Seis cuestiones que quizás no sabes sobre la relación entre lunares y cáncer de piel

Lunar

La relación entre cáncer y lunares forma parte de las campañas de detección precoz del cáncer de piel. Estar atentos a los cambios en los también conocidos como 'nevos' o 'nevus' por los dermatólogos es un paso importante para el diagnóstico precoz de esta enfermedad pero ¿qué otros aspectos debemos de tener en cuenta sobre lunares y cáncer de piel?

Tener un mayor número de lunares aumenta el riesgo a desarrollar cáncer de piel tipo melanoma. 

 

Otros factores de riesgo que aumentan la posibilidad de padecer cáncer de piel son las quemaduras solares que se producen en la infancia y la adolescencia; los antecedentes familiares o de haber padecido epitelioma basocelular u otro tipo de cáncer de piel (que aumentan el riesgo de un segundo cáncer de piel); o la inmunosupresión, ya sea por una enfermedad que ocasiona unas menores defensas o por la toma de medicamentos en las personas que han pasado por un trasplante o padecen cáncer.

 

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Hay seis cuestiones básicas sobre lunares y cáncer de piel que pueden ayudarnos a disminuir los riesgos de padecer la enfermedad:

 

1. Aparición y número

 

En la aparición de un mayor número de lunares incide el factor genético, ya que pueden ser más numerosos entre quienes tienen los fototipos de piel más claros, pero también la exposición al sol hace que salgan más lunares hasta los 40-50 años, para después dejar de aparecer e incluso algunos involucionar.

 

2. Si son más de cien...

 

Es necesario someterse a una revisión anual por el dermatólogo si tenemos más de cien lunares. Se realiza una dermatoscopia digital que identifica y localiza los lunares y determina si existe algún cambio significativo o signo de alarma.

 

3. Tipos de lunares

 

El mayor riesgo de malignidad se produce en los lunares de mayor tamaño. Por lo general los bebés nacen sin lunares, que van apareciendo entre los dos y cinco años de edad. Los lunares que ya se encuentran en la persona en su nacimiento se denominan 'nevus melanocíticos congénitos' y lo habitual es que vayan creciendo de tamaño con el paso de los años.

 

4. Cualquier lunar puede malignizarse

 

La mayoría de casos de cáncer de piel aparecen 'de novo', sin estar implicado un lunar, como una mancha que empieza a crecer, pero otros surgen desde un lunar preexistente.

 

El cáncer de piel que suele manifestarse a partir de los lunares es el melanoma, que no es el más frecuente entre los tipos de cáncer de piel pero sí el más agresivo aunque un diagnóstico precoz mejora el pronóstico.

 

El cáncer de piel más frecuente es el epitelioma basocelular, cuya apariencia inicial se asemeja a una herida, lesión ulcerada, que no cicatriza, que presenta elevación y una pequeña red de vasos sanguíneos. Su ubicación inicial más común es el rostro.

 

5. Autoexploración cada dos meses

 

Cada dos meses hay que revisar las manchas y lunares que tenemos y vigilar signos de alarma como la aparición de súbito de un lunar o mancha, su aumento de tamaño, cambios en la forma o color y la aparición de sangrado. Como ya se ha mencionado, cuando son más de 100 lunares los que existen, se debe realizar un mapa corporal y dermatoscopia una vez al año.

 

6. Radiación UV, quemaduras en la infancia y fármacos

 

Además de hacer un seguimiento de los lunares que tenemos, el principal factor de riesgo a modular y que marca la diferencia es la protección frente a la radiación ultravioleta, ya sea de fuentes naturales como el Sol o artificiales como las lámparas.

 

Se deben evitar las quemaduras solares en los primeros años de vida y si existe algún fármaco que aumente el riesgo, sustituirlo en la medida de lo posible, sobre todo cuando ya se ha padecido cáncer de piel.