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Tres Espigas de Oro para tres colosos del cine español en la Seminci

Juan Diego, Juan Mariné y Fernando Trueba, con sus tres Espigas de Oro. JUAN POSTIGO
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Juan Diego, Fernando Trueba y Juan Mariné recibieron entre el cariño del público los máximos galardones conmemorativos de la Semana Internacional del Cine de Valladolid.

“Aquí estamos para exagerar, esto es la Seminci”, bromeaba una vallisoletana de pro y experta en cine como es Concha Velasco, recién comenzada la gala de entrega de las tres Espigas de Oro de este jueves. Y no le faltaba razón. O quizá sí. “No, en serio, la Seminci es algo muy serio”. Y es que en eso consiste el cine, la magia de la cámara. Puede hacerte ver una cosa durante un segundo, para que acto seguido parezca todo lo contrario. Cientos y cientos de filmes, de fotogramas, para que finalmente todo acabe en una obra de arte, con el objetivo de conseguir encandilar al público.

 

La cuestión es que este martes había tres expertos en ello en Valladolid. Fernando Trueba, Juan Diego y Juan Mariné han sentado cátedra en esto del cine que se dieron cita en el Teatro Calderón, un espacio que viene a reflejar muy bien esto del arte en la ciudad. Valladolid estaba de gala para recibirles.

 

Y no faltó nadie. Aitana Sánchez-Gijón, Jorge Sanz, Antonio Resines, Miriam Díaz Aroca, Fernando Chinarro, la propia Concha Velasco... El Calderón se había vuelto el teatro de los sueños del cine español, que esta tarde noche vestía sus mejores galas. Era el momento de recibir las Espigas de Oro.

 

Cada uno fiel a su estilo. “Es un premio tan importante que casi no puedo ni hablar”, comenzó Mariné, visiblemente emocionado. Quien por cierto casi no podía ni hablar de verdad era Diego, afónico y con fiebre, pero que no se planteó la posibilidad de faltar a recoger su galardón. “Se trata de un premio que todo actor desea, una Espiga de Oro es de lo más codiciado”.

 

Pero quizá el plato más fuerte era el de Trueba. El director, que no rehuyó la polémica de no sentirse español y defendió la libertad de expresión, llegó fuerte a Valladolid. “Todavía recuerdo cómo me enamoré del cine”, arrancó. “Cuando tenía quince años leí una crítica a Miguel Rubio sobre ‘El niño salvaje’, que se presentó en la Seminci de 1970. Sin verla me hizo soñar y desear verla. Al daño siguiente, cuando se estrenó, me escapé del colegio y salí sabiendo que quería hacer cine”. El séptimo arte es algo de lo que es difícil no quedar prendado.

 

La cuestión es que la gala terminó por convertirse en una muestra de anécdotas, de recuerdos, de alegría y de emoción. El propio Mariné no dudó en rememorar a sus maestros, y es que a sus 95 años no deja de ser espectacular la vitalidad del catalán. Juan Diego explicó sus más de cien películas y momentos únicos. Trueba destacaba que “la verdadera patria es el cine y los amigos”. Mientras, el público del Calderón se dejaba las manos a aplaudir. ¿Acaso cabía otra opción ante tres colosos del cine español? Y todavía quedan muchos dñias de Seminci.

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