Sangre, sudor y tres puntos del Real Valladolid en Santo Domingo (0-1)

Roger celebra el tanto que le daría los tres puntos al Real Valladolid. AS / JESÚS AGUILERA

En un partido entretenido, un gol de Roger Martí al final de la primera mitad fue suficiente para que los de Rubi se llevaran la victoria, tras una segunda parte de auténtico sufrimiento.

Ficha técnica:

 

0 - Alcorcón: Falcón; Nagore, Charlie Dean (David González, m.46), Verdés, Ángel Sánchez; Escassi, Rubén Sanz, Anderson, Bellvis (Guichón, m.70); Oscar Plano (Álvaro Rey, m.66); y David Rodríguez.

 

1 - Valladolid: Dani Hernández; Chica, Rueda, Valiente, Peña; Óscar Díaz (Alfaro, m.62), André Leao, Omar Ramos (Jeffren, m.29), Timor; Óscar (Álvaro Rubio, m.73); y Roger.

 

Goles: 0-1, m.36: Roger.

 

Árbitro: Arcediano Monescillo (C.castellano-manchego). Amonestó a Bellvis (m.55), Nagore (72) y Verdés (90), del Alcorcón; y a Oscar (m.3), Roger (44), Dani Hernández (54), Óscar Díaz (60) y Timor (87), del Valladolid.

 

Incidencias: encuentro correspondiente a la cuarta jornada de la Liga Adelante, disputado en el estadio de Santo Domingo (Alcorcón), ante unos 2.000 espectadores.

"Padecimiento, dolor, pena", define entre sus páginas la Real Academia Española el término 'sufrimiento'. Palabras que le vienen como anillo al dedo al Real Valladolid para su partido ante el Alcorcón en Santo Domingo, que terminó con el resultado de 0-1 a favor de los blanquivioletas gracias a una diana certera de Roger al final de la primera parte. Y es que la segunda fue un auténtico suplicio del que supieron salir vivos los de Rubi para puntuar por primera vez fuera de casa.

 

La empresa no era fácil. Después de las malas sensaciones cosechadas en Lugo hace dos semanas y la recuperación parcial de hace unos días en Gijón, tocaba ponerse el mono de trabajo para demostrar a la afición que este equipo va en serio. Con juego, lo que es precisamente juego, no respondieron los chicos de Rubi, pero sí al menos con una gran dosis de padecimiento -recuerden la RAE- y paciencia para llevarse los tres puntos al zurrón.

 

Fíjense que la primera parte fue algo más bien tranquilo, de esas en las que ambos equipos, conscientes de que el otro podía hacer daño, buscaban las cosquillas con mimo y cuidado, esperando la oportunidad. Ahí se encontró Rubi con una presión asfixiante, propia de los equipos de su homólogo Bordalás, con la que quizá no contaba.

 

En esas que ninguno de los dos se atrevía a lanzarse al ataque de manera definitiva. Un disparo lejano de Leao, quien formó una interesante pero inconsistente pareja con Timor en el centro del campo, y un Anderson que no terminaba de encontrar su espacio pese al par de detalles interesantes que dejó sober el césped y poco más.

 

Mientras Jeffren tomaba el lugar de un Omar lesionado y el Alcorcón empezaba a estirar líneas peligrosamente, apareció de repente Billy el Niño en Santo Domingo. Y menos mal, porque el Pucela comenzaba a dejar unos huecos en demasía peligrosos. La cuestión es que Óscar decidió dar una a diestras, suficiente, un solo chispazo, para dejar solo a Roger ante Falcón. Pum, y para adentro. Quizá no lo mereciera el Valladolid, pero la realidad es que al descanso se llegaba 0-1.

 

Fue entonces cuando Bordalás tocó a arrebato. Y con él, sus jugadores. Y con ellos, la afición de Santo Domingo, que en apenas quince minutos que duró el descanso, convirtió el ambiente en el de un manicomio. En esas le tocaba pelear al Pucela.

 

Ahí estuvo poco listo Rubi, algo sobrepasado para reaccionar, no así sus jugadores que supieron tapar la vía de agua con acierto y un poco de suerte. Primero David Rodríguez a bocajarro, después un desacertado Anderson, acto seguido Héctor Verdés. El acoso y derribo parecía destinado a que la puerta acabara cayendo. Si los alfareros no empataron en el arreón inicial fue de puro milagro, mientras las tanganas y los roces entre jugadores iban crispando el partido.

 

No quedaba otra que tener paciencia y esperar. Con el paso de los minutos, y gracias en parte esta vez sí a los cambios del entrenador blanquivioleta, el Real Valladolid comenzó a ver como algo bueno, muy bueno, el resultado. Un solo gol valía tres puntos -por mucho que Rubi venda que a sus jugadores les exije siempre dos como mínimo-, y eso fuera de casa era un auténtico tesoro.

 

Tánganas, jugadores rodando por el suelo y las tarjetas amarilas terminaron por convertir el partido en un auténtico infierno, en un campo de batalla del que el Pucela consiguió salir vivo. A punto estuvo Roger de sentenciar en un mano a mano que se fue alto, pero tampoco hizo falta. Con el pitido del árbitro, los tres primeros puntos como foráneo saben a gloria a un Valladolid que, ahora sí, debe aprender a crearse una identidad. Porque ponerse el mono de trabajo no va a servir toda la temporada.