Schlöndorff destaca a quien cambia la historia frente a políticos que se creen diplomáticos

El cineasta alemán presenta 'Diplomatie', una producciónfrancoalemana sobre el encuentro que evitó el bombardeo y la destrucción de París por parte de los nazis durante la II Guerra Mundial.

El cineasta alemán Volker Schlöndorff reinvindica el papel de las personas que, lejos de las primeras filas, toman decisiones que cambian el rumbo de la historia en 'Diplomatie', una producción francoalemana sobre el encuentro que evitó el bombardeo y la destrucción de París por parte de los nazis durante la II Guerra Mundial.

  

La cinta, presentada este domingo en el marco de la 59 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid y recibida con aplausos por el público de Valladolid, se desarrolla en el París al que el cineasta se desplazó con 16 años y que nunca hubiera podido conocer si aquella intención de las tropas nazis hubiera prosperado, tal y como se había planteado.

  

"Para mí hay una implicación muy natural: en aquella época tuve un contacto con París natural y espontáneo y ahora me doy cuenta de que estuvimos a un centímetro de la catástrofe y que, si aquello hubiera sucedido, jamás hubiera visitado París, ni hubiera sido director de cine", ha confesado el director en relación a la historia que narra en 'Diplomatie': la del encuentro entre el general nazi y gobernador de París, Dietrich von Choltitz, y el cónsul sueco Raoul Nordling durante la noche del 25 de agosto de 1934.

  

La cinta trata del encuentro entre ambos en el despacho del general en un céntrico hotel de París, desde donde se había planeado, por parte de los nazis y con la obligada ayuda de un arquitecto francés, la destrucción de París con la voladura de sus edificios más emblemáticos y sus puentes para, de este modo, evitar que restara protagonismo a Berlín, totalmente destrozada por los bombardeos.

 

 "La historia no está protagonizada solo por Hitler o Mao... también por figuras que toman decisiones a a nivel individual y dan un cambio a la historia, como ocurre con el cónsul y el general; el cónsul tomo una decisión personal de rebeldía frente a la política oficial de Suecia de neutralidad, tomó una decisión personal que motivó el resultado", ha explicado el director.

 

CAMBIOS DE ESTRATEGIA Y ACTITUD

  

De este modo se refería a la perseverancia del diplomático a la hora de tratar de convencer al general nazi de que no destruyera París: primero apelando a la belleza de la ciudad y a una cuestión humanitaria; luego a la nula utilidad de esa decisión y, en último término, al protagonismo del general como la persona que evitó que la ciudad, con sus rincones, desapareciera.

  

De manera paralela se percibe en el general un cambio paulatino de actitud: de la negativa férrea por sentido de la obligación y lealtad al nazismo y a su líder a la apelación a la ley que imposibilitaba su marcha atrás: lo que él incumpliera lo pagaría su familia por decreto. En los últimos momentos, los de mayor humanidad del general, se comprueba cómo su preocupación pasa por el bienestar y futuro de su familia y no tanto por una ideología, un proyecto y unos principios, los alemanes, de los que hace tiempo ya se había distanciado.

  

Durante su comparecencia ante los medios, el director alemán se ha referido a las peculiaridades del ejército alemán y ha recordado cómo hace más de 200 años, la obra 'El Príncipe de Hamburgo' relataba la historia de un príncipe que desobedece las órdenes porque ve una oportunidad en la batalla y, pese a salir victorioso, es fusilado por desobediencia.

  

"La victoria parece menos importante que la obediencia y de esa tradición desciende el general en la película", ha precisado el director antes de puntualizar que, en cualquier caso, uno de los aspectos que le interesaba mostrar era cómo París fue salvado un general que no era persona cultivada y amante del arte pero cuyo comportamiento, no obstante, entraña "repercusiones enormes".

  

"Me gusta esta paradoja: si hubiera sido militar impecable habría obedecido las órdenes y, como era una persona que tenía un pasado horrible, con crímenes terribles, quizá desobedeciendo podría redimirse de ellos", ha barajado antes de considerar, en el caso del cónsul sueco, que no hay "suficientes buenos diplomáticos" en la actualidad, como lo demuestra el conflicto entre Rusia, Ucrania y la UE, que al contrario de la guerra de Siria o de la ofensiva del Estado Islámico, "solo se puede resolver con diplomacia".

  

El problema radica, a su juicio, en que los políticos "no tienen ganas de delegar las decisiones en los diplomáticos" y, dado que sólo piensan en las próximas elecciones, quieren "encargarse ellos" pese a que los diplomáticos tienen un horizonte "mucho más largo".

 

SU EXPERIENCIA FRANCO-ALEMANA

  

Schlöndorff ha rememorado, durante la rueda de prensa, su traslado a París para estudiar francés y su estancia posterior, época en la que no sintió ni odio ni hostilidad pese a que el internado en el que estaba le miraban "como un bicho raro". "Se planteaban cómo era un joven alemán, qué pensaba, qué hacía, cómo se sentía", ha recordado antes de precisar que le pedían opinión  como persona y como alemán, aspecto que luego él asumió hasta llegar a pensar de esos dos modos distintos.

  

Fue mayor la preocupación de su padre que la suya: le advirtió, en una carta, de que iba a sentirse extraño y extranjero y de que no iba a volver a ser más quien era, lo que para el cineasta era "perfectamente bueno" dado que quería dejar de ser "ese pequeño alemán" para ser "un pequeño ciudadano francés" y, de este modo, liberarse del sentido de la culpa.

  

La intervención de un sacerdote jesuita la que hizo ver a su padre que la identidad no es la virginidad: "una se pierde y otra se va ganando", ha bromeado el director, quien se ha referido al Mundial de fútbol y al expresidente Sarkozy, cuya derrota electoral ha achacado a su pretensión de seguir el modelo alemán, "lo que era seguir cinco años de ocupación y la gente no iba a entender ese drama. Por eso perdió".

  

La música, que acompaña el arranque de la película, con imágenes en blanco y negro de la destrucción de Varsovia, "no ayuda" pero ilustra "las dos caras de Alemania": la militar y la cultural. "Se nos olvida que hay un terreno medio entre Beethoven y Hitler", ha puntualizado antes de comparar su trabajo con el de un director de orquesta: en su caso, tenía delante una obra y "unos intérpretes fabulosos" de los que tenía que sacar "lo mejor", especialmente en una historia como la que ha grabado, en la que todo el mundo conoce el desenlace.

  

El cónsul, el general y la misma París protagonizan esta cinta, en la que el despacho en el que discurre la trama comparte cierta parte de su protagonismo con unas secuencias del subsuelo de la Asamblea Nacional y con la azotea del hotel cuartel general de los nazis: el que ha permitido al director y a su co-guionista, Cyril Gely, responsable de la obra de teatro en la que se inspira la cinta, dar a París el papel preponderante que tiene en 'Diplomatie'.