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Cartel definitivo iberian file

Ricard Casas o cómo construir un equipo atractivo en apenas dos semanas

El Club Baloncesto Valladolid era un enfermo moribundo hace apenas dos semanas y hoy, al menos, tiene etiqueta de equipo. La llegada del entrenador, Ricard Casas, ha permitido trasladar la mirada a la parcela deportiva donde se ha logrado reunir una plantilla atractiva.

PLANTILLA DEL C.B. VALLADOLID

 

BASES: Porta y  Vilhjálmsson.

 

ESCOLTAS: Luther Head e Izquierdo.

 

ALEROS: Vasilopoulos, Iván Martínez, Suka Umu.

 

PÍVOTS: Sinanovic, Haristopoulos y Omari Johnson.

 

ENTRENADOR: Ricard Casas

Ahora falta que esas urgencias de una preparación atípica se transformen en un proyecto de juego. Dentro de la enorme mentira en que se ha convertido esta ACB, al Valladolid le respalda la experiencia de la temporada anterior y la seriedad que se ha visto aplicada en estas dos semanas frenéticas de composición de una plantilla a la que solo falta por incorporar un alero. Será americano y cerrará el capítulo de incorporaciones.

 

El club sigue en pañales. Este lunes presentará a toda prisa su campaña de abonados mientras ha trabajado mañana, tarde y noche para dar forma a una mínima estructura de un club profesional. Es importante no perder la perspectiva de eso, y durante este tiempo además de buscar jugadores se ha trabajado en otros aspectos logísticos como encontrar casas y coches para las nuevas incorporaciones.

 

Todo eso dentro de un presupuesto de guerra. La plantilla no superará los 600.000 euros. Milagro o hipocresía anterior. Lo cierto es que las cantidades que van a cobrar los jugadores de la plantilla morada están en la línea de lo que puede percibir cualquier trabajador, administrativo o autónomo. Quizá es un cambio radical en los planteamientos económicos de los clubes de baloncesto que al Valladolid no le ha quedado más remedio que enarbolar. Para ello se han mezclado varios factores; pertenecer a una liga atractiva como la ACB y ser el último club necesitado de jugadores. Es decir, un escaparate que, aunque sea sin mucho dinero de por medio, los nuevos fichajes están dispuestos a aprovechar.

 

Hay políticas de riesgo porque es evidente que si Vasilopoulos está a buen nivel físico, en enero ya no estará en el Club Baloncesto Valladolid. Es el riesgo que asume Casas con sus colaboradores. También Sinanovic, que cobrará menos que en la pasada temporada, tiene ese cláusula de salida. Pueden ser las consecuencias de estas apuestas casi inevitables.

 

El club tiene claro que, al margen de conseguir uno o varios patrocinadores, puede generar por su actividad entre 800.000 y un millón de euros: abonos, taquillas, pequeños sponsors ya confirmados, aportaciones institucionales y derechos de ACB. Todo ello irá empleado a pagar la actividad de esta temporada, personal administrativo incluido. El resto de dinero que entre tendrá como principal destino enjugar la deuda que arrastra de años atrás, especialmente con sus trabajadores. 

 

El balón comenzará a botar el martes con el amistoso a puerta cerrada ante el Bilbao Basket. Antes, se pondrá en marcha una campaña de abonados en la que están depositadas importantes expectativas para comenzar a generar los primeros ingresos.

 

Ricard Casas no persigue un equipo de autor, pero sí lo suficientemente competitivo para moverse en su liga con garantías. Ese es el reto. Hay una semana de margen porque el partido ante el Madrid que abre la competición se toma como una parte más de la pretemporada. Otros clubes presumen de haber planificado bien su temporada, pero han estado incorporando jugadores hasta hace unas horas. El Club Baloncesto Valladolid lo ha hecho todo en apenas quince días. Sin duda, se busca un nuevo milagro. Pero menos.

 

 

 

 

 

 

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