Toma la Palabra plantea recuperar el Lope de Vega como escaparate de la creación escénica

Valladolid Toma la Palabra propone la potenciación de los espacios escénicos vallisoletanos para impulsar un mayor desarrollo de la actividad teatral de la ciudad.

Se integran en este lugar el interés por la conservación de edificios históricos y la decisión de mantener su uso cultural, vinculado a las artes escénicas. En ninguno de los dos ámbitos parece haber propuestas serias ni por parte de sus actuales propietarios (el Banco Ceiss), ni por parte de las administraciones públicas.

 

Debe recordarse que este teatro es el más antiguo espacio escénico de la ciudad. El edificio cuenta con más de 150 años de historia. Con capacidad para 954 espectadores (348 de ellos en el patio de butacas), fue inaugurado en 1861, ocupando una parcela de 1617 m2 que tradicionalmente se había destinado a ese mismo uso. Lo proyectó Jerónimo de la Gándara. En julio de 1920 se hicieron obras de modificación de la fachada (la original remataba con un frontón), levantando el paño y colocando azulejos y la marquesina de hierro y cristal, con proyecto de Fidel Mantilla. 

 

El proyecto plantea la restauración y recuperación de los principales espacios del edificio original, pero además una serie de intervenciones en el ambigú de la planta superior, la zona de oficinas, una nueva caja escénica, la recuperación del foso de la orquesta, nuevas instalaciones y la creación de una sala polivalente en el cuerpo de 20 de febrero. El presupuesto de ejecución material se elevaba a 5.448.800 euros, lo que suponía que el presupuesto total se estimase en 7,5 millones de euros.

 

Pero entre la documentación del proyecto es extraordinariamente interesante la descripción que se hace del estado del edificio en el que se advierte de importantes problemas graves.

 

Por todo ello, Valladolid Toma la Palabra ha presentado este lunes una denuncia en el Registro Municipal y en la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, en la que pone de manifiesto el mal estado del edificio histórico y la necesidad de que se obligue a los propietarios a actuar con urgencia para evitar que la degradación aumente, y se garantice la conservación del inmueble.