¿Seremos capaces de fotocopiarnos en un futuro o descargarnos los muebles de Ikea sin movernos del sitio?

En algunas ocasiones hemos hablado del exceso de precio de las tintas de impresoras y de la necesidad de actualizarse, pero ¿qué pasa si juntamos la nueva tecnología con las nuevas máquinas de impresión?

Hablemos de la impresión en 3D. Estas “maquinitas” se han adaptado a la necesidad de producir productos a un coste ínfimo, en comparativa con los productos originales.

 

Un concepto “revolucionario” que lleva ya unos cuantos años en funcionamiento y en constante desarrollo para su mejora. Muy lejos queda ya la antigua máquina de impresión la cual nos permitía realizar múltiples copias con tan solo un “clic”.

 

Hemos pasado por la impresión en blanco y negro, la impresión en color, dejamos el chorro de tinta para centrarnos en la impresión láser, mucho más rápida y clara, y ¿ahora qué?. No podemos quedarnos estancados en un simple papel.

 

La impresión en tres dimensiones poco a poco se está convirtiendo en una revolución silenciosa que cambiará muchas cosas en el futuro. Lo que comenzó como una tecnología para imprimir pequeños objetos de plástico a partir de un archivo tridimensional está empezando a saltar a otros ámbitos como veremos a continuación.

 

Ofrecen en primer lugar “precisión”, después nos dan la opción de “calcar” objetos manufacturados sin tener que transportarlos físicamente, basta con tener la “materia prima”. ¿Nos descargaremos en unos años los muebles de Ikea a nuestra impresora personal? Es algo que todavía no sabemos, pero lo que si sabemos es que dará mucho que pensar ¿verdad?

 

Hasta tal punto ha dado que pensar que incluso el sector gastronómico se ha apuntado a la impresión culinaria. Quizás esta sea la solución a la nueva creatividad en la cocina, con impresoras que pueden hacer cosas como una “patita de pollo” rebozada con la forma de un trasbordador espacial, pasteles con logotipos en su interior, o “snacks” de maíz que adoptan la forma de una flor. Además de poder ofrecer otra textura y otro sabor en alimentos que conserven sus propiedades y características.

 

¿CÓMO FUNCIONA EL PROCESO?

 

Básicamente consta en ir creando capa por capa, desde la base hasta la parte superior. Para ello la impresora crea una capa de plástico en polvo, que se compacta y a través de un ordenador que le indica la orden, se proyecta una capa sobre otra hasta completar la pieza en su totalidad.

 

También existen dos tipos de impresoras 3D, de tinta y láser. Las de tinta utilizan la propia tinta como aglomerante que se compacta y permitir asi varios colores. Las impresoras láser lo que hacen es transferir energía al polvo para que este pase de un estado sólido a líquido y después sumergirle en otro líquido para que se solidifique de nuevo adoptando la forma del objeto elegido.

 

Esta tecnología en tres dimensiones es algo muy precario todavía que funciona de una manera lenta pero con resultados profesionales. Los precios de las impresoras sobrepasan los mil euros de media y el precio de una impresión, por ejemplo de un objeto de decoración ronda los diez euros, pero si nos fijamos en la calidad del material y el precio, por ejemplo en la medicina, en la creación de una prótesis es algo que hay que tener muy en cuenta.

 

MÚLTIPLES USOS DE LA IMPRESIÓN EN TRES DIMENSIONES

 

                                        

1.- Casa solar modular y personalizada cuyos módulos han sido “literalmente” impresos.

                                        

2.- Bicicletas impresas, de la mano del gigante aeronáutico europeo EADS, demuestra que con su modelo “Airbike” una nueva modalidad de uso de las impresoras.

                                       

3.- Un bólido de carreras impreso prácticamente en su totalidad en 3D fue probado en el circuito de carreras de Hockenheim y aceleró “de 0 a 100 km/h en cuatro segundos”.

                                       

4.- También en la medicina, con la impresión de prótesis cien por cien seguras a un coste “relativamente bajo”.

                                       

5.- Cualquier objeto, complemento, o “cosa” que se nos ocurra como gafas, arte, juguetes o ingeniería pueden ser impresos bajo esta revolución tecnológica.

 

IMPRIMIRNOS A NOSOTROS MISMOS

 

Lo último en el múltiple uso de la impresión en 3D, quizás algo futurista, pero consiste nada más y nada menos que en imprimirnos a nosotros mismos o mejor dicho a nuestros órganos. La impresión de repuestos vivos esta muy lejos de la realidad por la dificultad que supone integrar los distintos mecanismos, pero el primer paso ya está dado.

                                         

Este primer paso no es otro que la impresión de células madre embrionarias, un avance que ha desarrollado la Universidad de Heriot Watt de Edimburgo. Las células madre embrionarias tienen la facultad de replicarse indefinidamente y de adoptar cualquier estructura celular para crear distintos tejidos. La técnica de impresión 3D en la medicina abre las puertas a una nueva generación de tejidos para trasplantes que no causan rechazo en el paciente.

                                         

Aún es pronto decir que en un futuro podamos imprimir un brazo idéntico al que llevamos con nuestro propio material genético pero ¿quién sabe?