Sin Kepa no hay paraíso para el Real Valladolid (1-1)

Manu del Moral pelea un balón ante un jugador del Huesca. LFP

Tras una entretenida primera mitad con gol de Rodri incluido, los blanquivioletas firmaron una segunda para olvidar. Solo el portero salvó la derrota, aunque no pudo evitar el gol de Machís al final.

FICHA TÉCNICA

 

SD Huesca: Leo Franco; Aythami, Íñigo López (Luis Fernández, 78′), Carlos David, Morillas; Manolo, Ros (Fran Mérida, 51′); Camacho, Tyronne, Darwin Machís; Jonathan Moya (Mainz, 61′).

 

Real Valladolid: Kepa; Moyano, Juanpe, Mójica (Guzmán, 80′), Timor, Hermoso, Álvaro Rubio, André Leão, Óscar (Tiba, 61′), Del Moral (Juan Villar, 72′) y Rodri.

 

Goles: 0-1, minuto 6, Rodri | 1-1, minuto 83, Darwin.

 

Árbitro: Eiriz Mata (Colegio Gallego) amonestó con tarjeta amarilla a Timor, André Leão, Óscar, Álvaro Rubio, Rodri y Kepa por parte del Valladolid; y a Íñigo López, Tyronne y Carlos David en el Huesca.

 

Incidencias: Partido correspondiente a la Jornada 7 en Segunda División jugado en El Alcoraz ante unos 2.500 espectadores.

Nada. Que no. Dicen que en el buen hacer y en el esfuerzo está la recompensa, pero este Real Valladolid parece destinado a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Y es que los de Garitano tienen una dolencia por ahora sin cura, que de prolongarse en el tiempo puede terminar con el descarte fugaz de un objetivo vital como es el ascenso. Los blanquivioletas volvieron a demostrar sus carencias, esta vez ante el Huesca en El Alcoraz, para escapar con un 1-1 que bien podía haber sido peor de no ser por un galáctico Kepa, que salvó todo menos el postrero gol de Machís para neutralizar el inicial de Rodri.

 

El partido, como era previsible, comenzó con sorpresa en el once inicial del Pucela. De esas extrañezas que en realidad no lo son. Timor tuvo que formar en el centro de la defensa ante la plaga de bajas, mientras que Manu del Moral hizo lo propio de inicio por la derecha. Un once que esperaba ser de garantías para la primera victoria de la temporada. Y es que la pelea de rachas se las traía. Un boxeador que no había ganado en casa, otro que no lo había hecho fuera. El combate se preveía nulo.

 

Pero no lo fue. Y es que tanto el contendiente del calzón rojo y azul como el de blanco y violeta se echaron a por el premio desde que sonó la campana. Dicen que el que golpea primero, lo hace dos veces. Pam. El público no se había sentado alrededor del ring cuando el Pucela, en botas de Rodri, pegó el primer gancho directo. Apenas habían pasado cinco minutos, pero si Mojica había puesto el centro de su vida no era cuestión de desaprovecharlo. Leo Franco solo pudo ver el balón caer al fondo mientras se echaba al suelo, como si el puñetazo se lo hubieran dado a él.

 

Fue entonces cuando comenzó la sangría para el Pucela. El Huesca volvió a ponerse los guantes, se quitó el sudor de la frente y se recuperó del golpe. Camacho comenzó a tomar protagonismo y Machís comenzó el juego de piernas sobre la lona. El Pucela sufría, pero no le dolía, al menos en apariencia. Una defensa más o menos ordenada, con Rubio sujetando en el centro, hacía todo más fácil.

 

Sucedió entonces lo que nunca debería, y es que el árbitro, el encargado de repartir justicia, se metió demasiado en medio. Hasta cinco amarillas le llovieron al Pucela en cuarenta y cinco minutos, mientras el combate se ponía demasiado violento. ¿Recuerdan a Braulio Vázquez protestando por los trencillas? Pues eso. Al menos se llegó al descanso sin mal mayor.

 

A pesar de los primeros inconvenientes, las apuestas subían para el Pucela, que se veía como el ganador del cinturón mundial. Pero no. Como la tópica película americana de marras, el boxeador dolido sacó fuerzas de flaqueza y se encontró de lleno con el rival que creía que estaba todo hecho. Sí, pecando de confianza.

 

Rodri, un islote arriba, luchaba como un león, mientras el Huesca comenzó a hacer suyo el partido. Se inició la lluvia de mamporros, a la que Kepa respondió con un recital de intervenciones y paradones de todos los colores. Hasta que ocurrió lo que tenía que pasar. El gancho definitivo, por parte de Machís –una auténtica máquina-, dejó KO a un Pucela que ya olía los tres puntos. Solo quedaban cinco minutos, insuficientes para demostrar lo que no se había demostrado en los cuarenta anteriores tras salir de vestuarios.

 

En cierto modo el combate sí que acabó siendo nulo, pues uno sigue sin ganar en casa y el otro sin hacer lo propio fuera. Y mientras, el ascenso se aleja para el Pucela. No es por resultados, no es por lo que diga la clasificación, que también, sino porque sin victorias fuera de casa no hay paraíso.