Tanorexia, cuando tomar el sol se convierte en una obsesión

La tanorexia se presenta como una adicción a mantener un bronceado perfecto, pero pone en peligro la salud mental y física de las personas. El bronceado se inserta en los años veinte en nuestra sociedad y provoca que mucha gente se pase horas al sol. 

Si hay algo seguro en la moda es que es fluctuante y afecta directamente a la sociedad. Así, insertos en la moda que influye en los campos de la salud y la belleza, se pueden encontrar dos inflexiones en la historia de las tendencias de la imagen física.

 

La primera, alrededor de los siglos V al XVI, cuando había una obsesión por lucir una piel blanca. El maquillaje oscuro, anteriormente utilizado por egipcios, entra en declive pues se focaliza el signo de la belleza, la nobleza y el bienestar económico y la salud con la tez blanca. Desde reyes y reinas, como Enrique IV o María Antonieta, lucían rostros muy pálidos. Sin embargo, no todos eran derivados de su constitución física natural sino que se llegó a utilizar materiales como el carbonato, sanguijuelas o inclusa la presión de vidrios al producir un efecto vacío con ellos.

 

La segunda inflexión afecta a nuestra actualidad más reciente. Con la llegada de las democracias en occidente, que dan lugar a un turismo de masas ansioso de playas y climas calurosos, llegan nuevas modas, y nuestra sociedad se habitúa a una cultura del 'moreno' a partir de los años veinte. Además, el actual incremento de centros de estética con rayos uva o de consejos en las revistas de moda para aumentar la tonalidad hacen saltar en la sociedad una de las adiciones más comentadas últimamente: la tanorexia. Esta adición genera una necesidad obsesiva entorno al bronceado de la piel, ya sea tomando el sol de forma natural o a través de rayos uva.

 

Sin embargo, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), no recoge como una enfermedad patológica el término tanorexia, que a menudo es comparado, paralelamente, con trastornos corporales como puede ser la anorexia o la bulimia.

 

El médico de familia Carmelo Herrera coincide en que “es un trastorno por descubrir ya que la mayoría de los dermatólogos no están de acuerdo con este hecho ya que no todos lo reconocen”.  De momento, sí se puede afirmar que “la exposición extrema o el uso de rayos uva sin control provoca un efecto nocivo en la piel, que en muchos casos deriva en un cáncer de piel “, señala Herrera quién destaca del melanoma el hecho de que “si en un cáncer de pulmón una de las principales causas señaladas es el consumo de tabaco, en un cáncer de piel está siendo la excesiva exposición al sol”.

 

Esta obsesión por estar moreno se diagnostica “cuando todas las actividades de una persona giran en torno a esta adición”, aclara Herrera. Y es que es muy usual que los afectados no reconozcan su adición hasta que las consecuencias no se materializan, es decir, no aparece una secuela física como puedan ser manchas o indicios al melanoma. Todo comienza por dejar de hacer rutinas necesarias como no comer para ir a aprovechar las horas de máximo sol o competir con amigos para ver quién se pone más moreno. Todo ello responde a “una inseguridad del afectado ante la imagen externa” que se tiene de él, aclara Herrera.

 

Por su parte, la psicóloga Alba Marcos explica que los trastornos psicológicos derivan de “una falta de control en la vida diaria y más simple de los pacientes” de tal forma que “al final comienzan a querer controlar otros aspectos como la comida, o la exposición al sol en este caso, pero terminan perdiendo el control”. Es decir, que de la inseguridad en las cosas más simples de la vida proyectan un intento de control en otros temas, hasta que dicho control se les escapa de las manos.

 

Cabe señalar que nunca se debe dudar de el diagnóstico y el consejo de los médicos, profesionales que solo aconsejan tomar el sol con protección solar y evitar las horas de máxima radiación. Pues la piel tiene memoria, y aunque no se puedan ver los efectos nocivos después de una quemadura, puede haber consecuencias futuras.

 

La belleza, influenciada por los cánones impuestos por la sociedad, repercute en nuestra cultura, pero no se debe olvidar que cuando se llega a extremos donde tomar el sol se convierte en una obsesión hay que pensar dos veces en los efectos a largo plazo.