Tres años de cárcel para el joven que robó en 130 coches de 17 parkings de Valladolid

Juzgados

Se le ha reducido la condena al declararse culpable y tras devolver cerca de 3.000 euros que había adquirido en varias de estas sustracciones.

Un joven de origen búlgaro, Petar I.I, de 24 años, se ha conformado este lunes con una condena de tres años y un día de cárcel tras reconocerse autor de los robos cometidos entre marzo y julio de 2014 en más de 130 vehículos aparcados en un total de diecisiete garajes comunitarios de Valladolid. El acuerdo alcanzado hará innecesaria la celebración de un juicio fijado para toda esta semana en la Audiencia de Valladolid con participación de más de un centenar de testigos.

 

La sentencia de conformidad pactada considera al referido joven autor de un delito continuado de robo con fuerza en las cosas, en concurso medial con un delito continuado de estafa, pero con las atenuantes de reparación del daño causado -ha abonado ya cerca de 3.000 euros- y arrepentimiento espontáneo, ya que cuando fue detenido en octubre del pasado año reconoció los hechos e incluso se autoinculpó de otros muchos que no se le imputaban.

 

La condena de tres años y un día de prisión, junto con el pago de las indemnizaciones correspondientes, es sustancialmente inferior a los siete años que, con carácter provisional, solicitaba el Ministerio Fiscal, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

El detenido sustraía navegadores, gafas de sol de marca y carteras con documentación personal y tarjetas de crédito. Posteriormente, operaban con las tarjetas bancarias que habían sustraído hasta gastar su límite máximo en casinos y plataformas online situadas en el extranjero.

 

Además, pirateaba redes inalámbricas vulnerables para evitar dejar rastro de sus actuaciones. Para lograrlo disponían de hardware y software específico que vulneraba contraseñas hasta un radio de acción de 150 metros.

 

LADRÓN SELECTIVO

 

Los robos se producían durante la noche y en la misma franja horaria y el autor fracturaba la ventanilla delantera derecha del copiloto mediante apalancamiento y, tras revolver el interior del vehículo, sustraía efectos de una forma selectiva, principalmente navegadores, gafas de sol de marca, cámaras fotográficas y de vído, libros digitales y carteras que encontraba con documentación personal y tarjetas de crédito.

 

Posteriormente, con las tarjetas de crédito que encontraban en el interior, al disponer de todos los datos de la víctima y la tarjeta, las utilizaban de forma fraudulenta a través de Internet hasta el límite máximo que permitía la tarjeta.

 

Fruto de las investigaciones y del rastreo de las operaciones efectuadas a través de Internet con las tarjetas bancarias fraudulentas, se pudo comprobar que el autor de los hechos operaba con ellas fundamentalmente en casinos y plataformas online situadas en el extranjero, lo que complicó la investigación, al ser necesaria la utilización de los instrumentos de cooperación internacional.

 

Asimismo, los investigadores pudieron comprobar que las conexiones a Internet para realizar las operaciones fraudulentas se llevaban a cabo desde distintos domicilios y negocios sin ningún nexo común entre ellos, pero cercanos entre sí, lo que llevo a los agentes a trabajar bajo la hipótesis de trabajo de que el autor de los hechos pirateaba wifis vulnerables para no dejar rastro de las operaciones.

 

EL CENTRO DE OPERACIONES, EN DELICIAS

 

Después de solicitar el oportuno mandamiento de entrada y registro, se localizaron en un piso del barrio de Delicias, donde el delincuente tenía su centro de operaciones, numerosos efectos procedentes de los robos del interior de los vehículos, entre los que se encontraron diez navegadores, tres cámaras de fotos, un ordenador portátil, un disco duro externo y varias memorias USB, siete teléfonos móviles y ocho gafas de sol de marca.

 

Se intervino además un ordenador clónico de última generación y dos antenas con las cuales el detenido accedía a Internet mediante las redes wifi ajenas al vulnerar las contraseñas de las víctimas hasta un radio de acción de 150 metros, para lo que disponía de hardware y software específico, ya que su domicilio no disponía de conexión a Internet.

 

Sólo en la ciudad de Valladolid el autor de los hechos había accedido a diecisiete garajes comunitarios donde forzó un total de 133 vehículos.