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Tener buenos vecinos podría frenar el riesgo de infarto

Vecinos jugando una partida

Tener buenos vecinos y vivir en una comunidad local con amistades puede ayudar a frenar el riesgo de infarto en sus habitantes, según una nueva investigación. 

Las conclusiones de este trabajo señalan que la ampliación de la red de apoyo social de una persona podría estar vinculada a una disminución de las posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares.

 

La evidencia actual sugiere que las características de una zona en la que vive una persona pueden afectar negativamente a su salud cardiovascular, como, por ejemplo, la densidad de puntos de venta de comida rápida; los niveles de violencia, el ruido y la contaminación; el consumo de drogas; y el mal estado de los edificios.

 

Sin embargo, pocos estudios han examinado los efectos potenciales para la salud de mejorar las características positivas del vecindario local, como la percepción de la cohesión social del barrio, dicen los autores de esta nueva investigación, cuyos resultados se publican en 'Journal of Epidemiology and Community Health'.

 

Estos expertos realizaron un seguimiento de la salud cardiovascular de más de 5.000 adultos estadounidenses con problemas cardiacos conocidos durante un periodo de cuatro años, a partir de 2006, con una edad media fue de 70 años, y casi dos tercios de ellos mujeres y el 62 por ciento, casados.

 

Todos los participantes de este trabajo estaban involucrados en el 'Estudio de Salud y Jubilación', un análisis representativo a nivel nacional de los adultos estadounidenses mayores de 50 años, que son encuestados cada dos años.

 

En 2006 se pidió a los participantes a anotaran en una escala de siete puntos cuánto se sentían parte de su vecindario, si creían que tenían los vecinos que les ayudaban si se encontraban en dificultades, si confiaban en la mayoría de los habitantes de la zona y si sentían que estos eran muy simpáticos.

 

Se tuvieron en cuenta factores potencialmente influyentes, como edad, raza, género, ingresos, estado civil, nivel de instrucción, perspectiva y actitud, integración social, salud mental, estilo de vida, peso y problemas de salud subyacentes, como diabetes y presión arterial alta. Durante el seguimiento de cuatro años, 148 de los 5.276 participantes (66 mujeres y 82 hombres) sufrieron un ataque al corazón.

 

El análisis de los datos mostró que cada aumento de una desviación estándar en la percepción de la cohesión social del barrio se asoció con una reducción del 22 por ciento en el riesgo de un ataque al corazón. Dicho de otra manera, en la escala de siete puntos, cada aumento de una unidad en relación a la cohesión social del barrio se vinculó con una disminución de un 17 por ciento en el riesgo de ataque al corazón.

 

Esta asociación se mantuvo incluso después de ajustar por factores sociodemográficos, conductuales, biológicos y psicosociales pertinentes, así como el apoyo social a nivel individual. Los investigadores creen que sus hallazgos se hacen eco de los de otros estudios que han hallado una relación entre los vecindarios locales bien integrados y menos riesgo de apoplejía y de enfermedad cardiaca.

 

No obstante, matizan que se trata de un estudio observacional por lo que no se pueden extraer conclusiones definitivas acerca de la causa y el efecto y admiten que no tenían datos sobre algunos factores de riesgo potencialmente importantes, como antecedentes familiares de enfermedades del corazón/derrame cerebral e influencias genéticas.

 

Pero, insisten en que se relaciona una fuerte red de apoyo social de amigos y familiares con una mejor salud. "La percepción de la cohesión social del barrio podría ser un tipo de apoyo social que está disponible en el entorno social del barrio fuera del ámbito de la familia y los amigos", escriben, apuntando que comunidades locales muy unidas pueden ayudar a reforzar e incentivar ciertos tipos de comportamientos coherentes y excluir los antisociales.