Sus Majestades de Oriente desembarcan en Valladolid en una Cabalgata mágica

Melchor, Gaspar y Baltasar saludaron a todos los niños vallisoletanos en una procesión asombrosa e inmejorable, plagada de luz y color, para después proseguir su camino a Belén.

Era un día especial, de esos para recordar. A fin de cuentas, no se hace un viaje tan largo desde Oriente hasta Valladolid todos los días. Tan solo se trataba de una escala porque todavía quedaban muchos países más que recorrer, pero lo importante es que los más pequeños de la ciudad pudieran ver por unas horas, un pequeño periodo de tiempo, a los que ya se habían convertido en los Reyes de sus sueños. Melchor, Gaspar y Baltasar hacían escala en Valladolid, y la ciudad se rindió ante sus majestades.

 

Se rindió, o más bien les recibió como merecen. Miles y miles de niños coparon las calles del centro para una cabalgata excepcional, nueva aunque solo sea por el hecho de que se adelantaba una hora respecto a la de anteriores años y contaba con quinientos metros más de recorrido. Una novedad que seguro agradeció más de un padre. Y de manera puntual, allí que arrancó.

 

Estaba todo listo. Los caramelos –esos que acabaron impactando en alguna cabeza, pero que por norma general hicieron las delicias de los más pequeños-, las carrozas, los pajes, la ilusión y, por supuesto, los protagonistas. Esos que en la noche del martes al miércoles realizarán su jornada más complicada de trabajo. Pero qué importa cuando lo que está en juego es la felicidad de los niños.

 

Primero por Filipionos, luego por Acera de Recoletos. La espesa barba no impedía que se viera la sonrisa de GasparMelchor, por su parte, tiraba caramelos como si no hubiera mañana a los miles de vallisoletanos que copaban las vías de la ciudad. Baltasar optaba por saludar desde su impresionante carroza traída desde Oriente. Sí. Los Reyes Magos ya estaban en Valladolid y estaban dispuestos a llenar todas las casas de regalos.

 

¿Y la ciudad? Pues a reventar. Y no es que fuera fácil conseguir un hueco cercano a la valla. El metro cuadrado de baldosa estaba todavía más cotizado que el oro, el incienso o la mirra a eso de las seis y media de la tarde, poco antes de que arrancara el tropel.

 

"¡Baltasaaaar! "¡Baltasaaaaaaar!". Una niña se desgañitaba en la calle Miguel Íscar, próxima parada. "¡Quiero un muñeco de Funbooooy!". La sonrisa de ébano de su majestad hizo pensar que la pequeña vería su deseo hecho realidad esta noche. Gaspar y Baltasar también tomaban buena nota de lo que les pedían los más pequeños de la casa, y es que con la sonrisa de un niño no se juega.

 

Eso sí, la novedad estaba este año en la ausencia de animales, véase caballos que en otras ocasiones sí habían acompañado a sus majestades. Y es que a veces el Ayuntamiento de Valladolid puede mandar más que un rey. Había que acatar.

 

La tarde-noche iba ganando en animación y jolgorio según transcurrían los minutos y la comitiva se iba abriendo paso por las calles de Miguel Íscar y Duque de la Victoria. Los colores y las luces seguían sucediéndose a un ritmo endiablado, el mismo ritmo al que llovían dulces (más de uno abrirá los regalos con un chichón en la cabeza) y aquel que dejaría a los niños agotados para una larga y esperanzadora noche.

 

"¡Melchoooor, Melchoooooor!". Otro al que su rey preferido tendrá que dejarle unas pastillas para la garganta junto a sus zapatos, además de todos sus deseos plasmados en la carta que debió escribir antes. La reunión había prometido diversión para todos, y sin duda se pudo encontrar a raudales por las vías de la ciudad castellano y leonesa, epicentro del mundo durante el periodo de poco más de dos horas que duró la visita de sus majestades a Pucela.

 

Y así se llegó hasta el Ayuntamiento de Valladolid, última estación antes de que sus Majestades volvieran a emprender camino al resto del mundo. Para entonces, las gargantas ya estaban en pie de guerra, alguno iba empachado a caramelos y aquel de allá bostezaba como si no hubiera mañana. Pero sí lo había. Y estará cargado de regalos.

Los Reyes Magos en el balcón del Ayuntamiento. A.MINGUEZA
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