Ullmann no defrauda y su trágica 'Señorita Julie' arranca los aplausos del público

SEMINCI

La cinta de Ullmann, exhibida este lunes y que compite por la Espiga de Oro de la Seminci, se inspira en la obra de Strindberg, llevada ya a la gran pantalla e interpretada sobre las tablas en diversas ocasiones.

La veterana cineasta Liv Ullmann no ha defraudado al público de la 59 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), que ha acogido con aplausos su trágica 'Señorita Julie', basada en la obra del dramaturgo sueco August Strindberg.

 

La cinta de Ullmann, exhibida este lunes y que compite por la Espiga de Oro de la Seminci, se inspira en la obra de Strindberg, llevada ya a la gran pantalla e interpretada sobre las tablas en diversas ocasiones, y a través de una estudiada ambientación y una detallada fotografía se sumerge de lleno en la historia de la señorita Julie, una joven huérfana de madre y criada, infeliz y sin atenciones por su padre, y de John, el ayuda de cámara del barón, su padre.

 

La inmadurez de la joven, determinada seguramente por la falta de atención y la necesidad de sobrevivir a una existencia que, en sueños, le lleva permanentemente a caer al fondo del precipicio, la empuja a John, quien emparejado con Kathleen, la cocinera, comienza por seguir las órdenes de la joven hasta que muestra su verdadero rostro.

 

La noche de San Juan, el deseo de Julie de disfrutar de la fiesta, beber y bailar y su innata capacidad de provocación la acercan y la alejan peligrosamente a John: ella juega con fuego y luego rechaza mientras que él, tras obedecer y aferrarse a su relación con la cocinera, termina cayendo en la trampa.

 

La noche saca a la luz los más oscuros secretos de los dos jóvenes: en el caso de John, su insaciable ambición por posicionarse, saltar de clase social y tener dinero y poder, además de su pasado enamoramiento de Julie, a quien creía inalcanzable y que pasa de ser una "ama" que cree alejarse de su condición "superior" para ser una más, lo que seguramente en el fondo siempre ha anhelado.

 

La soberbia de él y la fragilidad de ella les llevan a un punto de no retorno que pasa por encima de la propia Kathleen, consciente de que "las clases son las clases", como esgrime al final de la cinta, y que les hace barajar incluso huir del país para estar juntos.

 

Pero la desesperación de John, que transita entre los intentos de comprensión y la brutalidad, y especialmente de Julie, quien llega a robar a su padre y se ve incapaz de encontrar solución a una situación en la que sólo busca ser una de los "últimos" para acceder al reino de Dios, les lleva al final menos adecuado: ese en el que el fuerte decide, ante la debilidad ajena, cuál tiene que ser el destino.