrollo.

 

Para reconstruir las series de radiación UV se ha partido de la radiación solar global, empleando dos tipos de datos: medidas tomadas en tierra y medidas proporcionadas por los satélites. Las medidas en tierra han sido suministradas por nueve estaciones de la red de la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) ubicadas en las localidades de San Sebastián, Murcia, Madrid, Ciudad Real, Cáceres, Tortosa, A Coruña, Valladolid y Villalba de los Alcores (Valladolid), donde el Laboratorio cuenta con una estación solar. 


Los datos recopilados recogen aspectos relacionados con los aerosoles, la columna de ozono, medidas de vapor de agua o aspectos relacionados con la nubosidad, datos que se contrastan con los proporcionados por los satélites para calcular el grado de error y determinar si se trata de información significativa. “Hemos creado y validado un modelo y lo hemos aplicado para obtener otra variable, en este caso la radiación solar UV. Obtenemos la radiación UV y lo pasamos a lo que se denomina UV eritemática (eritemática porque procede de eritema, la quemadura causada en la piel por el Sol), que es la radiación UV multiplicada por una función relacionada con quemadura solar y su efecto en la piel, los ojos o las células”, precisa Bilbao.


EVOLUCIÓN DE LA RADIACIÓN UV


Los investigadores apuntan que, una vez reconstruida la serie, se puede concluir que hay distintos periodos en la evolución de la radiación UV en España desde los años 50. En concreto, entre 1950 y 1984 la radiación UV disminuyó, mientras que entre 1984 y 2011 se ha producido un aumento. Los aerosoles, las partículas que se encuentran en la atmósfera y que no forman parte de sus componentes “naturales” han tenido una gran influencia en la evolución de la radiación UV. Se trata de contaminantes que reducen significativamente los niveles de radiación UV. “Entre 1950 y 1984 creció la presencia de aerosoles, después se han suscrito protocolos para reducirlos y los niveles disminuyeron”, detalla la investigadora.


Asimismo, la radiación UV se ve afectada por otros factores como los niveles de ozono, la temperatura (la población tiende a mostrar más su piel con una mayor temperatura, lo que incide negativamente en los efectos de la radiación) o las erupciones volcánicas (como la de Pinatubo en Filipinas en 1991 o la del Eyjafjallajökull en Islandia en 2010).