Rubi, joven pero curtido en mil batallas

Joan Francesc Ferrer, Rubi, nuevo entrenador del Real Valladolid. JUAN POSTIGO

El nuevo entrenador del Real Valladolid, que ha firmado por dos temporadas, no cuenta con un gran historial, pero ha tenido que pasar varias experiencias atípicas en su corta carrera. Entre ellas, compartir un año de trabajo al máximo nivel en el Barcelona del 'Tata' Martino.

Tras muchos dimes y diretes, el Pucela por fin lo hizo oficial; Joan Francesc Ferrer Sicilia (Vilasar del Mar, 5-2-1970), alias Rubi, era el nuevo capitán del barco que debe partir con destino a Primera División, puerto al que se espera arribar en doce meses. ¿Pero cómo es el joven técnico que agarra el timón de la nave blanquivioleta?

 

La mayoría de su carrera ha transcurrido en su Cataluña natal, y bien hay que decir que ni su trayectoria como jugador ni la de entrenador han sido especialmente extensas. Como si de un estudiante recién licenciado se tratara, Rubi se encuentra a la búsqueda de un trabajo fijo, aquel acto que le haga licenciarse ante el extenso mundo futbolístico español. Aunque no será porque no ha tenido ya un par de matrículas de honor.

 

Pese a su corto currículum, el catalán ya se ha curtido en un par de Erasmus que son los que han hecho decantarse al Real Valladolid por él. A sus 44 años, ya puede presumir de haber clasificado a un equipo como el Girona para el play off de ascenso a Primera, cosa que consiguió en la 2012-2013. A consecuencia, terminó en el cuerpo técnico del Barcelona esta temporada, parcialmente apartado por la llegada del 'Tata' Martino y la maldita enfermedad de Tito.

 

Aquella campaña en Girona fue mágica para él, sin duda. El club catalán ascendía por aquel entonces a su segundo entrenador en una medida económicamente desesperada, ya que el año pasado había conseguido mantener la categoría de puro milagro. Con un presupuesto bajo, el mago se sacó de la chistera una añada mágica y solo el Almería, en el último partido del play off a Primera, consiguió evitar el milagro.

 

Ahí está uno de los puntos que ha gustado a Carlos Suárez y a Braulio Vázquez. Una capacidad para sacar rendimiento a los jugadores que no 'tienen estrella', de bajo presupuesto, algo que viene como anillo al dedo a la plantilla que tiene en mente el presidente. La caja fuerte no está para tirar cohetes, y en Zorrilla se espera otro milagro económico en la relación inversión/resultado.

 

Pero no por ello se renuncia al juego gustoso. Su paso por Barcelona no es casualidad, ya que lleva el gen blaugrana en su ADN. Toque y alegría para la vista, sin renunciar a la defensa contundente con un 4-2-3-1 al que, en realidad, ya está acostumbrada la grada vallisoletana con sus últimos entrenadores. ¿Eficaz? Habrá que verlo.

 

En su primera aparición ante los medios vallisoletanos, sin declaraciones hasta que se le presente este miércoles, ya se pudo vislumbrar la personalidad del técnico. Cercano, simpático, amistoso, partícipe de cimentar el éxito a través de un vestuario unido, pero serio cuando la situación lo requiere. Salvando las distancias, un aire a aquel Mendilibar que encandiló a Valladolid, en cuanto a personalidad se refiere.

 

Ahora el objetivo está claro, que no es otro que la Primera División. Carlos Suárez ha garantizado la viabilidad económica por dos años en la categoría de plata, pero su verdadera intención pasa por regresar a la élite en la primera oportunidad. Habrá que ver si Rubi es aquel diamante que parece.

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