Saravia no es partidario de derribar el edificio de Tremiño cuando cese su actividad

La Joyería Tremiño, situada en la calle Santiago. A.MINGUEZA

Las dos arrendatarias de la Joyería continúan su actividad después de que el juzgado les diera la razón. El anterior equipo de Gobierno quería derribar este añadido a la iglesia de Santiago de Valladolid.

La iglesia de Santiago de Valladolid parece que no se desprenderá de su postizo junto al ábside del templo, que hoy ocupa la histórica Joyería Tremiño. El anterior equipo de Gobierno, comandado por Javier León de la Riva, lo tenía claro. Una vez que la concesión municipal de este edificio de unos 50 metros cuadrados acabara, se derribaría de inmediato para que la iglesia recuperase su aspecto original.

 

En teoría, la concesión del pequeño inmueble –construido por el Consistorio en los años 40 para albergar a vendedores ambulantes – terminaba el 31 de diciembre de 2014. Pero una alegación de las propietarias de la joyería, hijas de Luis Tremiño que en 1951 se convirtió en arrendatario del local, hizo que el alquiler se prolongue en el tiempo hasta que las dos herederas fallezcan o censen su actividad comercial.

 

El juez dio la razón a las hermanas Carmen y Paula Tremiño, tal y como recuerda el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia.  “No sabemos cuándo cesará su actividad, por lo que la decisión de si derribar o no el edificio está latente, porque aún puede pasar varios años hasta que estos suceda”. De hecho, la Disposición Transitoria Tercera de Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 establece que “los arrendamientos cuyo arrendatario fuera una persona física se extinguirán por su jubilación o fallecimiento”.

 

No obstante, Manuel Saravia no es de la partida de derribar el edificio y sí reaprovecharlo para la actividad municipal. “Se podría instalar una oficina de información, por ejemplo”, señala el teniente de alcalde, quien cree que el debate de eliminar los añadidos a las iglesias “es muy antiguo”. Mi opinión personal y la de muchos es que no es necesario derribar los edificios colindantes, porque las iglesias rara vez han estado desnudas”, aclara.