¿Qué ha sido de las salas recreativas? El segundo hogar de muchas generaciones

Si has nacido entre mediados de los 70 y principios de los 80, lo más seguro es que hayas puesto los pies en una sala recreativa al menos una vez.

En una era en la que todos estamos acostumbrados a jugar con la consola o con el PC desde la comodidad de nuestra casa y de forma online, pocos se paran a pensar en que esto no ha sido siempre así. Hubo un tiempo no muy lejano en el que para disfrutar de los videojuegos tenías que salir de casa y encerrarte en lo que muchas veces se convertía en tu segundo hogar: la sala recreativa.

 

Si has nacido entre mediados de los 70 y principios de los 80, lo más seguro es que hayas puesto los pies en una sala recreativa al menos una vez. Un local de tamaño medio o grande lleno de máquinas en las que probar títulos de diversa índole, ya fueran de lucha, de aventuras o incluso algún que otro juego de carreras sentado con un volante.

 

Las salas recreativas ofrecían posibilidades que, hasta el 'boom' de las consolas llegó a los hogares, nadie se planteaba. Muy populares en España durante unos diez años, desde finales de los 80 hasta finales de los 90 aproximadamente, estos sitios eran capaces de albergar a gente con todo tipo de gustos, pero con la misma finalidad: pasar un rato divertido con los amigos mientras echaban unas cuantas partidas.

 

Los adolescentes de la época gastaban auténticos dinerales en este 'hobby'.Partidas a 5 duros - o 25 pesetas, como lo quieras llamar - que se acumulaban una tras otra y tras otra equivalían a horas de diversión, sí, pero también a invertir la paga semanal sin parar a pensárselo dos veces.

 

Los recreativos, llamados comúnmente, supusieron mucho para alguna que otra generación que empezaba a encontrarse de bruces con el mundo 'gamer', algo que hasta ese momento en España apenas se contemplaba (por no decir en absoluto) ya que tampoco había muchas posibilidades para ello. Las videoconsolas y los juegos eran un bien escaso, muy poco conocido y hasta considerado como algo raro. Estas salas recreativas supusieron un antes y un después para el desarrollo social, comercial e industrial de los videojuegos en el país peninsular.

 

LOCALES DE TODO TIPO LLENOS DE MÁQUINAS POR DOQUIER

 

Los centros de las grandes ciudades tenían auténticos complejos, sino que se lo digan a la antigua Sala Picadilly, en plena Gran Vía madrileña, que tenía una pista de coches de choque en su interior.

 

Este tipo de establecimientos se reconocían fácilmente, a parte de por lo grande que eran, porque en ellos siempre estaban las máquinas más modernas con los juegos más nuevos.

 

Quien haya estado alguna vez en la Sala Picadilly o en otras del estilo, como alguna más que había en Madrid o Barcelona, por ejemplo, sabrá lo placentero que es jugar a títulos como Time Crisis 2, Dance Dance Revolution, Forgotten Worlds, Mega Twins, Street Fighter II y otras decenas de ellos mucho antes que en otras salas más pequeñas.

 

En las salas recreativas de pequeños barrios lo habitual era encontrar un sitio mediano, no muy cuidado, con tan poca luz que como tuvieras problemas de visión las podías pasar canutas, e incluso con humo. Las máquinas estaban apelotonadas, al fin y al cabo había que meter muchas para hacer que los niños y adolescentes entraran; futbolines e incluso algún billar podían acompañar a las recreativas, dependiendo del sitio.

 

MUCHOS TIPOS DE JUGADORES, PERO TODOS DISFRUTANDO

 

Según se entraba a una de estas salas saltaban a la vista tres tipos de personas: los que venían arrastrados por su pareja o amigos, los que miran las partidas de los demás por encima del hombro y los que cogían el toro por los cuernos y se ponían a jugar a las máquinas (hasta que les daba el dinero, claro).

 

LA LLEGADA DE LAS CONSOLAS A LOS HOGARES, EL PUNTO DE INFLEXIÓN

 

La Super Nintendo llegó a España a mediados de 1992. Su difusión fue tan alta y su incursión en los hogares tan numerosa que poco a poco el quedar para ir a jugar a los recreativos fue sustituido por quedar para ir a casa de un amigo a jugar con la consola.

 

Fueron varias las cosas que propiciaron el declive de los recreativos, pero eso no significa que hayan desaparecido totalmente, aún en pleno año 2016. Aunque pocas, todavía quedan salas en centros comerciales o en algún punto céntrico de las grandes ciudades (como puede ser en la Puerta del Sol, en Madrid). La mayoría de estos espacios se centran en juegos de lucha, deportes, pistolas o simuladores de varios tipos (conducción de motos, snow, coches o incluso algo de baile). Atrás han quedado las viejas máquinas de marcianitos, puzles o habilidad que tanto enamoraron a los niños y adolescentes de aquella época.