Reducida la condena al conductor borracho y drogado que mató a otro en Cogeces

Imagen del lugar donde se produjo el accidente.

Embistió por detrás a la furgoneta de la que salió despedido por el impacto el fallecido, un vecino de Íscar cuya familia denuncia que ha sido indemnizada "con un dinero manchado". 

"DINERO MANCHADO"

 

La viuda y los dos hijos de la víctima comparecieron en el juicio para explicar que esa mañana el fallecido se dirigía a Cogeces para alimentar a sus perros y, como así lamentó uno de sus vástagos, para expresar su dolor por lo ocurrido. "¡Hemos sido indemnizados en parte pero con un dinero manchado y que no vale para nada!", espetó un hijo de la víctima.

 

También testificaron dos empleados del servicio de limpieza del Ayuntamiento de Íscar que unos cuarenta y cinco minutos antes del siniestro coincidieron con el acusado en el bar 'El Lagar' de Íscar donde le vieron tomarse una cerveza.

 

"Habíamos estado echando sal y dentro del bar tanto nosotros como cinco o seis cazadores estábamos con abrigo, bufanda y gorro, mientras que el acusado se encontraba en mangas", recordó uno de los operarios, quien añadió que le pareció entonces que José Miguel "estaba puesto".

La Audiencia de Valladolid ha rebajado de tres años y cuatro meses a tres años de prisión la condena impuesta al vecino de Megeces José Miguel M.M, quien en enero de 2015 conducía bebido y bajo la ingesta de diversas drogas cuando embistió por detrás con su vehículo en el término de Cogeces de Íscar la furgoneta conducida por Miguel Ángel B.Z, fallecido en el acto al salir despedido.

 

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial, que ha visto los recursos de apelación de las partes -el fiscal fue el único que no recurrió- contra el fallo anterior del Juzgado de lo Penal número 4 de Valladolid dictado en octubre del pasado año, mantiene que los hechos son constitutivos de un delito contra la seguridad del tráfico por conducir bajo la influencia de drogas tóxicas (art. 379.2), en concurso con otro delito de homicidio imprudente (art.142), pero rebaja en cuatro meses la sentencia privativa de libertad recaída en el conductor, fijada ahora en tres años, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

También modifica la Sala el capítulo indemnizatorio, en este caso al alza, al reducir la concurrencia de culpas del 15 al 10 por ciento por parte de la víctima, que no llevaba puesto el cinturón de seguridad en el momento del siniestro, con lo que las indemnizaciones fijadas en primera instancia, de 107.557 euros para la viuda y de casi 9.000 para cada uno de los dos hijos, se verán incrementadas en un 5 por ciento.

 

La condena, que le absuelve del delito de conducción temeraria que le imputaba la acusación particular, a pesar de reconocer que el acusado llevaba una velocidad inadecuada para las condiciones en las que se encontraba la vía, incluye la privación de carné de conducir por un periodo de cuatro años.

 

Durante el juicio, el condenado, para quien el fiscal y la acusación particular habían pedido cuatro y cinco años de cárcel, respectivamente, reconoció que esa mañana circulaba tras haber bebido alcohol y consumido droga pero alegó que se encontraba "perfectamente" para pilotar y que sólo la existencia de una placa de hielo a la altura del kilómetro 9,800 de la VP-1.202 le imposibilitó frenar y evitar así impactar con la furgoneta Peugeot Partner que se encontró ante sí nada más pasar un cambio de rasante.

 

José Miguel M.M, de 43 años, explicó que había estado de fiesta durante toda la noche en Íscar y que sobre las 09.40 horas del 18 de enero del pasado año se dirigía con su Audi A-5 a su casa en Megeces. Aunque conducía pese a haberse tomado cinco whiskies y un par de cervezas, junto con una raya de cocaína que, según aseguró, había esnifado el día anterior, el acusado mantiene que se hallaba "perfecto" y que circulaba a una velocidad no superior a 90 kilómetros hora, que era la limitación fijada en esa vía.

 

Fue entonces cuando, al rebasar un cambio de rasante, se encontró ante sí con la furgoneta de la víctima, "parada o a muy poca velocidad", ya que su conductor, Miguel Ángel B.Z, de 59 años y vecino de Íscar, se disponía a tomar la desviación a su derecha en dirección a Cogeces, localidad de la que era natural y a la que se dirigía para dar de comer a unos perros de su propiedad.

 

"Frené pero había una placa de hielo y...", insistió José Miguel M.M, versión que entonces dio a los agentes que acudieron al escenario del siniestro pero que éstos, durante el juicio, desmontaron tras asegurar que esa mañana, pese a que había caído agua-nieve, el firme se hallaba únicamente mojado y obligaba a circular con precaución y a una velocidad adecuada a tal circunstancia que, como así han coincidido, no llevaba el imputado.

 

EXCESO DE VELOCIDAD Y DROGAS

 

De hecho, los agentes se mostraron categóricos en cuanto a que José Miguel M.M. circulaba a una velocidad superior a los 90 kilómetros hora, como así atestiguarían las importantes deformaciones que presentaban las estructuras de los dos vehículos siniestrados.

 

"Las condiciones atmosféricas no eran buenas, había una curva, un cambio de rasante y claramente era necesario tomar una serie de precauciones y llevar una velocidad adecuada que no era la que llevaba el acusado", insistió una guardia civil que elaboró el atestado.

 

A ello, los agentes del Instituto Armado sumaron la ingesta de alcohol y drogas del acusado, a quien en el escenario del accidente se le tomó una primera muestra con un etilómetro manual que dio 0,50 miligramos de alcohol por litro de aire espirado y que tres horas y media después, tras practicarle un nuevo test en el hospital con un medidor evidencial, arrojó valores de 0,39 y 0,41. "Es muy probable que en el momento del accidente llevara 0,56 y 0,68", aventuró la misma funcionaria.

 

También se le practicó la prueba de saliva para detectar otras drogas que desvelaron que José Miguel M.M. había ingerido, en un espacio de entre tres y seis horas, cocaína, anfetamina y Alprazolam, un ansiolítico de tipo terapéutico que provoca un efecto contrario a las dos sustancias anteriores.

 

Aunque los responsables del atestado mantuvieron que la víctima no llevaba puesto el cinturón de seguridad, de ahí que el cuerpo atravesara la ventanilla trasera derecha y acabara en el arcén, el letrado de la acusación particular puso en entredicho tal afirmación, si éxito, al plantear la posibilidad de que el fallecido, pese a llevar tal sistema de retención, saliera despedido a causa del impacto que abatió por completo su asiento.