Santana: “O salgo a morir en la plaza, o me quedo en casa y es duro estar un año parado, te sientes inerte”

El diestro vallisoletano se presneta en el Coso de Zorrilla como matador de toros después de un año en blanco. Hará el paseíllo en el día de la patrona con David Luguillano y Joselillo.

Es el último matador de toros de la tierra. Pablo Santana tomó la alternativa el pasado año a final de campaña en la plaza de toros de Mojados. Desde entonces no se ha vuelto a vestir de luces. Es la cruz del toreo, la puntilla de muchos jóvenes que quieren ser figuras en el nada fácil mundo de la tauromaquia. Ha tenido un largo año para “pensar”, para “madurar” y “amar más” esta profesión.

 

Lejos de desistir, tirar la toalla, darse por vencido, Pablo Santana ha entrenado cada día como si fuera el último. Y aunque se ha sentido solo, a veces muy solo, cada mañana se ha levantado sintiéndose torero y sabiendo que la oportunidad llegaría. Y así ha sido. Valtauro le ha cartelado en su plaza, en el día de la patrona y en un cartel de la tierra.

 

Pablo Santana compartirá terna con el veterano David Luguillano y con José Miguel Pérez Joselillo con un encierro de Araúz de Robles. “Tengo muchas ganas, mucha ilusión, estoy deseando que llegue el momento y darlo todo. Quiero sacar lo que llevo guardado todo un año”.

 

“El lunes tengo dos posibilidades: o salgo a jugarme la vida o me quedo en casa y te aseguro que llevo un año en casa y es muy duro. A veces te sientes un ser inerte”. Pablo Santana es sincero, como su toreo, de corte clásico y profundo. Lleva unos días matando toros a puerta cerrada. “Me he visto muy suelto con la capa y poderoso con la muleta”, dice el de Valladolid.

 

Desde que se pusiera delante de su primer becerro, Santana ha completado nueve campañas como profesional. “Nunca me había ocurrido depender tanto de una corrida como ahora. Pero es lo que hay; y el lunes no valdrán excusas de si he toreado mucho o poco”. Para Santana lo importante es ir mentalizado, jugárselo todo “al doble o nada”.

 

 

Será la primera vez que haga el paseíllo en el coso de Zorrilla, al menos como matador de toros. Antes lo había hecho en dos novilladas sin caballos. Le han contado de la corrida jienense de Araúz de Robles que “viene fuerte, pero bonita”. Santana sueña con cortar las orejas, bañar el viejo coso con su toreo y que este pueda ser el punto de inflexión a su carrera.

 

“Es muy duro ver que pasan los días y los meses y no verse en los carteles. Miras el escalafón y ves a tus compañeros con ocho o diez corridas de toros y te preguntas ¿qué hecho mal?”. Pablo cree que cambió de apoderado (su carrera anteriormente fue dirigida por Jorge Manrique y ahora por los también matadores de toros José Ignacio Ramos y Mariano Jiménez) con “toda la ilusión del mundo”, pero a veces “la ilusión te juega malas pasadas”.

 

Confiesa que aunque está bien acompañado por sus seguidores, su cuadrilla y su familia, a veces se siente un poco solo, y sus nuevos apoderados no han sido capaces de acartelarlo en ninguna cita. “Tengo que apechugar y resolverlo yo solo en la plaza”. Santana sabe que ahora tiene la oportunidad de cambiar su historia. Y el lunes saldrá a morir en Valladolid y demostrar que el coso de Zorrilla tiene un nuevo torero.