Ridículo blanquivioleta en Los Cármenes (4-0)

El Pucela cayó estrepitosamente ante el Granada en el peor encuentro de la temporada y salvo milagro acabara la jornada en descenso, mientras la afición empieza a pedir cambios. Murillo, Recio en dos ocasiones y El Arabi hicieron los goles.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO:

 

GRANADA CF, 4 - REAL VALLADOLID, 0. (2-0, al descanso).

 

ALINEACIONES.

 

GRANADA: Roberto, Nyom, Murillo (Coeff, min.64), Mainz, Angulo; Recio (Pereira, min.82), Rico, Iturra, Brahimi, Piti; El Arabi (Riki, min.85).

 

REAL VALLADOLID: Mariño, Rukavina, Marc Valiente, Rossi, Rueda, Peña, Óscar, Omar, Bergdich (Larsson, min.46), Víctor Pérez (Sastre, min.46 (Baraja, min.60)), Javi Guerra.

 

GOLES:

 

1 - 0, min.12, Murillo.

 

2 - 0, min.24, Recio.

 

3 - 0, min.54, Recio.

 

4 - 0, min.78, El Arabi.

 

ÁRBITRO: Ayza Gámez (C.Valenciano). Amonestó a Omar (min.23), Rukavina (min.30) y Rueda (min.63) en el Valladolid.

 

ESTADIO: Nuevo Los Cármenes.

No hay más que ver los últimos encuentros del Real Valladolid para echarse las manos a la cabeza. Espanyol, Betis… y Granada. Los de Juan Ignacio Martínez siguen acumulando desastre tras desastre y cayeron por un contundente 4-0 en Los Cármenes en el peor partido de la temporada, prolongando de esta manera sus malas sensaciones. Murillo primero, Recio después en dos ocasiones y El Arabi al final firmaron la sentencia blanquivioleta.

 

Y es que el Valladolid, ya en la primera parte, inició el show para rozar prácticamente el ridículo. Sumiso y desaparecido desde el primer momento, no tardó en ponerse por detrás en el marcador gracias al colombiano Murillo, que hizo el gol de su vida en un rechace de un córner con una portentosa chilena. Corría el minuto 12 y Brahimi, un constante quebradero de cabeza para la defensa, ya había avisado con un buen centro al que no llegó El Arabi de puro milagro.

 

Pero el esperpento solo acababa de empezar. El equipo de Juan Ignacio Martínez era un juguete en manos del Granada, mucho más consciente de lo que se jugaba sobre el terreno de juego, mientras que los blanquivioletas apenas conseguían pasar del medio campo. Baste decir que un flojo disparo de Víctor Pérez y otro de Omar, que ni siquiera tuvo que despejar Roberto, fueron todo el balance ofensivo en los primeros cuarentaicinco minutos.

 

A todo esto, queda claro que cuando las cosas salen mal, falla hasta el más pintado. En un inocente córner, Mariño saltó para despejar de puños y se encontró con un golpeó al aire. Recio, que pasaba por ahí casi de casualidad, solo tuvo que empujar el balón a puerta vacía en el 22.

 

Poco a poco, ya con la ventaja en el marcador, el Granada fue rebajando el pistón y el Pucela pudo soltarse algo más, si bien la falta de intensidad de los visitantes seguía siendo la tónica. Un pecado capital en el mundo del fútbol imperdonable para la afición, que ve como partido tras partido la cosa no cambia.

 

Sin Álvaro Rubio, sin Ebert y con un medio campo y una defensa que hacían aguas, se llegó al descanso sin saber que, aunque pareciera imposible, lo peor estaba por llegar. JIM probó metiendo a Larsson y a Sastre en el centro del campo, pero en estos días el Valladolid podría montar un circo y conseguir que le crecieran los enanos. El primero falló incomprensiblemente un pase de la muerte a puerta vacía y el segundo apenas duró quince minutos en el campo, lesionado y sustituido por Baraja.

 

Mientras en Los Cármenes hacían la ola, el Granada, necesitado de una victoria así, seguía a lo suyo. Otro fallo clamoroso de Rueda al sacar el balón, interceptado por Recio, acabó en el tercer gol nazarí y el segundo del ex del Málaga cuando solo habían pasado ocho minutos del descanso. El Arabi pondría la puntilla en el 77 en el millonésimo error en un saque de esquina, en el que se reclamó fuera de juego pero no fue. Del blanquivioleta se pasó al rojo, porque el ridículo era inevitable.

 

De esta manera solo existe la posibilidad de que el Celta pierda por cuatro o más goles para evitar el descenso, algo que parece complicado este sábado en Balaidos ante el Valencia. La paciencia de la afición se va acabando y el crédito de Juan Ignacio Martínez también.