Sacyl indemniza con 144.000 euros a un hombre por un mal diagnóstico en el Río Hortega de Valladolid

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha condenando al Sacyl y a su aseguradora para que se indemnice con 144.000 euros a J.F. por los daños ocasionados por una defectuosa asistencia sanitaria.

INCAPACITADO

 

En la actualidad, se encuentra incapacitado para realizar cualquier tipo de trabajo. Dadas las múltiples limitaciones que padece, precisa de ayuda permanente para las actividades habituales del día a día. Su vida ha dado un giro de 180º.

 

La presidenta de 'El Defensor del Paciente', Carmen Flores, considera "inadmisible que se limiten las posibilidades de los pacientes, cuando deben ponerse a disposición de los enfermos todos los medios diagnósticos y terapéuticos. No se pueden descartar a priori las alternativas sin realizar las pruebas diagnósticas oportunas, pues la salud y la vida de las personas están en juego".

 

Lo que ha sucedido a este joven, a su juicio, son hechos muy graves pues le faltó muy poco para perder la vida, "y la ha salvado pero con muchas limitaciones. Se pudo y debió evitar esta situación, como tantas otras, si tan solo se hubieran puesto a disposición del paciente los medios con los que se contaban y están disponibles en el Sacyl", lamenta.

 

La Defensa ha sido llevada a cabo por el abogado de Santiago Díez, del Bufete Díez & Curiel y Asociados, despacho encargado de los Servicios Jurídicos de 'El Defensor del Paciente'.

La sentencia, fechada en mayo de 2015, no había sido dada a conocer hasta este martes por el 'Defensor del Paciente' debido a que Sacyl no había abonado la indemnización al afectado hasta principios de enero de 2016, por lo que ha habido que esperar a la firmeza del fallo y pedir ejecución, según explican a Europa Press fuentes de dicha asociación.

 

El día 28 de junio de 2011, el afectado, J.F, cuando contaba con 45 años, acudió al Servicio de Urgencias del Río Hortega de Valladolid aquejado de fuertes dolores abdominales y, tras realizársele diversas pruebas diagnósticas, entre ellas varias pruebas de imagen y una colonoscopia, quedó ingresado en el centro médico tras apreciarse una gran oclusión intestinal derivada de una masa grande y compacta de tipo canceroso.

 

También se valoró que pudiera tratarse de una divertículitis. No obstante, sin realizar diagnóstico diferencial de ambas posibilidades, se encasilló la patología del paciente en un proceso canceroso, incurriendo así en un grave error de diagnóstico. Y no solamente se erró en el diagnóstico, tampoco se prestó atención al empeoramiento progresivo del enfermo, ni a la patología que iba presentando, hasta el punto de dejar evolucionar un cuadro de sepsis de tipo fecaloide con consecuencias muy graves. El error diagnóstico condicionó todo el tratamiento posterior.

 

La sentencia reconoce, que habiendo una duda sobre la enfermedad padecida, "es preciso diferenciar qué le pasa al enfermo, que cuanto antes se sepa qué le pasa al enfermo, es mejor para su tratamiento y que para ello es posible acudir a determinados medios".

 

Y por ello establece que la administración "no puso todos los medios de que disponía para tratar al enfermo y, con ello limitó las oportunidades de curarse; se le privó indebidamente de la oportunidad de que la enfermedad que podía sufrir -y que, lamentablemente, era la que padecía-, fuese debidamente tratada antes de que se obtuviese el diagnóstico de certeza a la que podía llegarse cuando se culminasen las pruebas que se reputasen necesarias".

 

Las consecuencias de la deficiencia asistencial han sido muy graves. El paciente llegó a estar en un serio compromiso vital. J.F. era un joven emprendedor, con éxito profesional, soltero, sin responsabilidades familiares, lo que le permitía disfrutar de mucho tiempo libre para hacer deporte y realizar viajes.