Puzzle de la educación: ¿Qué pasaría si Valladolid adapta el calendario de cinco vacaciones?

Alumnos de infantil del Liceo francés. D.Á.

Frédèric Barna, director del Lycée francés de Castilla y León, profesores del instituto público, y madres de la escuela primaria opinan sobre cómo afectaría el cambio que quiere aplicar Cantabria para asemejarse a Europa.

Cantabria ha vuelto a abrir el debate de la educación: cinco bimestres y vacaciones de una semana cada dos meses de clase, un calendario escolar que se aplicará a partir del curso 2016-17 para todos los escalones del sistema educativo, desde infantil hasta el bachillerato. El Gobierno cántabro defiende que el nuevo modelo favorecerá el rendimiento escolar mientras acorta las vacaciones estivales, los profesores de dividen su opinión y se preguntan por qué no los tienen en cuenta para estos cambios, y los padres dudan sobre cómo pueden conciliar vida laboral y familiar con este horario 'a la europea'.

 

Lo cierto es que esta propuesta no es nueva en España ya que varias comunidades autónomas se han planteado un cambio similar, entre ellas Castilla y León. Por ello contrastamos cómo sentaría la medida en Valladolid conociendo las opiniones de todas las partes involucradas: directores, profesores, y madres.

 

Frédèric Barnal, director del Lycée francés de Castilla y León ubicado en Laguna de Duero, tiene claro que "nos satisface a nivel de rendimiento escolar tener un curso académico que conste de cinco periodos de clase alternos con cuatro periodos de pequeñas vacaciones", algo que Francia tiene asimilado desde hace mucho tiempo. Para los alumnos que siguen el modelo de educación francés en Valladolid el curso comienza el 2 o 3 de septiembre y nunca acaba antes del 30 de junio, con 26 horas semanales de clase en el caso de Primaria que a final de curso configuran un total "de entre 864 y 936 horas anuales" dependiendo, ya en la Secundaria, de las optativas que elijan los alumnos.  

 

 

Barnal explica que su centro trata "de armonizar un calendario para tener periodos de vacaciones comunes a todas las comunidades donde tengamos centros franceses", lo que en la práctica se traduce en periodos de descanso que hacen coincidir con Navidad y, generalmente aunque no siempre, con Semana Santa. "Las vacaciones coinciden con la festividad de Todos los Santos, Navidad, vacaciones de invierno entre febrero y marzo, y las de primavera que intentamos que sean en Semana Santa", relata Barnal, que especifica que en territorio francés "se suele alternar seis semanas, o seis semanas y media, de clase con dos semanas de vacaciones".

 

DIVISIÓN DE OPINIONES ENTRE LOS PROFESORES 

 

Una vez planteado el modelo francés, hay que conocer la opinión que tienen los profesores españoles al respecto. División de opiniones en la sala de profesor del Instituto de Educación Secundaria de Las Salinas, donde hay quien cree que es un sistema que por el calor no tiene cabida en España, y otros que lo consideran bueno pero dudan sobre cómo los padres podrían conciliarlo con su trabajo. La idea cántabra, y que también ponen en práctica en el Liceo, es que durante esa semana de vacaciones los centros sigan abiertos ofreciendo servicio de comedor y actividades lúdicas, posibilidades que ponen en duda los profesores.

 

Julio Molinero se pregunta: "Si los colegios tienen la posibilidad de permanecer abiertos esa semana, se podría compaginar. Pero si un pueblo no tiene esa posibilidad, ¿qué hacen los padres?". El profesor de secundaria considera además que las temperaturas en Valladolid, con máximas medias que en junio y septiembre superan los 25 grados, no hacen viable la propuesta europea.

 

Molinero (i), Martín (c) y Cuesta (d). D.Á.

 

Más optimista es César Martín, también profesor del centro Las Salinas, quien está de acuerdo con que el verano castellano no es el mismo que el francés pero se muestra abierto a la propuesta: "Yo creo que para el rendimiento de los chavales es mejor dividir en cinco evaluaciones. Pero habría que intentar mejorar la conciliación, en Francia también hay empresas. ¿Por qué unos países pueden conciliar y otros no? Hace falta cultura, y que las empresas hagan un esfuerzo en este sentido." Esta misma postura defiende Marta Ulloa, funcionaria y madre de Daniel, que el curso que viene pasará a 4º de Primaria: "Si el Gobierno decide poner en marcha este calendario debería adoptar medidas paralelas para facilitar la conciliación, porque las empresas privadas no quieren saber nada de estos temas".

 

Por su parte la profesora Carmen Cuesta se molesta por otra de las grandes cuestiones que envuelve cada modificación en las normas educativas, el hecho de que no se consulte a profesores ni asociaciones de padres. "Aquí las cosas se hacen por encima de quien sea, habría que contar con la comunidad educativa para tomar esas decisiones", algo que comparte el claustro unánimemente. 

 

Lo cierto es que el cambio en el calendario también va a afectar a las horas lectivas de los profesores, que se pretende fijar en Cantabria en 19 horas para 2016-17 y 18 a partir de entonces, algo menos que las actuales. Barnal recuerda que en el Liceo "los profesores de Primaria tienen la oblgiación de hacer 24 horas semanales más tres dedicadas a actividades dentro del centro, o de apoyo; en Secundaria son 18 horas", mientras que los profesores españoles oscilan entre las 18 y las 21 horas lectivas (que no de trabajo total) según se estableció en 1994.

 

"TENEMOS ASIMILADA LA RUTINA ACTUAL"

 

La otra voz que se alza ante cualquier modificación en la Educación es la de los padres y madres, encargados de adaptarse a los horarios escolares, las actividades extraescolares, y buscar la forma de motivar al niño durante los periodos de vacaciones. 

 

Pilar Tejedor es madre de Bruno, un niño que este año ha debutado en Primaria.  Ella no trabaja por lo que podría asumir el hecho de que el menor estuviera cada dos meses de vacaciones, pero comparte las dudas que tiene el colectivo al respecto. "La rutina actual está asimilada y cualquier cambio trastoca, aunque igual en unos meses se descubre que está bien", analiza la madre. Aunque los colegios plantean la posibilidad de que esa semana el menor se la pase también en el colegio, a Marta Ulloa no la convence: "Si el niño sigue con la misma rutina, aunque no esté en clase, no creo que desconecte por completo, únicamente se solucionaría el problema de qué hacer con ellos esa semana".

 

Sobre el cómo estas mini vacaciones pueden afectar al rendimiento, Tejedor cree que "al niño no le afecta en nada, a estas edades (6-7 años) pierden y recuperan la rutina muy rápido, y además tampoco tienen exigencia de resultados" mientras que Ulloa defiende que "seguro que les viene fenomenal parar y desconectar".

 

Lo que queda claro tras hablar con las diferentes partes es que la comunidad educativa estaría muy descontenta si la Junta de Castilla y León no consultase previamente con las asociaciones de padres y madres, y sindicatos de profesores, el nuevo calendario. Por ello Frédèric Barnal insiste en que su política de actuación es, en primer término, informar a los progenitores: "Tenemos un proyecto pedagógico específico e insistimos en que nuestra jornada escolar es distinta a los demás".

 

Habrá que esperar hasta el nuevo curso para comprobar el resultado de los alumnos cántabros tras la modificación del calendario escolar. De momento, es una incógnita saber si la educación española podrá dar con éxito el paso hacia el modelo de Europa del norte, o por el contrario mantiene firme su postura Mediterránea.