Quince años para el hombre que clavó una navaja a otro en el Clínico de Valladolid

TRIBUNA

Los hechos tuvieron lugar en junio de 2013, cuando los dos implicados coincidieron en el Hospital tras una reyerta entre sus dos clanes.

La Audiencia de Valladolid ha condenado a una pena de quince años de prisión a Domingo San Juan, el hombre que en junio de 2013 asesinó a Domingo Mancebo, de 37, tras clavarle una navaja en el corazón cuando ambos coincidieron en Urgencias del Clínico Universitario de Valladolid, al que habían acudido junto con varios familiares para curarse de las lesiones que minutos antes se habían producido tras una reyerta entre los clanes a los que pertenecen en el barrio de España, donde residían.

 

La sentencia se limita a aplicar el veredicto de las seis mujeres y tres hombres que integraron en jurado popular, que la pasada semana se mostraron unánimes al considerar que el día de los hechos el procesado, de 50 años, atacó a su oponente armado con una navaja que llevaba ya abierta en el bolsillo y con la clara intención de acabar con su vida, sin que la víctima tuviera la más mínima oportunidad de defenderse debido a lo sorpresivo del ataque.

 

Así, además de la citada pena privativa de libertad por delito de asesinato, con la atenuante de confesión de los hechos, la condena incluye las prohibiciones, por tiempo de 25 años, de acercarse a una distancia no inferior a 500 metros a la viuda e hijos, padre, hermanos y sobrinos del fallecido, así como de comunicarse con ellos, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

En concepto de responsabilidad civil, el condenado deberá indemnizar a la viuda de la víctima en la cantidad de 120.000 euros, más los gastos del sepelio, y con 52.000 euros a cada uno de sus dos hijos, además de con otros 11.000 al progenitor del asesinado y con idéntica cantidad a los herederos de la madre, ya fallecida.

 

Del capítulo indemnizatorio ha sido excluida, sin embargo, la hermana del fallecido, de la que el magistrado recuerda que el óbito de Domingo Mancebo es el resultado fatal de las rencillas que la mujer tenía con la hermana del acusado.

 

Durante el juicio, el fiscal había mantenido su petición de 16 años de cárcel y una indemnización global de 285.000 euros, mientras que las acusaciones particulares, ejercidas por un lado por los progenitores --la madre ha muerto ya-- y una hermana de la víctima, y, por otro, la viuda y dos hijos, reclamaron 17 años y medio de prisión --antes pedían 20 años-- e indemnizaciones, por el mismo orden, de 90.000 y 294.000 euros.

 

La defensa de Domingo San Juan, sin embargo, seguía considerando los hechos como un delito de homicidio y solicitó 12 años y nueve meses de prisión.

 

El crimen se remonta al 14 de junio del pasado año cuando las familias del fallecido, Domingo Mancebo y su verdugo, vecinas del Barrio de España, a no más de cien metros de distancia una de otra, se enzarzaron en una discusión, con agresiones mutuas de dos mujeres de ambos clanes, si bien los incidentes volvieron a reproducirse sobre las 20.00 horas del día siguiente en la calle Tierra Baja con participación de más contendientes.

 

El último episodio, ya mortal, tuvo por escenario la sala de Urgencias del Hospital Clínico Universitario, donde sobre las 23.30 horas coincidieron varios miembros de las dos familias que habían acudido para ser atendidos de las lesiones sufridas en la refriega anterior, entre ellos la madre del imputado.

 

Fue entonces cuando Domingo San Juan se dirigió a Domingo Mancebo y le recriminó por haber entrado en casa de su madre y agredirla, ante lo cual se inició entre ambos una agria discusión que concluyó cuando el primero sacó del bolsillo de su pantalón una navaja de 7 centímetros de hoja que llevaba abierta -alega que la tenía porque venía de pescar y la usaba para cortar los plomos- y asestó un navajazo en el pecho a su oponente.

 

"¡A MI MADRE NO LA PEGA NADIE!"

 

Tras ello, el autor del navajazo salió al exterior y allí entregó el arma a uno de los vigilantes de seguridad, a quien reconoció haber sido el autor de la agresión para decirle a continuación: "¡A mi madre no la pega nadie!"        

 

En su declaración durante el juicio, Domingo San Juan, pese a reconocer que su reacción "no parece razonable", alegó que al encontrarse en Urgencias del Clínico con la víctima ésta le provocó un sentimiento de "rabia e impotencia" debido al tono burlesco y despreciativo de sus palabras, máxime cuando este último había entrado en casa de su madre ese mismo día, junto con otros familiares, y la había golpeado.

 

"Lo lamento bastante", declaró Domingo San Juan, quien recordó que cuando echó mano al bolsillo de su pantalón sabía que allí guardaba una navajilla abierta que llevaba casualmente porque horas antes la había utilizado mientras pescaba en San Miguel del Pino, aunque no llegó a aclarar su verdadera intención puesto que aseguró no saber aún si pretendía tan sólo "enseñársela o clavársela, fue como un acto reflejo".

 

Sostuvo que no sabe dónde alcanzó al fallecido porque, tal y como apostilló, en la refriega participaron más personas -en su declaración ante el juez y la policía no mencionó tal circunstancia- y que incluso alguien le arrebató las gafas, aunque sí reconoció que al percatarse de que había "picado" a Domingo Mancebo, de 37 años, pensó: "¡Hostias, qué he hecho!"

 

"¡TE VOY A ABRIR EN CANAL!"

 

Sin embargo, la versión ofrecida por la hermana del fallecido, Rocío Mancebo, avalaba la tesis de que la verdadera intención del procesado era la de acabar con la vida de su oponente, al que, según la testigo, segundos antes de clavarle la navaja en el corazón ya le había retado con la siguiente amenaza: "!Sabes quién soy, pues que sepas que te voy a abrir en canal!"

 

De hecho, Rocío apostilló que entonces, sin nadie que mediara entre los dos, el acusado hizo amago de irse pero dio una vuelta completa y al quedar de nuevo frente a su hermano le lanzó de forma sorpresiva un golpe "seco y directo al pecho". En ese momento, la declarante explicó que se tiró hacia el acusado insultándole y, tras esquivar un navajazo dirigido a su cuello, logró arrebatarle las gafas y salir corriendo.

 

"No vi la navaja hasta que la sacó del pecho de mi hermano", indicó Rocío Mancebo, quien, muy nerviosa y a punto de llorar, lamentó que lo ocurrido no sólo le ha arrebatado la vida de un hermano sino también la de la madre de ambos, cuya muerte ocurrida seis meses después del crimen atribuye al sufrimiento padecido.