Taylor se queda a 8 centímetros de la inspiración que Edwards encontró en el Helmántico

El estadounidense Christian Taylor, durante la final de la prueba de triple salto del Mundial de Pekín. Foto: EP

El estadounidense Christian Taylor pone en vilo las marcas que dejó el británico en su año más mágico, 1995, el que empezó con un récord del mundo en Salamanca. El nuevo campeón del mundo tiene ahora la segunda mejor marca de siempre.

El estadounidense Christian Taylor ha hecho temblar esta tarde uno de los récords más logevos y preciados del atletismo mundial, el de triple salto, en poder de Jonathan Edwards desde un lejano 1995 en el que el británico y su físico alejado de los arquetipos atléticos asombraron al mundo con una racha increíble de tres récords mundiales en menos de un mes que empezó una tarde de julio en Salamanca. Fue un 19 de julio en el ya desaparecido Gran Premio Diputación cuando Edwards ligó su nombre para siempre a las pistas del Helmántico y acrecentaba, al tiempo, la leyenda del tartán salmantino como cuna de récords mundiales.

 

Hoy Taylor ha estado a punto de acabar con una marca que lleva 20 años en la tabla de récords, impertérrita, sin que prácticamente nadie se haya mostrado capaz de batirla. Es el que más cerca ha estado nunca: 18.21, solo ocho centímetros menos. En 1995 el propio Edwards tuvo que luchar también con una marca que amenazaba con eternizarse, los 17.97 metros en poder del estadounidense Willie Banks desde 1985. Como ahora ha hecho Taylor, el británico había apuntado al récord toda la temporada. Ya había avisado con una estratosférica marca de 18.43 en mayo de 1995, anulada por exceso de viento (y todavía hoy el salto más largo registrado nunca). Y lo confirmó aquel verano, a partir de aquella tarde en Salamanca.

 

 

En su segundo intento, con un viento favorable rozando lo legal (1,8 m/segundo), la prodigiosa técnica de Edwards proyectó su cuerpo hasta los 17.98 metros, un centímetro más, su primer récord del mundo y una muesca más para unas pistas salmantinas que ya habían albergado el primer récord de Sotomayor en 1988 y el segundo en 1993, todavía vigente. Días después, el 7 de agosto de 1995, el británico explotó en Gotemburgo y en la final de triple salto del Mundial batió el récord mundial otras dos veces: 18.16 primero y 18.29, finalmente.

 

Fue el culmen de un verano prodigioso en el que el británico sacó a relucir sus enormes cualidades. Rápido (acreditó 10.48 en los 100 y 6.77 en los 60 metros), su fabulosa técnica le hacía fluir hasta donde nadie había llegado. Aquel 1995 estaba en un estado de gracia como nunca volvió a repetir. En 1999 regresó a Salamanca y todavía en 2001 logró ser campeón mundial. todo ese tiempo dominó la lista mundial pero nunca más se acercó a esas marcas. Ni él, ni nadie, hasta que ha llegado Taylor espoleado por la competencia con el cubano Pichardo. Ambos cargan, a partir de ahora, con la responsabilidad de superar a Jonathan Edwards.